¿Dónde estará Manolo? En una comunidad de vecinos, encontrar la respuesta puede ser más complicado de lo que parece. Como Godot, Manolo no llega, pero aquí la espera se llena de cotilleos, secretos y enredos de rellano. Siempre hay quien sabe algo, otro que cree saberlo todo y alguno dispuesto a contárselo a los demás. La respuesta está en los Teatros Luchana, hasta el 27 de diciembre.
Manolo lleva tiempo desaparecido y su mujer, Marisa (Ariadna Comas), llega a la calle Desengaño junto a su hermana Vicenta (Lorena Antequera) para empezar de nuevo. Pronto conocen a Concha (Paloma García-Consuegra), que mantiene una relación clandestina con el portero. Y claro, en Desengaño 21 un secreto así dura poco. Las habladurías, los equívocos y los líos llegan enseguida.
Aquí no hay quien viva es una serie de culto y su público llega al teatro con los deberes hechos. Llevar este universo a escena implica trabajar con espectadores que acuden con recuerdos, referencias y hasta una lista mental de las escenas que esperan encontrar. Carlos Baez aprovecha con inteligencia ese conocimiento previo y levanta la dramaturgia desde el enredo y la complicidad con la sala. Algunas frases y situaciones se presentan con la carcajada ya preparada. El público sabe lo que viene y, aun así, disfruta cuando llega.
Ese es también el riesgo de una propuesta así. Cada espectador trae una frase, un personaje o una situación concretos, y es imposible satisfacer todas esas expectativas. La función las administra con habilidad y no defrauda a quien viene con ganas de reír. El autor opta por un texto de argumento sencillo y deja que la trama gane peso a medida que los conflictos surgen, se cruzan y empiezan a complicar la convivencia. Hasta algún personaje se esfuma por completo, aunque en este caso conviene no preguntar demasiado por el método. La madeja crece con confidencias, malentendidos y giros que hacen avanzar la historia y sirven al público algunas de las escenas que reclama.
La obra conecta con una cultura pop muy vinculada al público millennial, pero también con una tradición más amplia de la comedia española, desde la farsa hasta el costumbrismo. Carlos Baez plantea la función con un ritmo cercano al de una webserie, como si estos ochenta minutos fueran apenas un episodio de una historia más larga. Un conflicto da paso a otro, algunos asuntos quedan abiertos y determinados personajes todavía parecen tener mucho que contar. La sensación resulta casi episódica y deja ganas de volver a ese edificio para comprobar qué ocurre después. También en eso Esperando a Manolo recupera uno de los mecanismos que hicieron tan reconocible a Aquí no hay quien viva.
Brodwei, compañía curtida en la parodia, la caricatura y el humor musical, deja su sello en la función. La imitación, los guiños a la cultura popular y el gusto por el exceso son parte de su manera de entender la comedia. El montaje reserva alguna sorpresa musical que encaja en ese mundo.
Las entradas y salidas constantes imprimen a la función un ritmo ágil, sostienen el movimiento y ensamblan los cuadros. La dirección de Carlos Baez recurre a la comedia física y saca partido de la gestualidad de las intérpretes, sobre todo en los pasajes de mayor exageración. Todo ocurre dentro de una escenografía reconocible, con muebles antiguos y ese aire de salón doméstico que podría pertenecer a muchas casas españolas de otras décadas. La sencillez del espacio deja el protagonismo a las actrices y favorece una puesta en escena directa y cercana, de escasos artificios.
Los personajes responden a los arquetipos que el público espera encontrar en este universo. Cotilleo, confidencias, chismes y ese particular espíritu de Radio Patio forman parte de la función. Como las Supernenas, las tres protagonistas tienen carácter propio y un rasgo que las hace reconocibles desde el primer minuto. Ariadna Comas, Lorena Antequera y Paloma García-Consuegra los bordan y encuentran en cada perfil buenos recursos para la comedia.
Malhablada, directa y pragmática, Marisa dice las cosas como las piensa, y Ariadna Comas halla el tono exacto para dar cuerpo a esa personalidad sobre el escenario. La actriz domina la réplica rápida y el gesto, sobre todo cuando habla de Manolo, una presencia ausente que gravita sobre sus conversaciones y le da munición para el comentario afilado.
Ingenua, educada y mucho más contenida que su hermana, Vicenta mira el mundo con ojos casi inocentes, aunque el runrún del edificio también la alcanza. Lorena Antequera se apoya en esa candidez y en un punto de desconcierto que luce en sus reacciones y en los intercambios con Marisa.
Cristiana, señorona de las de antes y con un carácter de armas tomar, Concha gana espacio hasta ocupar el centro de buena parte de la trama. Paloma García-Consuegra exprime los matices del personaje y protagoniza algunos de los pasajes más celebrados de la función. Es un papel exigente, cargado de gesto, palabra y cambios de registro, que la actriz resuelve con aplomo.
Una opción recomendable para quienes disfrutan de la comedia, del teatro de tono ligero y, por supuesto, de Aquí no hay quien viva. Las referencias están ahí, y también una función con ritmo, interpretaciones con oficio y varios momentos pensados para arrancar la carcajada. Y si al salir aún se pregunta por Manolo, siempre puede preguntarle al vecino. Aunque quizá sea mejor no hacerlo.
Autor y director: Carlos Baez
Reparto: Ariadna Comas, Lorena Antequera y Paloma García-Consuegra
Producción: Brodwei







