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Año IXNúmero 478
13 OCTUBRE 2026

Pepe Sevilla: «El teatro nos enseña a aprender a convivir con las personas, los lugares y las cosas que nos hacen querer recaer»

Pepe Sevilla en una imagen promocional
Pepe Sevilla en una imagen promocional
El actor se incorpora a Personas, lugares y cosas, de Duncan Macmillan, dirigida por Pablo Messiez, una obra que aborda sin concesiones las adicciones y el complejo proceso de rehabilitación. Pepe interpreta a Pastor, un trabajador de la clínica que acompaña a Emma en sus primeros pasos hacia una realidad que ya no puede seguir esquivando. Una experiencia que le ha permitido trabajar con un director al que admiraba, compartir escenario con Irene Escolar y reflexionar sobre los desafíos de la profesión.
Reconocerse a uno mismo y asumir que tienes un problema ya es mucho
Pablo Messiez tiene una visión del teatro y de las relaciones humanas que me parece fascinante
Estar en escena con Irene Escolar es como tener una red de seguridad y poder disfrutar como un niño
Me gustaría que todo el mundo que se ha preparado y quiere vivir de la interpretación tuviera la oportunidad de hacerlo

Una historia sobre la verdad y la necesidad de pedir ayuda

Personas, lugares y cosas, del dramaturgo británico Duncan Macmillan y dirigida por Pablo Messiez, se adentra en el complejo universo de las adicciones sin ofrecer respuestas fáciles ni finales tranquilizadores. La obra sigue a Emma, una actriz que pierde el control durante una representación de La gaviota y termina enfrentándose a una situación que amenaza su vida personal y profesional.

La crisis la lleva a ingresar en un centro de rehabilitación, donde deberá aprender a convivir con sus emociones, sus recuerdos y las consecuencias de sus actos. Para Pepe, uno de los aspectos fundamentales de la historia es el momento en que la protagonista reconoce que necesita ayuda.

«Ha llegado a un punto en el que ya no es posible seguir avanzando en esa circunstancia, así que tiene que parar y pedir ayuda. Eso también es lo valiente, porque no es fácil en esas circunstancias», explica.

La obra muestra un proceso lleno de contradicciones, en el que la protagonista alterna momentos de apertura con otros de resistencia. Emma miente a quienes la rodean y modifica su propia historia, como si necesitara protegerse de una realidad que todavía no está preparada para asumir.

«Yo creo que hay un punto en el que ellos primero mienten para no enfrentarse a lo que les está pasando. Mienten para no tener que admitir que son adictos», reflexiona el actor.

La mentira se convierte así en un mecanismo de defensa que permite aplazar el dolor, aunque no consiga hacerlo desaparecer. Tarde o temprano, Emma tendrá que enfrentarse a aquello de lo que ha intentado escapar.

Para Pepe, la fuerza del texto reside precisamente en que no juzga a la protagonista ni pretende ofrecer una explicación definitiva sobre su comportamiento. Tampoco garantiza que su rehabilitación vaya a concluir con éxito.

«No sabemos realmente si ella ha hecho el proceso de verdad, si se sigue protegiendo o si realmente nos ha mentido durante toda la obra y, por consiguiente, se ha mentido a ella misma».

El desenlace mantiene abiertas esas preguntas. La recuperación no aparece como una línea recta, sino como un camino en el que conviven los avances, las recaídas y la incertidumbre.

«La obra no pretende contar si ella sale de las drogas o no, sino todo el camino y todo el proceso que atraviesa desde el primer momento».

Pastor, el acompañamiento sin respuestas fáciles

En este recorrido aparece Pastor, el personaje al que interpreta Pepe. Trabajador de la clínica y antiguo adicto, recibe a Emma cuando ingresa en el centro y la acompaña durante sus primeros pasos en un entorno desconocido.

El actor lo concibe como una figura cercana, capaz de comprender las resistencias de la protagonista porque él mismo ha atravesado una experiencia similar. Su labor consiste en ayudarla a adaptarse a las nuevas circunstancias, afrontar sus emociones y comenzar a mirarse de otra manera.

«Yo lo veo un poco como el guía de esos primeros pasos en ese mundo nuevo en el que ella entra, un mundo que la hace pensar y enfrentarse consigo misma y con todas esas emociones y recuerdos dolorosos», señala.

Pastor también aporta momentos de humor que alivian la intensidad de determinadas escenas. Para Pepe, esa combinación de ternura, comprensión y ligereza resulta esencial: acompañar a alguien no significa convertir cada instante en un drama, sino ofrecerle herramientas para que pueda afrontar su propia realidad.

La obra plantea, en definitiva, que recuperarse no consiste únicamente en alejarse de aquello que provoca el deseo de consumir. También implica aprender a convivir con las circunstancias que pueden conducir a una recaída.

«Estás aquí para aprender a convivir con las personas, con los lugares y con las cosas que te hacen querer recaer».

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Pepe Sevilla en una imagen promocional

Pablo Messiez y la libertad del intérprete

La incorporación a la producción ha supuesto para Pepe la oportunidad de trabajar por primera vez con Pablo Messiez, un director al que admiraba desde hacía tiempo. El actor se sumó al montaje durante la nueva temporada para sustituir a otro intérprete en el papel de Pastor, por lo que tuvo que integrarse en un espectáculo ya construido en un periodo de ensayos reducido.

«De repente me vi con una presión y unas ganas, a partes iguales, de intentar conseguir en muy poco tiempo lo que habían conseguido ellos, todo el equipo, con un proceso de cuarenta días de ensayo», recuerda.

Pese a esa dificultad, la experiencia ha sido especialmente satisfactoria. Pepe destaca la claridad de Messiez a la hora de dirigir, su precisión y, al mismo tiempo, la libertad que concede a los actores para probar, explorar y proponer.

«Tiene las cosas tan claras, es tan fácil trabajar con él, porque es directo, muy preciso, pero a la vez tú como actor te sientes muy libre y muy agradecido de poder probar y proponer a nivel creativo».

El actor lamenta no haber participado en el proceso completo de creación, aunque considera que trabajar con Messiez y con el resto del equipo ha sido una experiencia enriquecedora.

También destaca la capacidad del montaje para conectar con espectadores de distintas edades y experiencias. No es necesario haber vivido una adicción de cerca para reconocerse en algunos de sus conflictos: las dificultades familiares, el miedo a asumir los propios errores o la necesidad de sentirse acompañado.

Especialmente intensa le parece la conversación final de Emma con sus padres, una escena que, a su juicio, condensa buena parte de la potencia emocional del texto.

«Hay proyectos en los que tienes la sensación de que todo funciona como debería funcionar un proyecto teatral, una obra que conecta y emociona a la gente. Al final, por eso nos dedicamos a esto y hacemos teatro».

Irene Escolar: escuchar, jugar y estar presente

Compartir escenario con Irene Escolar ha sido otro de los grandes descubrimientos para Pepe. El actor ya admiraba su trabajo y afrontó con ilusión la posibilidad de coincidir con ella en una función que exige una enorme intensidad emocional.

Su incorporación, con poco tiempo para preparar el personaje, hizo todavía más importante la conexión entre ambos intérpretes. Pepe encontró en Escolar a una compañera capaz de mantenerse viva en escena, escuchar y reaccionar a lo que sucede en cada momento.

«Ella es un animal de la escena. Está al lado tuyo ensayando o actuando y tú sabes lo que tienes que decir y hacer, pero no estás pensando en ello: la estás mirando a ella».

Para él, esa capacidad de juego permite que la interpretación no se convierta en una sucesión mecánica de acciones. El trabajo de su compañera le invita a estar presente, recibir sus propuestas y responder con naturalidad.

«Estar en escena con ella es como tener una red de seguridad y poder disfrutar como un niño».

Pepe admira especialmente el recorrido emocional que Escolar construye en el papel de Emma, un trabajo exigente que debe renovarse en cada función. Esa entrega, unida a la complicidad con el resto del elenco, ha convertido la experiencia en una de las más gratificantes de su trayectoria reciente.

Por eso, la despedida del montaje le produce cierta tristeza. Cuando coinciden un texto que interesa, una dirección estimulante y unos compañeros con los que se disfruta del trabajo, no siempre resulta fácil encontrar otra experiencia semejante.

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Pepe Sevilla en una imagen promocional

La emoción de pisar el Teatro Español

La participación en Personas, lugares y cosas también ha permitido a Pepe actuar en el Teatro Español de Madrid, un espacio que representa mucho más que un escenario para el actor.

«Ese teatro es historia. Da igual que vayas por un pasillo, por un palco o que estés dentro del escenario: realmente piensas en toda la gente que ha pisado esas tablas antes que tú y en todos los textos que se han hecho ahí durante tantos años», afirma.

Pepe siente una conexión especial con los teatros históricos, en los que percibe la huella de generaciones de intérpretes y espectadores. Para describir esa atmósfera, recurre a una imagen muy personal: «Hay una magia, creo, por todo el amor y todas las palabras, toda la energía que se ha dejado en ese escenario».

La experiencia tiene también un significado íntimo. Subirse a las tablas del Español con una obra que le hace feliz le permite mirar hacia atrás y pensar en el joven que comenzó a abrirse camino en la profesión.

«Si pudiera mirar atrás y decirle a aquel Pepe que estaba empezando que iba a estar en el Teatro Español con una obra así, tan feliz, probablemente no se lo creería».

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Pepe Sevilla en una imagen promocional

Más oportunidades para vivir de la interpretación

La temporada de Personas, lugares y cosas continúa con una gira prevista hasta enero. Mientras tanto, Pepe compagina su actividad teatral con proyectos audiovisuales y nuevas pruebas para cine y televisión.

Aunque valora los papeles secundarios y episódicos que ha interpretado hasta ahora, le gustaría afrontar un personaje con mayor recorrido, que le permitiera desarrollar una transformación completa.

«Como suelo hacer más papeles secundarios o episódicos, de esos en los que vas pocos días, me gustaría tener un papel que tuviera un recorrido más largo, simplemente para poder jugar más y que se viera el camino».

Para el actor, construir un personaje significa dar forma a una personalidad y mostrar cómo evoluciona a través de sus experiencias. Disponer de más tiempo para desarrollar ese proceso supondría un nuevo reto profesional.

Su reflexión final se dirige a la propia industria de la interpretación. Pepe reclama más oportunidades para los profesionales preparados que desean vivir de su oficio y que, sin embargo, no encuentran continuidad laboral.

«Le pediría que fuera menos exigente, pero no a nivel artístico, sino a nivel de industria», explica.

El actor insiste en que triunfar no significa necesariamente alcanzar la fama o ganar premios, sino poder trabajar de aquello para lo que uno se ha formado.

«Me encantaría que el mundo de la interpretación, igual que me está dejando a mí ser feliz y trabajar de esto, que es lo que he querido toda la vida, pudiera ofrecer esa oportunidad a todo el mundo».

Una reivindicación que conecta con el espíritu de Personas, lugares y cosas: la necesidad de encontrar apoyo, afrontar las dificultades y seguir avanzando incluso cuando el camino no ofrece garantías. Tanto en la historia de Emma como en las palabras de Pepe, la posibilidad de cambiar depende de un proceso cotidiano en el que el acompañamiento de los demás puede marcar la diferencia.

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