La Compañía A la Deriva estrena su primer montaje en Madrid
La obra, dirigida por Paz Buelta Serrano, desmonta el mito del amor romántico y conecta el Tenorio con las violencias machistas actuales del siglo XXI
Patricia Torres, Sergio de Medina y Germán Gundín se multiplican en escena para dar vida a más de diez personajes
Algunas de las máscaras han sido elaboradas por Newman (diseñador de máscaras de “Saltimbanco”, del Cirque du Soleil)
Dirigida por Paz Buelta Serrano y con dramaturgia de Alberto García Sánchez, el espectáculo arranca con un boicot: el actor estrella (un influencer insoportable llamado Renato Ninojudo) que interpreta al Tenorio planta a la compañía a última hora. Lejos de suspender, los tres intérpretes restantes deciden tirar hacia adelante con lo puesto. ¿El resultado? Un gamberro y virtuoso ejercicio de metateatro donde solo tres actores (Patricia Torres, Sergio de Medina y Germán Gundín) encarnan a más de una decena de personajes. Don Juan y Don Luis se convierten en dos Capitanos fanfarrones y cobardes, Doña Inés en una mujer que lucha por huir del convento para ver mundo, y Brígida en una criada con una astucia y carácter que recuerda a la Celestina. Todo ello jugando con la fisicidad de la Commedia dell’Arte, la música, y una combinación de máscaras de creación propia y otras diseñadas por Newman, uno de los artesanos que ha trabajado para el Cirque du Soleil.
El verdadero núcleo de la propuesta llega con las llamadas «memorias amargas». El trío de actores rompe el verso clásico del siglo XIX para dar voz, psicología y justicia a las víctimas del Tenorio, conectando los abusos de siempre con las violencias actuales del patriarcado (como la manada, la homofobia o la gestación subrogada).
«Queremos desmantelar la idea de que las mujeres tienen la obligación de sacrificar su vida para arreglar o salvar a un hombre violento», explica la directora. Además, la obra no se corta al lanzar un dardo a la precariedad de nuestro propio sector, retratando con humor e ironía la cultura de la autoexplotación a la que se enfrentan las compañías independientes en el circuito de salas alternativas de Madrid.
Don Juan Desenmascarado se presenta como una experiencia coral indispensable que invita al espectador a cuestionar si, como sociedad, seguimos amparando con el silencio las actitudes más destructivas del ser humano.







