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Año VIIINúmero 360
13 JULIO 2024

José Luis Gil: «Yo no imaginaba la vida que no fuera dedicándome al teatro, aunque fuera sacando una lanza, de figurante en una esquina»

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Cyrano 5

José Luis Gil ha conseguido cumplir uno de sus sueños, meterse en la piel de Cyrano de Bergerac. Masescena estuvo con él en lo que fue el estreno oficial de la producción dentro de la programación de la 40ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. A partir de aquí, su nariz, mejor dicho, la de Cyrano, recorrerá una gran cantidad de ciudades españolas para cautivar con sus versos al público asistente al igual que cautiva a Roxana (Ana Ruiz) sobre las tablas.

¿Es la primera vez que visitas el Festival de Almagro?

La primera, la primera. Después de cuarenta años. En su cuarenta edición. He de reconocer que las producciones teatrales que había hecho recientemente no eran muy adecuadas para venir a Almagro. Ya tenía ganas. Se lo tengo que agradecer a Natalia, que nos ha traído en su último año. Ella dice que se marcha, pero espero que la convenzan porque será bueno para el Festival.

¿Por qué el Cyrano?

Es una muy buena pregunta que te la podría responder muy fácil. Pero creo que tiene más enjundia. Podría haber sido otra obra o ni siquiera tiene porqué haber sido de época. Evidentemente, en este momento había que hacer otra cosa. No para demostrar nada a nadie. Quizá por la altura de mi vida, por los años que tengo, ahora que se me está dando la oportunidad de tener ofertas de trabajo, de teatro, y que tengo esa posibilidad de elegir entre algunos proyectos, lo que necesito es escoger bien y disfrutar de lo que hago. Es para mí tan importante como lo que me van a pagar. Puedo discutir del sueldo porque vivimos de nuestra profesión, pero me importa mucho, porque se lleva mucho tiempo de mi vida grabar la serie y hacer teatro a la vez, disfrutar de lo que hago. Que me produzca la suficiente energía positiva y encararlo de la manera que me permita salir adelante, porque físicamente es muy duro.

Y Cyrano era una muy buena opción. Porque para mí Cyrano siempre ha sido un papel maravilloso para cualquier actor, de los top que hay. Yo lo recuerdo de la época de adolescente cuando estudiaba arte dramático. Y decía: ¡Qué personaje más bonito! No tiene esa intensidad de Hamlet pero tiene comedia, es un personaje muy serio, con tantas cosas para hacerlo creíble, y un texto tan bien escrito, con un verso con tanta fuerza. El hecho de hacerlo en verso no sólo era un reto que me asustaba, sino que me apetecía. No es fácil, es una complicación añadida.

Llegó un momento en el que me ofrecían otras cosas y decía a todo que no. Entonces te dicen pero qué harías, y de repente digo: “Cyrano”. Algo que pueda vivirlo desde el principio, cómo nace, cómo se va poniendo en pie. Siempre lo comentaba trabajando en el teatro con Ana y con Alberto. Me decían pero eso está muy bien, venga hazlo. Pero yo decía cómo se monta un Cyrano si no somos el Centro Dramático Nacional. ¿Cómo se monta eso? Yo lo único que podía hacer es decir esto es lo que me apetece hacer, ¿hay posibilidades de poderlo hacer? Visitamos varios productores y nos decían siempre lo mismo. No es un proyecto barato si lo quieres hacer bien. Se necesitan buenos productores que se embarquen en el proyecto y segundo es muy complicado.

Cada vez que lo echábamos fuera nos venía de vuelta con tantas cosas buenas, la gente nos miraba con tan buena cara. Incluso antes de iniciar los ensayos ya había gente que decía yo lo quiero, lo quiero. Distribuidores que sólo habían visto un pequeño dossier. Ya fijaremos fechas. Nos venía con tan buen rollo.  Productores que querían estar ahí. Pero, ¿cuánto cuesta esto? Nos involucramos nosotros también en esa parte. Y se pudo hacer posible y nos pusimos en marcha. Ahí nos dimos cuenta de lo duro que es hacer Cyrano y lo que requiere de todo. Pero estábamos tan enfrascados, tan ilusionados, que yo creo que nuestra carga de ilusión es lo que ha motivado que la gente se diera cuenta. Podían intuir que era una cosa que iba a merecer la pena, porque nos conocen y eso. Pero se apuntaban a esa ilusión. Cuando nos quisimos dar cuenta se acercaba la fecha del estreno y teníamos que estrenar. Hemos hecho unas cuantas funciones pero venimos a Almagro a estrenar. Estas cuatro fechas han estado ahí siempre como referente. Y después de haberla contrastado, de ver que no sólo nos gusta a nosotros, sino que también gusta al público, venimos con todas las de la ley a estrenar en un sitio tan idóneo como es el espacio Miguel Narros.

Cyrano 5¿Qué destacarías de esta versión? ¿Habéis bebido de alguna otra versión del Cyrano? ¿Habéis visionado algo?

Yo el Cyrano lo tengo bastante visionado casi todo. Conozco otras versiones que se han hecho, tanto de cine como de teatro, pero bueno, sí pegas un repaso, pero no hasta el punto de coger ideas, sino como referencias. Incluso a veces, para saber por dónde no quieres ir, por dónde no quieres tirar. No te parecen que estén mal, pero quizás lo ves menos.

Rápido me hice una idea del Cyrano que yo veo. En lo que se refiere a la versión, partimos de hacer una nueva versión en verso, por supuesto, y no con verso alejandrino, como es la versión de Gerard Depardie, que un verso más fácil, más directo. En su origen de octosílabos y endecasílabos con todas las de la ley. Partimos de una versión que se hizo al año y medio del estreno en París, aquí en España en 1888 por tres escritores catalanes que estaba muy bien. Era una gran versión que yo creo que no se ha usado apenas, o se ha usado muy poco. Siempre se ha adaptado Cyrano. Bebiendo también de la versión original, que Alberto conoce muy bien, se ha conseguido una nueva versión, procurando ser más cercano, una gran versión entre Alberto Castrillo-Ferrer y Carlota Pérez Reverte. Esto no es una pasión de compañero, es que lo notas mucho, porque el verso per sé ya tiene muchas complicaciones, pero cuando tú notas que hay un monólogo, o un texto largo, que fluye, y los versos caen, y que solamente tienes que matizar ese acento en esa palabra, pero solamente matizar, no hacer paradas extrañas, es que está bien, muy bien hecho. Yo desde el principio me he sentido muy cómodo con este texto. A lo mejor hemos cambiado una palabra pero en el resto no ha habido nada que objetar y he ido a macheta con esa versión porque me parece que es una versión fantástica.

¿Cómo es el Cyrano de José Luis Gil?

Yo no lo sabré nunca. Es una gran pregunta. Me imagino que quieres decir que qué aporto yo a Cyrano. Pues mi ilusión de hacerlo. Yo bebo de todo el texto, del subtexto, de todo lo que envuelve esa figura, y me visto de ella, y procuro meterme en sus zapatos y meterme, aunque resulte un poco ridículo, meterme en su cerebro y en su corazón. Y no es poco. Eso es realmente una labor ardua. Si lo consigo se está muy a gusto. Yo digo que Cyrano se sufre tanto como se disfruta.

¿El trabajo actoral ha sido duro durante este tiempo?

Duro sí, porque cuando te metes en una cosa de estas son cinco horas de ensayo todos los días. Si hay algún duelo tienes que ir a clases de esgrima. No se trata de hacer un duelo que sorprenda, se trata de que lo que se hace está bien, es profesional. Hemos ido con Jesús Esperanza y hemos estado allí recibiendo clases. Magnífico maestro. Yo, concretamente, hago con la espada un duelo de dos minutos, sencillo, pero muy bien montado.

Es muy cansado. Quitando esa parte, porque estaba grabando también al mismo tiempo la serie, y en eso tengo que dar las gracias a las dos producciones, pero más a la de la serie que me ha permitido y me ha dado todas las facilidades para poder hacerlo. Pero es muy cansado. Ha sido fantástico. Todo ha sido tirar hacia delante, van surgiendo cosas, ves cómo va quedando el montaje, bonito, ágil, el texto va fluyendo. Es bonito avanzar, porque claro, cuando empiezas, quedan cinco actos. Ves que el primero ya está montado, y poco a poco te metes en el segundo, otro mundo…

Ha sido tremendamente creativo y gracias a Alberto Castrillo-Ferrer que tiene una manera de trabajar muy creativa, con un carácter fantástico. Es muy abierto y todo lo hace fácil. Había ese cosquilleo de la creatividad, pero nunca se produce tensión. Se reposaban las cosas, pero nunca había tensión. El desacuerdo frontal. Es tremendamente abierto y cuando nota que tú por otro camino similar le estás dando mucho más que por donde él había pensado por otro parecido, lo deja. Está cómodo, a mí me gusta igual. Te deja crecer. Ha sido un proceso creativo fantástico. Cuando te paras a pensar y dices ¡madre mía!, lo que hemos hecho.

¿Te has arrepentido en algún momento? ¿Has maldecido al personaje?

Alguna vez, pienso y digo, porqué se me ocurriría decir Cyrano y no dije Arte, que son tres señores… Pero no, es una decisión que ha fluido muy de la verdad y de la ilusión de todos. Porque si no qué necesidad teníamos de meternos en un proyecto como este e involucrarnos en la producción hasta el tuétano. Y esto no es un negocio seguro. Pasará lo que tenga que pasar. A base de creer en lo que estás haciendo, crees en lo que estás haciendo y crees que te lo debes. Nos lo debíamos. Y ahora se lo debemos a todos. Al público que es para quien está hecho. Espero que lo reciban con el mismo cariño e ilusión con el que está hecho.

Es una función en la que no conviene pararse mucho a pensar qué va a pasar en el tercero o en el cuarto acto. Ya fluirá. Vamos a contar la historia cronológicamente. Primera frase. Entras. La primera frase te llevará a la segunda, la segunda a la tercera, a la cuarta. La situación se va desarrollando, y te ves de pronto en el siguiente acto. Es un error pensar es que lo del cuarto acto… Lo del cuarto acto llegará. La función se hace una historia que estás contando con la naturalidad que tiene que fluir. Porque si no, vamos a quitarnos un poco de en medio Cyrano. No, no, no. Hay que disfrutar. Hay que tener consciencia de cada frase que dices, aunque el verso sea un poco enrevesado. Pero tú si tienes que tenerlo claro en la cabeza lo que está diciendo. Y disfrutarlo y saborearlo.

Cyrano 2¿Cómo es la relación con Ana Ruiz, Roxana, en escena?

Nos conocimos en Si la cosa funciona, otra función de teatro. Yo no lo conocía. Y a Alberto tampoco como director. Es un poco una aventura. Suponía que iba a ser una compañía de gente maja, porque Pedro Larrañaga se preocupa mucho de esas cosas, que sea gente de calidad pero que en el trato se pueda trabajar a gusto. Con Ana, como con Alberto, fue desde el primer día fantástico. Empezamos a ensayar y yo decía qué bien nos está quedando esto. Aunque los personajes él treinta años mayor que ella, un cascarrabias, pero fluyó todo muy bien. Ha sido divertido y muy creativo. Fue estupendo. Compañeros muy respetuosos, muy cariñosos, y nada invasor, que yo procuro no serlo con nadie y agradezco que no lo sean conmigo. Porque las cosas están bien cuando surgen, pero no conviene forzarlas mucho. En el momento en el que se convive mucho tiempo, distintas ciudades, muchos viajes, la verdad es que es la persona ideal para trabajar. Me sorprendió mucho en Si la cosa funciona. Me parece que hizo una delicia de personaje. Si me paro a ver su trabajo, es normal que este hombre se enamore. No porque sea una mujer joven y guapa. Si no por el encanto que transmite. Tengo que mantenerme en el cascarrabias este que te quiere echar de casa. No puedo salir mucho del personaje porque todo lo hace tan bonito, tan elegante, que me encantó. Además, Ana en escena da un perfil de chica joven. Hace una Roxana perfecta.

Ella fue un poco la que me pinchó para hacer el Cyrano. Fue el motor que hizo la arrancada. Ahí empezó todo. Luego le vale todo. Producción, no os preocupéis, lo hago yo. Es muy solvente. Es un encanto.

Todos tenemos un Cyrano dentro, en algún momento de la vida, ¿José Luis Gil también?

Si, si, si. Sin duda. Yo creo que me he sentido, sin saberlo, un poco Cyrano toda mi vida. No por la brillantez al escribir poemas, ni por la arrogancia, ni por lo brillante. Pero, si, si. Creo que he tirado más por esa creación del mundo interior, de escribir, de esta chica que te gusta pues no se sabe si tal, parece ser que sí. He sufrido muchas cosas. Y cosas mucho más graves que me ha tocado vivir en la vida que te convierten no en un Cyrano, sino en un ser un poco más introspectivo. Aprendes cosas de la vida demasiado pronto. Y a mí me tocó. Y eso te hace más introspectivo para vivir tu mundo interior, el que sea. Todos tenemos un mundo interior. A unos les toca ser más introvertidos. Todo lo que no se echa afuera crece dentro.

La televisión te ha aportado la popularidad, te ha reportado una cierta estabilidad, necesaria, en la profesión en la que te mueves. ¿Qué te aporta el teatro?

Cuando a mí me contrataron para hacer doblaje y estuve haciéndolo durante muchísimos años, yo venía del teatro, estaba haciendo teatro y tenía diecinueve años. Teatro amateur, luego teatro profesional. Y yo no imaginaba la vida que no fuera dedicándome al teatro, aunque fuera sacando una lanza, de figurante en una esquina. Sabía que iba a ser complicado, que es un mundo complicado para subir peldaños y oportunidades y esas cosas. Pero sabía que si podía viviría de eso. Y apareció el doblaje. Me ofrecieron una oportunidad de seguir con mi vocación de actor en otro apartado absolutamente desconocido para mí y muy distinto a lo que conocemos todos, tan anónimo. Pero me ofreció una seguridad personal que yo necesitaba. Porque mi situación familiar, con mi madre viuda, mi hermano pequeño, me daba una estabilidad de llegar a final de mes. Y dije, pues oye, me lo han ofrecido, pues bienvenido sea.

Me fue muy bien durante muchos años y es una profesión en la que creo que soy una persona reconocida, me dieron muchas oportunidades, me fue muy bien. Entonces lo del teatro se adormeció, no desapareció, pero se adormece. Pensé que cada uno juega la liga que le toca, y a mí me había tocado esta liga y no me puedo quejar.

Pero las casualidades te llevan por otro derrotero. La casualidad te lleva a conocer compañeros como Alfredo Cernuda y Antonio Hernández. Hacíamos humor. Entonces doblábamos Juzgado de Guardia. Gente con talento que escribía cosas. Lo hacíamos por diversión. Y eso te lleva a que se acuerden de ti para hacer cosas, que te llamen para hacer Aquí no hay quien viva. Tú lo recibes y dices, pues bueno, vamos a hacerlo. Qué pasará. A lo mejor lo ponen y no gusta. A mí la historia me pareció muy divertida y por lo menos me lo iba a pasar bien mientras hacíamos los primeros capítulos. Luego ya veremos. Y pasa lo que pasa. Vuelven ofertas. Teatro. Pero dices, no, teatro y televisión a la vez…

Yo volví al teatro por una función que no era especialmente redonda de Jazmina Reza, dirigida precisamente por Natalia Menéndez, con Joaquín Climent, Carmen Balagué y Silvia Marsó, que era Tres versiones de la vida, versión fallida de lo que luego fue Un dios salvaje. No era redonda, pero como actor yo cuando la leí creía que tenía cosas que hacer. Era un ejercicio actoral muy interesante. Me vieron en teatro y surgieron luego otras cosas y hasta hoy. Pero es lo que te da el poder de la televisión. También al principio te pueden ver como un reclamo más o menos comercial. Pero bueno, luego yo creo que si alguien se toma la molestia de dejar el mando a distancia y sacar una entrada para ir a verte un día que hace frío o un día que hace mucho calor. Sentarse en un teatro, que a veces no son muy cómodos, y salir a una hora muy tarde, me siento con la responsabilidad de no defraudar. Que vuelva al teatro y no diga pues vaya camelo el de la televisión, luego vienes aquí y… Que aquello le haya merecido la pena.

Cyrano 1

Para finalizar, ¿cómo valorarías la situación de los actores en nuestro país? ¿Crees que desde las instituciones no se hace lo suficiente?

Nunca. Nunca se hace lo suficiente. Esto sí que es un clásico. No es un problema de ahora. Se me abren las carnes cuando se empieza a utilizar políticamente estas cosas. Es absolutamente ridículo. Nadie ha hecho nada. Alguien ha podido decir alguna frase que parecía algo, pero en realidad no se ha hecho nada.

Siempre pongo como ejemplo lo de la casa del actor. Se ha hablado desde que yo recuerdo, y llevo toda mi vida en esto, y nunca se ponía una primera piedra. Y hemos tenido gobiernos de todos los colores. ¿Cuánto se tarda en hacer una casa del actor? ¿Cuánto cuesta eso? Es ridículo, ridículo. Pues todo es parecido. Frases convenientes en un momento dado, tendencias personales que utilizamos siempre no en beneficio del resto, sino en contra del otro. Cuidado con atacar siempre ciertas cosas por sistema porque nos encontramos defendiendo cosas que yo no comparto. Yo reclamo que cuando están los míos hagan cosas. Y si no las hacen lo voy a decir igual. Debo decirlo. Tengo la capacidad de pensarlo. No me voy a convertir en un personaje significado políticamente, no me interesa en absoluto, pero si me preguntan ya le contaré. Me da igual lo que piensen los demás.

Y esto es histórico. Ya no tiene que ver ni con la crisis, ni con la salida de la crisis, ni con la precrisis, ni con los tiempos de bonanza. No tiene nada que ver con nada. Es una falta de voluntad de hacerlo. Ni siquiera por el dinero. Si esta profesión genera mucho dinero, y hay gente muy solidaria y muy dispuesta… ¿De qué depende? De que alguien de el paso que lo haga posible. No soy político, no pretendo serlo, pero al que lo haga le aplaudiré. Pero mientras no sirve de nada quejarse, y encima no saber contra quién. Aisge en ese sentido funciona muy bien. Son compañeros. Te atienden, te preguntan qué necesitas, en qué te pueden ayudar. Por lo tanto, creo que es un tema puramente político. ¡Que lo hagan ya! Pero claro, el orden de prioridades de los políticos no los establece uno, lo establecen ellos.

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