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Año IXNúmero 465
21 JULIO 2026

Los del camping: una comedia de verano con más verdad que sombra

Imagen promocional de la representación
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Una historia de abuelos, hijos y reproches donde unas vacaciones familiares sacan a la luz todo aquello que permanecía pendiente

¿Qué ocurre cuando quienes han dedicado toda una vida a cuidar de los demás deciden, por fin, empezar a vivir para sí mismos? Esa es la premisa de Los del camping, una comedia que, entre caravanas, sillas plegables y aperitivos al sol, demuestra que los conflictos familiares pueden surgir en el lugar más inesperado. Para descubrir todo lo que sucede en esta singular parcela, basta con cruzar las puertas del Teatro Fígaro, que durante unas horas hace las veces de un auténtico camping de verano.

Una familia celebra un cumpleaños en el camping donde ha pasado buena parte de sus veranos. La jornada coincide con la jubilación de Pepe (Mariano Peña), pero la verdadera sorpresa llega cuando Lola (Chiqui Fernández) anuncia que no piensa dedicar un día más al cuidado de sus nietos. La noticia desata un auténtico terremoto doméstico, justo cuando su hija (Ariana Bruguera) y yerno (Alex Barahona) parecen dispuestos a dejar a los niños durante todo el verano. A partir de ese momento, reproches, mentiras, malentendidos y secretos salen a la luz en una historia que gira en torno a las relaciones familiares, el relevo generacional y el derecho a decidir cómo vivir una nueva etapa de la vida.

La dramaturgia, firmada por el dramaturgo, guionista y narrador Agustí Franch, parte de una situación cotidiana para abordar los cambios en la familia contemporánea. Bajo la apariencia de una comedia doméstica, el texto analiza el papel de los abuelos y abuelas y el derecho de quienes han dedicado buena parte de su vida al cuidado de los demás a decidir cómo quieren vivir esta nueva etapa. Franch (Coitus, la comedia, Operación pañales, Exit) pone el foco en unas expectativas heredadas, vinculadas durante generaciones a las mujeres: la idea de que una abuela debe estar siempre disponible para sus hijos y nietos. El camping deja de ser un simple escenario de vacaciones y pasa a funcionar como un pequeño laboratorio donde las relaciones personales quedan expuestas y las tensiones familiares acaban saliendo a la superficie.

El libreto desarrolla estas cuestiones a través de una comedia de situaciones, con personajes cercanos y desencuentros fácilmente reconocibles. Franch administra la información con habilidad y conduce a cada personaje hacia sus propias contradicciones, sin perder por ello el pulso del humor. Esa mirada cotidiana permite que el espectador identifique comportamientos presentes en su propio entorno. Como único punto más débil, la estructura dramática pierde algo de fuerza en su desarrollo: el gran momento de tensión llega quizá demasiado pronto y, cuando la obra abre nuevas líneas argumentales para alcanzar el desenlace, le cuesta recuperar la intensidad de ese primer clímax.

Quienes hemos seguido la trayectoria de Gabriel Olivares sabemos que sus comedias son ya una de esas citas habituales del teatro estival, como una particular canción del verano que regresa cada temporada. Con una amplia experiencia en el género y responsable de títulos como Burundanga o Mi primera vez, el director vuelve a demostrar un dominio absoluto de los mecanismos de la comedia. Incluso sin conocer la firma de la dirección, es sencillo reconocer su sello: un control preciso del ritmo, un excelente manejo del tempo cómico y una puesta en escena donde cada movimiento responde a una intención concreta.

Las entradas y salidas de los personajes, las pausas, los pequeños apartes y los conatos de explosividad están medidos al detalle para sostener la comicidad sin perder naturalidad. El trabajo con la comunicación no verbal cobra especial relevancia, un recurso fundamental en esta propuesta tanto desde el punto de vista interpretativo como dentro de la propia dramaturgia. Miradas, gestos y reacciones completan aquello que no aparece escrito y multiplican las posibilidades humorísticas de cada escena.

El reparto encaja con precisión en una historia donde el humor nace de lo cotidiano. Mariano Peña, Chiqui Fernández, Ariana Bruguera y Álex Barahona aportan cercanía a sus personajes y saben moverse entre la naturalidad y la exageración que exige la comedia. Sus diferentes personalidades permiten que los conflictos y alianzas del grupo tengan el ritmo necesario para que la historia avance.

En el centro de la historia encontramos a Pepe y Lola, una pareja de jubilados sobre la que recae buena parte del conflicto generacional que plantea la obra. Mariano Peña compone un Pepe que intenta mantenerse al margen de cualquier conflicto, aunque la realidad doméstica acaba arrastrándolo al centro de la situación. Con una economía interpretativa muy eficaz, el archiconocido actor encuentra la comicidad en pequeños detalles: una inflexión de voz, una reacción contenida o una forma de moverse sobre el escenario que provoca la sonrisa antes incluso de la palabra.

Frente a él, Chiqui Fernández prácticamente monopoliza buena parte de la acción, algo que responde tanto a las exigencias del libreto como a una interpretación arrolladora. Su Lola es directa, decidida y con una enorme capacidad para imponerse en escena, apoyada en una gestualidad muy trabajada y un dominio corporal que multiplica cada situación cómica. La también archiconocida actriz tiene un momento especialmente brillante en una de las escenas centrales de la función, donde combina velocidad, expresividad y un sorprendente cambio de registro para levantar uno de los grandes momentos de la comedia.

En el lado opuesto se sitúan los hijos, representados por el personaje de Ariana Bruguera, que encarna una visión más utilitarista del cuidado, al dar por hecho que los abuelos deben asumir a los nietos. La actriz afronta el personaje con una notable implicación física y verbal, sosteniendo con convicción buena parte de los enfrentamientos que articulan la función. Quienes hemos seguido su trayectoria sobre los escenarios apreciamos, además, una evolución evidente respecto a trabajos anteriores, con una interpretación más madura y segura.

A su lado, Álex Barahona interpreta a un hombre complaciente y sumiso, siempre dispuesto a dar la razón a su pareja. El actor asume con naturalidad ese perfil y, al mismo tiempo, compone un personaje metódico, analítico y con un cierto aire de superioridad intelectual. Precisamente cuando parece tener una explicación para todo, Barahona deja aflorar un punto de irracionalidad que rompe por completo la lógica del personaje y da lugar a algunos de sus momentos más divertidos.

Los del camping demuestra que la comedia sigue siendo una de las mejores herramientas para hablar de lo que nos preocupa. Gabriel Olivares y Agustí Franch firman una función divertida, inteligente y llena de humanidad que hace de una parcela de camping el reflejo de muchos hogares. Porque, aunque lo que ocurre en el camping debería quedarse en el camping…, después de esta función cuesta no llevarse la conversación a casa.

Texto: Agustí Franch

Dirección: Gabriel Olivares

Reparto: Mariano Peña, Chiqui Fernández, Ariana Bruguera y Álex Barahona.

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