• Inicio
    • Ana Belén Rubio
      David Serrano
      Lucía Quintana
      Muriel Romero, directora de la Compañía Nacional de Danza
    • Imágenes de Vitrubio en Segóbriga
      Teatro Principal de Zaragoza
      Fachada Teatro Real de Madrid
      La tecnología teatral del Siglo XX - Sección de un teatro
    • Últimas noticias

      Ana Belén Rubio
      El director del Festival de Mérida, Jesús Cimarro, en el centro junto a, por la derecha, la directora de Patrimonio Adela Rueda y los intérpretes Esmeralda Suárez y Miguel Pérez Polo, y, por la izquierda, la diputada cacereña Antonia Molina, la presidente del CEDER Cáparra María José Pérez y el concejal emeritense Antonio Vélez
      Imagen promocional del Festival
      Imagen de un momento de la producción

      Lo más visto

      Eduardo Vasco en la presentación de temporada 2025/2026
      (De izq. a dcha.) María José Goyanes, Emilio Gutiérrez Caba y Marta Gutiérrez Abad
      Imagen de celebración de las 400 funciones
      Muriel Romero
  • Podcasts
  • Anuarios
  • Revistas en papel
  • Boletines
  • Bazar
  • Suscríbete
  • Inicio
    • Ana Belén Rubio
      David Serrano
      Lucía Quintana
      Muriel Romero, directora de la Compañía Nacional de Danza
    • Imágenes de Vitrubio en Segóbriga
      Teatro Principal de Zaragoza
      Fachada Teatro Real de Madrid
      La tecnología teatral del Siglo XX - Sección de un teatro
    • Últimas noticias

      Ana Belén Rubio
      El director del Festival de Mérida, Jesús Cimarro, en el centro junto a, por la derecha, la directora de Patrimonio Adela Rueda y los intérpretes Esmeralda Suárez y Miguel Pérez Polo, y, por la izquierda, la diputada cacereña Antonia Molina, la presidente del CEDER Cáparra María José Pérez y el concejal emeritense Antonio Vélez
      Imagen promocional del Festival
      Imagen de un momento de la producción

      Lo más visto

      Eduardo Vasco en la presentación de temporada 2025/2026
      (De izq. a dcha.) María José Goyanes, Emilio Gutiérrez Caba y Marta Gutiérrez Abad
      Imagen de celebración de las 400 funciones
      Muriel Romero
  • Podcasts
  • Anuarios
  • Revistas en papel
  • Boletines
  • Bazar
  • Suscríbete
Año IXNúmero 469
11 AGOSTO 2026

Ana Belén Rubio: «Una banda joven necesita un repertorio que le descubra de qué es capaz»

Ana Belén Rubio
Ana Belén Rubio
Después de recorrer, sábado a sábado, la tradición musical de Toledo y su provincia, el ciclo Veranos de La Vega entrega el escenario del 15 de agosto a la Banda Joven Diego Ortiz. Su directora conversa sobre el gesto, la escucha y la pedagogía, y reclama estabilidad y ambición para la cultura bandística de Castilla-La Mancha.

El verano en La Vega no se cuenta por semanas, sino por bandas. Cada sábado, a las diez de la noche, una nueva agrupación ocupa el parque y convierte este espacio cotidiano de Toledo en un auditorio abierto. El ciclo Veranos de La Vega ha ido trazando así, concierto a concierto, un mapa sonoro de la provincia. El 15 de agosto, ese relevo musical llega a la Banda Joven Diego Ortiz de Toledo, dirigida por Ana Belén Rubio Maganto.

La presencia continuada de las bandas en La Vega no funciona como un simple acompañamiento de las noches de verano. El ciclo devuelve al centro de la programación cultural una realidad musical que con frecuencia ha sido observada desde la costumbre y no desde su verdadera dimensión artística. Una banda es repertorio, naturalmente, pero es también respiración colectiva, arquitectura del sonido, escuela de ciudadanía y una de las pocas instituciones culturales en las que varias generaciones pueden aprender a escucharse de manera literal.

Rubio conoce ese mundo desde dentro. Lleva veintisiete años vinculada a la enseñanza musical en Méntrida y hace quince llegó a Toledo, una ciudad que, según reconoce, modificó su trayectoria. La Escuela Municipal de Música Diego Ortiz amplió su mirada como intérprete y la empujó hacia los estudios de dirección de orquesta y banda, culminados con un máster. Desde entonces ha dirigido en el Teatro de Rojas, el Palacio de Congresos El Greco, la plaza del Ayuntamiento o la Catedral Primada, pero su discurso regresa siempre al mismo lugar: el ensayo, el aula, el instante en el que un músico joven descubre que puede hacer algo que hasta ese momento creía imposible.

La conversación comienza precisamente ahí, en lo que no figura en la partitura. Avanza después hacia Toledo y Méntrida, se detiene en los mecanismos íntimos del aprendizaje y desemboca en la responsabilidad de ocupar, siendo mujer, un podio que durante demasiado tiempo se presentó como territorio masculino. Ana Belén Rubio habla con la precisión de quien conoce el oficio y con el humor de quien sabe que ninguna teoría musical sobrevive intacta al primer ensayo.

Ana Belén Rubio 3
Ana Belén Rubio

Antes de hablar de repertorios o de escuelas, vayamos al instante más desnudo de la dirección: una persona levanta los brazos y un grupo entero respira. ¿Qué parte de tu carácter entra en la música en ese momento, aunque no aparezca escrita en la partitura?

En cuanto salgo al escenario aparece una parte de mí que necesita transmitir firmeza y seguridad. La banda debe sentir confianza, y el público también. Pero dirigir no consiste en imponer un carácter único sobre todo lo que se interpreta. Una misma obra puede exigir tensión, dulzura, energía o contención, y el gesto tiene que transformarse con ella.

Ahí está, para mí, la música que no se escribe. Las notas no contienen por completo el fraseo, el rubato ni la expresividad con la que finalmente sonarán. Todo eso nace durante la interpretación. El rostro y el cuerpo del director deben anticipar el carácter del sonido, aunque sin teatralizarlo. Se trata de ejercer una autoridad empática: dar una indicación clara y, al mismo tiempo, conectar con la sensibilidad de cada músico. Cuando ambas cosas coinciden, la interpretación adquiere otra profundidad.

Hablas del gesto como algo que no se superpone a la obra, sino que nace de escucharla. ¿Toledo ha cambiado también tu manera de escuchar?

Completamente. Hace quince años, Toledo me cambió la vida. Mi incorporación a la Escuela Municipal de Música Diego Ortiz enriqueció mi visión interpretativa y me llevó a estudiar dirección de orquesta y banda con mucha más profundidad, hasta completar el máster en Dirección.

Y luego está la propia ciudad. Trabajar aquí es recibir una estimulación artística constante. He tenido la fortuna de dirigir en el Teatro de Rojas, en el Palacio de Congresos El Greco, en la plaza del Ayuntamiento y en la Catedral Primada. No son espacios neutros: cada uno modifica la escucha, la concentración del músico e incluso la manera de construir un programa.

También la historia cultural de Toledo ha entrado en nuestro repertorio. Con motivo de la conmemoración de El Greco estrenamos Grecodías, de Víctor Morales, que quiso confiar la obra a la Banda Joven. A eso se suman los intercambios con otras bandas, los certámenes, los conciertos con alumnos, las procesiones y los pasacalles. El contacto con compositores, gestores y directores impide acomodarse. Toledo me ha enseñado que una tradición solo permanece viva si sigue generando experiencias nuevas.

Esa idea enlaza con Méntrida, donde llevas veintisiete años viendo pasar alumnos, profesores y generaciones. ¿Cuándo comprende una escuela de música que ya no es solamente una escuela, sino parte de la biografía de un pueblo?

Probablemente cuando los alumnos que conociste de niños regresan como padres y traen a sus hijos. Ese gesto contiene una confianza enorme. Quiere decir que la escuela ha permanecido en su memoria y que desean prolongar el vínculo. Ahí comprendes que estás manteniendo viva una tradición, pero también una comunidad.

La música tiene una capacidad muy singular para reunir. Elimina barreras lingüísticas, sincroniza emociones y convierte a personas distintas en un grupo que debe escucharse. Una escuela se vuelve corazón cultural cuando las clases desembocan en conciertos, fiestas y actividades abiertas al municipio; cuando conecta a los mayores con los jóvenes y hace circular historias de una generación a otra.

Después de veintisiete años sigo aprendiendo a diario. He aprendido, por ejemplo, que el talento docente crece cuando existe un buen ambiente de trabajo y que la flexibilidad educa mejor que una única vara de medir. No todos los alumnos desean ser profesionales. Hay niños, adultos y aficionados con ritmos y metas diferentes. La escuela debe saber reconocerlos a todos.

Ana Belén Rubio 4
Ana Belén Rubio

Has utilizado una palabra decisiva: reconocer. Antes de corregir una embocadura o la posición de los dedos, ¿qué necesitas reconocer y despertar en un músico joven?

Lo primero es despertar el amor por la música y la curiosidad por el instrumento. En el caso del clarinete, un niño descubre un objeto lleno de posibilidades, pero también una resistencia del aire que puede frustrarlo y unos chirridos que aparecen cuando menos los espera. Si empiezas únicamente por la corrección, corres el riesgo de que identifique la música con aquello que hace mal.

Antes de corregir, intento que sienta fascinación por el aire, orgullo por el sonido que consigue producir y curiosidad por el mecanismo. Jugamos con la respiración, con el timbre y con la imaginación. También les propongo pequeñas improvisaciones para que inventen melodías sin miedo a equivocarse. La técnica cobra sentido cuando el alumno sabe para qué la necesita.

La docencia, además, obliga a renovarse. Si no te actualizas, te quedas atrás. He tenido que incorporar nuevas tecnologías, acercarme a los intereses de los alumnos y buscar formas de creatividad activa. El instrumento sigue siendo el mismo; la manera de conducir a cada generación hasta él no puede ser idéntica.

Entonces el repertorio también educa. Cuando eliges una obra para la Banda Joven, ¿piensas más en lo que ya puede tocar o en aquello que todavía ignora que es capaz de hacer?

En aquello que todavía ignora. Una banda joven necesita descubrirse en el repertorio. Las piezas demasiado fáciles terminan aburriendo, mientras que los grandes retos despiertan entusiasmo. Pero hay que medir muy bien la distancia: si una obra queda demasiado lejos de las posibilidades reales del conjunto, aparece la frustración y se pierde confianza.

Suelo pensarlo con una proporción bastante clara: la obra adecuada debería ofrecer aproximadamente un setenta por ciento de material accesible y un treinta por ciento completamente nuevo. Ese treinta por ciento es el territorio del crecimiento. Obliga a escuchar de otra forma, a adquirir recursos técnicos y a comprender que la banda puede llegar un poco más lejos de lo que suponía.

Una agrupación joven conserva algo irrepetible: casi todo puede sucederle por primera vez. Pero la partitura, el horario y la afinación imponen disciplina. ¿Cómo evitas que el rigor termine domesticando esa energía?

Convirtiendo la disciplina en un juego colectivo. Una banda reúne viento madera, viento metal y percusión; si el trabajo se vuelve rígido, la cantidad de personas y exigencias puede ahogar la espontaneidad. El rigor no debería vivirse como un castigo, sino como la herramienta que permite sonar con potencia, claridad y libertad.

Nuestros ensayos duran dos horas y siguen una estructura bastante precisa, aunque mis músicos quizá no fueran plenamente conscientes de ello hasta leer esta entrevista. Procuro equilibrar la mente analítica con la parte emocional. Hay un tiempo para localizar problemas, ordenar articulaciones o ajustar balances, y otro para dejar que la obra respire y adquiera un sentido completo.

Ana Belén Rubio 2
Ana Belén Rubio

Acabas de distinguir entre resolver la partitura y dejarla respirar. ¿Qué ocurre cuando, por una de esas improbables casualidades, la banda toca todas las notas y todavía no aparece la música?

Para empezar, ese fenómeno de que estén todas las notas no se produce nunca (ríe). Ahora en serio: se puede tocar todo lo escrito y, sin embargo, no haber encontrado todavía la obra. Ocurre cuando el fraseo no está unificado, las texturas carecen de claridad o la banda y quien la dirige no han alcanzado aún una verdadera conexión musical.

En ese momento vuelvo a tres cuestiones. Primero, el fraseo, la dinámica y la articulación: hacia dónde camina cada idea. Después, la jerarquía del sonido, porque no todo puede escucharse al mismo nivel y el balance revela la arquitectura. Y, por último, la narrativa. El director debe ayudar a comprender qué se está diciendo, no limitarse a administrar entradas y compases.

Y cuando un pasaje se resiste, la narrativa puede quedar sepultada bajo veinte repeticiones. ¿Cómo se ensaya sin cansar el oído y, sobre todo, sin apagar el deseo?

La repetición rápida y mecánica solo genera fatiga y frustración. Cuando un pasaje se atasca, el problema suele estar en la velocidad, así que intento engañar al cerebro mediante juegos de coordinación en vez de forzar los músculos.

Utilizo mucho la alteración rítmica. Está el método del puntillo: una nota larga y otra corta, y después al revés. Eso reprograma los micromovimientos de los dedos. También trabajamos por acumulación: tocamos dos notas; si funcionan, añadimos una tercera, luego una cuarta, como si construyéramos un rompecabezas. El pasaje deja de presentarse como un muro.

Hay además una disciplina mental que consiste en saber detenerse. Podemos tocar a cámara lenta, a la mitad de la velocidad, conservando la máxima relajación. Y establecemos límites: si después de cinco intentos no conseguimos avanzar, lo dejamos. El cerebro continuará ordenando durante el sueño lo que hemos trabajado. Descansar también forma parte del estudio.

Tu respuesta devuelve la música a una cultura del tiempo y no de la prisa. Castilla-La Mancha posee más de trescientas bandas. ¿Qué necesita esa formidable tradición para no convertirse en un patrimonio que solo se conserva, sino en un movimiento capaz de producir ideas, lenguajes y músicos con personalidad?

Necesita estabilidad y ambición. Las bandas son un pilar social e identitario de primer orden en Castilla-La Mancha. Tenemos más de trescientas formaciones y más de ciento cincuenta pertenecen a la Federación Regional Castellano-Manchega de Sociedades de Música. Somos la segunda comunidad autónoma con mayor número de agrupaciones. Esa dimensión obliga a mirar el movimiento bandístico como una política cultural de largo alcance.

Desde la Federación pedimos a las administraciones un respaldo estable. No se trata solo de mantener lo que existe. Hacen falta ayudas para adquirir y renovar instrumentos, reforzar las escuelas, incorporar nuevos músicos, especialmente jóvenes, formar directores y facilitar la participación en certámenes, encuentros y actividades culturales. El futuro se garantiza cuando una banda puede ser al mismo tiempo memoria, laboratorio musical y escuela de valores.

Ana Belén Rubio
Ana Belén Rubio

En esa formación de directores hay una realidad que ya no debería necesitar adjetivos y, sin embargo, todavía los necesita. ¿Qué te gustaría que dejara de resultar excepcional cuando una mujer sube al podio?

Me gustaría que dejara de sorprender, sencillamente. Ocupar un podio históricamente masculinizado cuestiona la idea de que la dirección sea un espacio exclusivo de los hombres. Las directoras hemos recibido una atención añadida sobre la imagen, la autoridad o la forma de dirigir. Empecé muy joven y el camino no fue especialmente fácil, aunque siempre he llevado esa exposición bastante bien.

Por fortuna, la visibilidad de las directoras es cada vez mayor y una excepción histórica empieza a convertirse en presencia habitual. Pero esa visibilidad también supone una responsabilidad. Quienes pueden reconocerse en mí deben encontrar un liderazgo íntegro, empático y profesional. La autoridad musical no nace de representar un papel de dureza, sino del respeto, la escucha, la preparación y el rigor.

Si una niña o una joven me ve dirigir y comprende que puede llegar a ocupar un puesto de máxima responsabilidad artística, ya existe una razón más para continuar. Quiero que hagan aquello que las apasiona y que no abandonen cuando aparezcan obstáculos. Hay una frase que repito desde hace años porque también me ha servido a mí: «Nunca abandones tus sueños».

El 15 de agosto, en La Vega, esas ideas tendrán sonido. Si el público pudiera escuchar algo más que pasodobles, zarzuela y bandas sonoras, ¿qué verdad sobre la Banda Joven Diego Ortiz te gustaría que reconociera?

Que es una banda que quiere comunicar. No salimos al escenario para cumplir un programa, sino para conectar con el público, transmitir emociones y dar vida a la música. Quiero que los músicos disfruten y que quienes nos acompañen se lleven un recuerdo ligado a lo que han sentido, no solamente a los títulos que hayan escuchado.

El programa recorre estilos distintos porque también queremos abrir varias puertas de entrada: habrá pasodobles, zarzuela y bandas sonoras. Una banda joven puede hablar a públicos muy diferentes sin perder exigencia musical. Esa capacidad de encuentro forma parte de su identidad.

Ana Belén Rubio 5
Ana Belén Rubio

Cuando baje la última batuta y quede ese segundo de silencio anterior al aplauso, ¿qué te gustaría que hubieran descubierto tus músicos sobre sí mismos? ¿Y qué pregunta debería llevarse el público camino de casa?

Me gustaría que los músicos reconocieran su margen de mejora técnica, porque un concierto también revela lo que debemos seguir trabajando. Pero, junto a eso, que descubrieran su capacidad para conectar con el público y su fortaleza mental ante los imprevistos. En un escenario siempre ocurre algo que obliga a reaccionar, escuchar y confiar en los demás.

Al público le pediría algo mucho más sencillo: que se vaya con una sensación de disfrute y felicidad, con la impresión de haber compartido un buen rato con nosotros. Y, si pudiera elegir la pregunta que quedase resonando, sería esta: «¿Cuándo es el próximo concierto?».

Noticias relacionadas
Imagen promocional
Imagen de un momento de la función
A TEMPO DE FURIA (Egozkue y Paz) ofrecen el jueves, 18 de junio, su proyecto FIESTA INTENSIVA en el Museo CA2M
La concejal de Cultura, Ana Pérez
Un momento del concierto
Imagen de la puesta en escena
Últimas noticias
El director del Festival de Mérida, Jesús Cimarro, en el centro junto a, por la derecha, la directora de Patrimonio Adela Rueda y los intérpretes Esmeralda Suárez y Miguel Pérez Polo, y, por la izquierda, la diputada cacereña Antonia Molina, la presidente del CEDER Cáparra María José Pérez y el concejal emeritense Antonio Vélez
Imagen promocional del Festival
Imagen de un momento de la producción
Imagen de Provisional Danza
El director del Festival y autoridades junto al equipo artístico de Fedra en los infiernos
Eduardo Guerrero en imagen promocional para 'Códigos'