La obra narra el auge y la caída de un grupo punk de finales de los 80, estructurada como una vieja cinta de casete con su cara A y su cara B
Tras Vania x Vania, Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto y Emilio Tomé vuelven a coincidir a las órdenes de Remón
Se trata de una producción de Nave 10 Matadero y Buxman Producciones
El montaje supone el reencuentro entre Pablo Remón y sus protagonistas, Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto y Emilio Tomé, que ya habían coincidido hace casi tres años en Vania x Vania. “Vania fue un viaje muy especial para nosotros; ha sido un placer volver a juntarse en un proyecto tan distinto”, recuerda el director, que reconoce escribir pensando en repartos definidos: “Tengo el privilegio de escribir casi siempre para unos actores y actrices concretos, así que sus voces y sus energías están desde el comienzo”.
Estructurada como una vieja cinta de casete, con su cara A y su cara B, Verborrea recorre el ascenso y la caída del grupo homónimo. En la cara A, Kike, el hermano mayor y mánager de la banda, cuenta la infancia de Segis, el cantante: la historia de un chaval rebelde que se subleva contra su padre y contra toda estructura de poder. En la cara B, los miembros del grupo relatan el auge y la caída de Verborrea y de su cantante, convertido ya en la figura mítica de Segismundo Tóxico. El resultado es un relato oral, hecho de recuerdos complementarios y contradictorios, que se asemeja a un documental musical.
Javier Cámara da vida a Kike, el hermano mayor, que se encarga de ofrecer ante el público la cara amable de Verborrea. Israel Elejalde interpreta a Segis, el cantante rebelde convertido en mito y el personaje que mejor representa toda esta relación entre rebeldía, contestación, autodestrucción y herencia. Marta Nieto encarna a Lola Metralla, bajista y única mujer del grupo, cuya mirada profunda y tierna sobre la banda vertebra buena parte de la cara B, y Emilio Tomé asume el reto de interpretar por un lado a Teodoro, el padre de los protagonistas y figura opresora, y por otro a Johnny Casetes, el batería del grupo y amigo de infancia de los hermanos.
La puesta en escena, según Remón, es “bastante esencial y minimalista” en cuanto a su planteamiento formal. Los actores permanecen en escena todo el tiempo, con las palabras y el sonido como protagonistas, en un intento de invitar al espectador a imaginar. El equipo artístico se completa con la escenografía de Monica Boromello, la iluminación de David Picazo, el diseño de vestuario de Ana López Cóbos y el espacio sonoro de Sandra Vicente.






