Nueve mujeres que toman la palabra. Cuatro músicas que interpretan en directo. Un texto y unas canciones de nueva creación. Y un Teatro Romano que se convierte, una vez más, en punto de encuentro entre la tradición clásica y los lenguajes escénicos contemporáneos. Las 9 Musas plantea un viaje desde los orígenes de la humanidad hasta el presente para preguntarnos qué hemos hecho con los dones que un día recibimos.
Las Musas han estado siempre ahí. Presentes en la historia de las artes, asociadas a la inspiración y convertidas en símbolo de la creación. Sin embargo, pocas veces han ocupado el centro de una historia teatral. Las 9 Musas parte precisamente de esa ausencia para convertirlas en protagonistas y otorgarles una identidad propia.
El espectáculo propone un texto original acompañado de canciones originales y música en directo. Nueve actrices dan vida a las nueve Musas y cuatro músicas completan una banda formada por bajo, guitarra, batería y teclado. El resultado es una propuesta musical que dialoga con los clásicos desde el humor y la sátira y que mira al presente para plantear algunas preguntas incómodas sobre el rumbo de la humanidad.
Entre las protagonistas se encuentra Clara Alvarado, actriz extremeña que regresa por tercera vez a la arena del Teatro Romano de Mérida para interpretar a Erato, la Musa de la sensualidad y de la erótica.
Las Musas dejan de ser un colectivo para convertirse en protagonistas
«Las 9 Musas es un espectáculo original, con un texto original y canciones originales». Así define Clara una propuesta que, aunque bebe de los grandes clásicos del teatro, se adentra en un territorio poco explorado: convertir a las propias Musas en personajes con identidad individual.
Hasta ahora han sido contempladas fundamentalmente como un colectivo. El espectáculo propone individualizarlas, darles nombre y personalidad y permitir que sean ellas quienes se dirijan directamente al público.
La obra parte de una cuestión esencial: nuestra presencia en el mundo es finita y debemos preguntarnos qué estamos haciendo con él. Las nueve mujeres aparecen ante el espectador para plantear qué ha ocurrido con los dones y las virtudes que las Musas entregaron a la humanidad.
«Es como si hubiéramos dejado de estar inspirados por las Musas, como si hubiéramos dejado de acudir a ellas», explica Clara.
A partir de esa premisa, el espectáculo propone una reflexión sobre el rumbo de la civilización y sobre el mundo que estamos construyendo.
De los orígenes de la humanidad al presente
El viaje que plantea Las 9 Musas atraviesa la historia de la humanidad desde sus comienzos hasta nuestros días. Sin embargo, la reflexión no llega desde la solemnidad, sino desde el humor, la sátira y la diversión.
La intención es que el público pueda reconocerse en las situaciones planteadas, reírse y, al mismo tiempo, salir del teatro con preguntas abiertas.
La música es uno de los grandes pilares de la propuesta. No solo hay canciones originales, sino una banda que interpreta todo el repertorio en directo sobre el escenario.
Bajo, guitarra, batería y teclado acompañan a las nueve protagonistas en un montaje que suma interpretación, música, coreografías y vestuario.
«Imagínate lo que tiene que estar coordinando actualmente en Mérida una banda en directo, más coreografía, más texto, más vestuario», señala la actriz. Una dimensión que convierte la propuesta en una apuesta escénica de gran formato. «Es como haber traído un Broadway al Teatro Romano.»
Un musical que encuentra su lugar en el Teatro Romano
La combinación entre musical y espacio clásico supone un desafío técnico, pero también una oportunidad estética.
El Teatro Romano de Mérida ha acogido pocos musicales a lo largo de su historia, pero sus características permiten que este género adquiera una especial dimensión visual y sonora. La iluminación, la música y el movimiento encuentran en la monumentalidad del escenario un aliado natural.
La propia naturaleza mitológica de Las 9 Musas refuerza ese diálogo con el espacio.
«Los musicales visten muchísimo el Teatro Romano», explica Clara, que reconoce que el montaje exige un importante esfuerzo técnico y de coordinación, especialmente en materia de sonido.
La producción de El Negrito Producciones, junto con Jesús Cimarro, apuesta así por llevar al escenario emeritense un espectáculo musical que mantiene la mitología clásica como punto de partida, pero la acerca al público contemporáneo mediante nuevos lenguajes.

Nueve actrices y cuatro músicas: una creación colectiva
El trabajo del elenco se ha desarrollado en un periodo intenso y con poco margen de tiempo. Una circunstancia que, lejos de separar al equipo, ha reforzado los vínculos entre las intérpretes.
Clara destaca especialmente la unión entre las nueve actrices y la necesidad de poner las capacidades individuales al servicio de un proyecto común.
Cada una trabaja en la construcción de su Musa desde la autenticidad y la personalidad propia.
«Todas las compañeras son muy virtuosas en sus facetas y en sus talentos y los ponemos al servicio de la escena continuamente», afirma.
La actriz también subraya la labor de la directora, Xenia Reguant, a quien define como «una directora espectacular».
En ese proceso creativo, Clara encuentra además una particular conexión entre las integrantes del elenco: «Hay algo de la energía femenina que es cuidar, y siento que nos hemos cuidado mucho entre nosotras».
La incorporación de las músicas terminó de completar un equipo que la actriz define como «un equipazo». «Todas ponemos nuestras capacidades al servicio de la escena.»
Erato, un personaje para salir de la zona de confort
Clara interpreta a Erato, Musa vinculada a la sensualidad y a la erótica. Un personaje que le ha permitido explorar registros diferentes y enfrentarse a determinados límites personales.
Erato es descrita como una mujer con poder, carácter y una gran libertad. Una mujer «sin vergüenza y sin tapujos».
El personaje comparte algunos rasgos con la actriz, pero también contiene elementos que le han obligado a enfrentarse a cierta sensación de pudor.
«Tiene cosas mías, pero hay cosas de Erato que a mí me dan un poco de pudor», reconoce.
Precisamente ahí reside parte del atractivo del proceso. Interpretarla ha supuesto salir de su zona de confort y asumir un reto personal.
El resultado ha sido una relación profunda con el personaje: «La he terminado amando y queriendo muchísimo».
«He salido un poco de mi zona de confort y he terminado amando y queriendo muchísimo a Erato.»
El instante antes de salir a escena
Más allá del personaje y del propio espectáculo, Clara encuentra uno de los grandes atractivos del musical en aquello que sucede antes y después de cada función.
Ese instante previo en el que aparecen los nervios, la responsabilidad y la incertidumbre. Ese momento en el que todo el trabajo realizado durante los ensayos queda a punto de enfrentarse al público.
«El momento de nervios que se te engancha el estómago antes de empezar», explica.
Y después llega la sensación contraria: la satisfacción de haber completado la función y comprobar que todo aquello que se ha trabajado ha cobrado vida sobre el escenario.
Para la actriz, esa combinación de nervios y satisfacción forma parte de la magia del teatro y del reto de enfrentarse cada noche a un personaje diferente.
Mérida, una de las grandes cimas
Esta será la tercera vez que Clara pise la arena del Teatro Romano de Mérida. Y, pese a la experiencia acumulada, asegura que la emoción no disminuye.
«Para cualquier artista, estar aquí es un sueño».
El escenario emeritense representa para ella una de las grandes metas de cualquier intérprete. Una cima que compara con los grandes ochomiles del mundo.
Pero regresar no significa acomodarse.
La actriz insiste en que cada oportunidad exige mantener intactas la responsabilidad, los nervios y las ganas.
«El hecho de que se repita no quiere decir que todo esté hecho o que todo esté consolidado. Ni mucho menos».
Mérida, explica, es un escenario que impone y que obliga a estar a la altura de todo lo que ese espacio ha significado para generaciones de artistas y espectadores.
«Para cualquier artista, estar en el Teatro Romano es un sueño.»

Una hora y media para viajar del pasado al presente
La invitación de Clara al público parte de una idea sencilla: dedicar una hora y media a dejarse llevar.
Una hora y media para realizar un viaje hacia el pasado y conectar con el presente a través de la música y de las nueve protagonistas.
Pero, sobre todo, una hora y media para hacerse preguntas.
La actriz confía en que el espectador salga del teatro con ganas de reflexionar y, especialmente, con el deseo de ser mejor persona y de contribuir a no aumentar los problemas que ya existen en el mundo.
«No provocar más desastres de los que ya hay en el mundo, que son suficientes».
Una actriz extremeña que vuelve a sus raíces
Hay una dimensión especialmente emotiva en esta tercera presencia de Clara en Mérida: su condición de extremeña.
El Teatro Romano no es únicamente un escenario. Es un espacio que conecta con sus raíces y con una identidad que la actriz reivindica con orgullo.
«Amo Extremadura y el Romano es pisar raíces».
Regresar a este escenario se convierte así en una fuente de energía y en una experiencia que trasciende lo estrictamente profesional.
«No hay nada que me dé más energía que estar en el Teatro Romano».
Y después de tres veces, Clara tiene claro que no quiere que esta experiencia termine aquí.
No quiere quedarse en el «no hay dos sin tres». Quiere seguir regresando a Mérida, volver a pisar la arena y continuar formando parte de un espacio que considera una de las grandes cimas de su profesión.
Porque quizá esa sea también una de las preguntas que dejan abiertas Las 9 Musas: qué hacemos con aquello que recibimos, qué legado dejamos y qué lugar queremos ocupar en el mundo.
En el Teatro Romano, las Musas vuelven a hablar. Y esta vez no lo hacen únicamente para inspirar. También vienen a preguntar.





