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Año VIINúmero 357
17 JUNIO 2024

La verbena de la paloma: La fiesta de la zarzuela madrileña. Un derroche de arte y tradición. 

Fotografía de familia del equipo artístico de la producción
"La Verbena de la Paloma" en esta impecable producción es un vibrante tapiz de la vida madrileña, donde el ingenioso libreto, la atención meticulosa y un reparto extraordinario se entrelazan para celebrar la alegría, los amores y las travesuras del Madrid castizo con un encanto inigualable.

El mes de mayo, con sus calles adornadas de flores y su aire cargado de festividad, es el escenario perfecto para sumergirnos en la atmósfera castiza de esta emblemática zarzuela. Unas semanas donde la capital se viste de gala para honrar sus fiestas populares, qué mejor manera de hacerlo que en el emblemático Teatro de la Zarzuela con esta obra maestra espejo de la esencia misma de la vida madrileña.

Siempre es un placer volver a disfrutar del texto de Ricardo de la Vega y reencontrase con Julián, un cajista enamorado de Susana, una chica huérfana que vive con su tía Antonia. El joven, ardiente y celoso, se entera de que esta y su hermana Casta han aceptado la invitación de Don Hilarión, un boticario maduro y adinerado, para asistir a la verbena. Lleno de celos, Julián intenta disuadir a Susana, pero su tía Antonia apoya el cortejo del rico boticario. En medio de la bulliciosa fiesta, con sus chulapos y chulapas disfrutando de la noche, se desatan los enredos y los malentendidos. Julián confronta a Don Hilarión, provocando una serie de situaciones cómicas y tensas que mantienen a los asistentes en vilo. Finalmente, la intervención de los amigos y vecinos, así como la sinceridad de Susana, resuelven el conflicto. Ambos se reconcilian, reafirmando su amor en el ambiente festivo y alegre de la verbena.

El libreto encarna la esencia del género chico, capturando la vida madrileña con humor, realismo y una conexión emocional profunda

El libreto es una obra maestra del conocido como teatro por horas, más tarde identificado con el llamado género chico. Este tipo de teatro, popular en España a finales del siglo XIX y principios del XX, se caracteriza por su corta duración, su enfoque en la vida cotidiana y su capacidad para conectar directamente con el público a través de historias simples pero emotivas y realistas. El libreto de De la Vega captura de manera vívida y auténtica la vida madrileña de la época. Esto no solo hacía la zarzuela accesible, sino que también fortalecía el sentido de identidad cultural y comunitaria. Los personajes son arquetipos de la sociedad madrileña pero sin caer en la exageración ni caricaturización. Con sus virtudes y defectos, permiten una conexión emocional inmediata con el respetable, quienes podían ver reflejadas en ellos sus propias experiencias y las de sus conocidos.

Este libretista, autor de otros sainetes líricos como De Getafe al paraíso o La familia del tío Maroma (1883), La abuela (1884), Pepa la frescachona o El colegial desenvuelto (1886), combina el humor con el realismo de una manera distintiva del género chico. Las situaciones cómicas, los diálogos ágiles y las intrigas amorosas se desarrollan en un marco verosímil, lejos de lo grandioso y lo sublime en favor de lo cotidiano y lo familiar. Esto hace que las historias sean no solo entretenidas, sino también profundamente resonantes. El libreto está diseñado para ser conciso y efectivo. En aproximadamente una hora, se desarrolla una trama completa con una introducción, un conflicto y una resolución.

La música celebra la esencia de la vida madrileña con melodías vibrantes y una orquestación emotiva, enriqueciendo la trama con autenticidad cultural y atmósferas festivas y dramáticas

La música compuesta por Tomás Bretón en tan solo diecinueve días, pese a no estar seguro del éxito de esta producción, es una obra maestra que combina melodías populares con una orquestación rica y sofisticada, capturando la esencia de la vida madrileña de finales de siglo. Este compositor y director de orquesta, uno de los máximos exponentes del género operístico y zarzuelero, logra una partitura vibrante, accesible y emotiva con una sofisticación en la construcción melódica y contrapuntística.

Bretón también integra elementos de la ópera bufa, como las coplas de Don Hilarión, enriqueciendo la textura musical. La orquestación es notable por su claridad, colorido e influencia italiana, caracterizada por un sentido del ritmo y una elegancia melódica. Esto se aprecia especialmente en los números cantados y en los interludios musicales que conectan las escenas. Utiliza la orquesta para crear atmósferas festivas y dramáticas, empleando instrumentos de viento y percusión para resaltar los momentos más alegres y vibrantes, mientras que las cuerdas y maderas aportan calidez y lirismo en las escenas más íntimas. Los ritmos de pasodoble, chotis y seguidillas, estilos de danza tradicionales de Madrid, son prominentes en la partitura y añaden autenticidad cultural, impulsan la narrativa y dan dinamismo a la puesta en escena.

Considerado como uno de los directores más importantes de su generación, quién mejor que el maestro madrileño José Miguel Pérez-Sierra para estar al frente de una dirección musical que realza la riqueza, el dinamismo de la partitura de Bretón y logra una fusión magistral entre lo folclórico, lo popular y lo culto. Su trabajo revela una sensibilidad hacia los matices de la música, donde la orquesta y los cantantes expresan tanto la vivacidad como la ternura de la partitura. Su dirección se caracteriza por una energía contagiosa y una precisión impecable. Pérez-Sierra, quien saltó a la fama internacional después de convertirse en el director más joven en subir al podio del ROF, el Rossini Opera Festival de Pésaro (Italia), logra mantener un equilibrio perfecto entre los momentos más festivos y los más emotivos, asegurando que cada pasaje musical contribuya al desarrollo dramático de la obra. Bajo su dirección, la Orquesta de la Comunidad de Madrid, titular del Teatro de La Zarzuela, brilla con un sonido cohesivo y balanceado y extrae el máximo potencial de cada sección orquestal, facilitando un diálogo fluido entre instrumentos y voces. En definitiva, la música de La verbena de la paloma es una celebración de la vida madrileña, llena de melodías encantadoras y ritmos vibrantes del espíritu festivo de la verbena.

Una dirección atenta y meticulosa con dosis de luminosidad y realismo mágico

Nuria Castejón –reconocida por su talento y visión en la dirección escénica, al frente de obras como Zarzuela en Danza (2019) o El sobre verde (2022) – revitaliza esta obra clásica, haciéndola resonar tanto con audiencias contemporáneas como con los amantes de la tradición, y la imbuye de un tratamiento de realismo mágico. Esto añade una nueva dimensión a la narrativa elevando la verbena a un espacio casi místico. Merece la pena elogiar la inteligencia de incluir el prólogo cómico-lírico de Álvaro Tato, titulado Adiós, Apolo, que narra la última función de la compañía en el Teatro Apolo, al ser comprado por un banco. Sin duda alguna, un bonito homenaje al oficio.

Volviendo a la dirección, Castejón incorpora bailes y movimientos tradicionales españoles, como las seguidillas, el chotis y la mazurca, los cuales añaden color local y reflejan fielmente las tradiciones culturales de la época. Las canciones y números musicales no son meras interrupciones, fluyen orgánicamente dentro de la narrativa, reforzando el desarrollo de la trama y la caracterización de los personajes. La puesta en escena es muy luminosa, con un uso creativo de la iluminación diseñada por Albert Faura para resaltar la alegría y la festividad de la verbena. Los colores vibrantes y los cambios de luz crean una atmósfera dinámica que mantiene al público inmerso en la acción y la magia del momento.

Con una dilatada carrera como bailarina en el Ballet Nacional de España, Castejón maneja el ritmo de la obra con maestría, logrando una fluidez natural en los movimientos de los actores y en los cambios de escena. En este sentido, utiliza de manera eficaz el espacio, asegurando que el reparto se mueva con fluidez y aprovechen al máximo el escenario. Esto crea una sensación de amplitud y realismo, y permite a la verbena cobrar vida de manera vibrante y dinámica. Por otra parte, las coreografías son ejecutadas con una precisión y coordinación impresionantes, resultado de un trabajo meticuloso en los ensayos y una comprensión profunda de los ritmos y estilos de la música de Bretón.

Un reparto sobresaliente de altísimo nivel a la altura de este clásico

La actuación conjunta del elenco es otro de los motivos para asistir, por ser un espectáculo en sí mismo, donde la armonía, la sincronización y el espíritu contagioso de la zarzuela están presentes. Antonio Comas realiza una interpretación sobresaliente del eterno soltero y viejo verde Don Hilarión. Su caracterización es una delicia, con una mezcla de ingenuidad, ternura y desesperación del personaje. La actuación potencia el espíritu joven y dicharachero con una  inclinación irresistible hacia la belleza femenina. De sus números me quedaría con la exquisita interpretación de “una morena y una rubia”. A su lado, Gerardo López ofrece una interpretación formidable del galán Don Sebastián. Con su voz potente y su presencia escénica imponente clava la arrogancia y el encanto irresistible del personaje.

El papel protagonista es encarnado por Borja Quiza, quien brinda una actuación conmovedora como Julián, el cajista de imprenta enamorado de Susana. Su voz dulce y emotiva cautiva al público desde el primer momento, y su vulnerabilidad y determinación son palpables en cada gesto y cada línea de diálogo. Este barítono demuestra un extraordinario dominio del registro emocional, con momentos musicales como “También la gente del pueblo tiene su corazoncito”. A su lado Carmen Romeu brilla en el papel de Susana, la joven ingenua. Con su voz cristalina y su presencia radiante, encarna la inocencia y la dulzura del personaje. Su química con Quiza es palpable, y juntos entonan la icónica habanera “¿Dónde vas con mantón de manila?”. Otro personaje importante en la trama es el de la Tía Antonia con una interpretación sólida y llena de carácter por Gurutze Beitia. Su presencia imponente y su voz resonante le otorgan una autoridad natural en el escenario; su habilidad para el humor ácido añade profundidad a su papel. También destacan Ana San Martín como Casta, sobrina de esta último y el matrimonio interpretado por Milagros Martín –con un emotivo dúo con Quiza cuando descubre el escarceo amoroso con el boticario– y Rafa Castejón, con un papel destacado con director de escena en el prólogo Adiós Apolo.

La construcción escenográfica a cargo de Nicolás Boni muestra el bullicio y la alegría de una verbena madrileña. Autor del diseño de más de medio centenar de trabajos, también realiza una representación detallada de la arquitectura del barrio de La Latina y recrea las fachadas de los edificios con sus balcones de hierro forjado, las tabernas y los pequeños comercios que dan vida y autenticidad al entorno. En este sentido, juega con acierto e inteligencia con las alturas y las profundidades del espacio escénico, dejándonos estampas dramáticas cuando el protagonista alza su mirada al balcón y momentos de goce con el baile de sevillanas al fondo del escenario. Mención especial para el diseño de vestuario de Gabriela Salaverri. Esta figurinista, con decenas de trabajos en operas, zarzuelas y teatro clásico, ha sabido reflejar la esencia del Madrid de finales del siglo XIX, con una paleta de colores que resalta la viveza de la verbena y el contraste entre los diferentes personajes. ¡Larga vida a la Zarzuela!

Música: Tomás Bretón

Libreto: Ricardo de la Vega

Texto de la introducción: Álvaro Tato                                                                      

Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra

Dirección de escena y coreografía: Nuria Castejón

Reparto: Antonio Comas, Gerardo López, Borja Quiza, Milagros Martín, Carmen Romeu, Ana San Martín, Gurutze Beitia, Sara Salado, Rafa Castejón, José Luis Martínez, Alberto Frías, Nuria Pérez, Adrián Quiñones, Ricardo Reguera, Mitxel Santamarina, Ana Goya, Esther Ruiz, Andro Crespo, Albert Díaz, Cristina Arias, Mª Ángeles Fernández.

Escenografía: Nicolás Boni

Vestuario: Gabriela Salaverri

Iluminación: Albert Faura

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