La vida suele girar en torno a una pregunta silenciosa: ¿y si hubiera elegido otro camino? Todos, en algún momento, hemos imaginado cómo sería nuestra existencia si determinadas decisiones hubieran sido distintas. Ese escenario hipotético puede ser un refugio, pero también una trampa cuando idealizamos aquello que nunca llegamos a vivir. Si alguna vez se han formulado esa pregunta, quizá encuentren en el Teatro Marquina una forma distinta de responderla.
La obra presenta a Piedad (Patricia Peñalver) y Delfina (Samantha Sánchez), dos mujeres cuyas vidas han seguido caminos opuestos, aunque ambas comparten una misma inquietud: la sensación de que la otra ha tomado mejores decisiones. Mientras Piedad lleva décadas casada y ha formado una familia junto a su hijo adolescente, Delfina afronta la soltería convencida de que todavía encontrará a la pareja perfecta con la que formar el hogar que siempre ha imaginado. Cuando sus vidas se cruzan, una conversación que comienza como un intercambio de confidencias termina desembocando en un plan tan insólito como imprevisible, capaz de alterar el rumbo de ambas.
El libreto de Macarena Hernández-Gil adopta los códigos de la comedia romántica contemporánea, con un tono cercano al de las sitcoms. El humor nace de situaciones fácilmente reconocibles para el público, de réplicas cargadas de dobles sentidos y de escenas que reflejan con ironía algunas de las dinámicas de las relaciones actuales, desde las citas concertadas a través de aplicaciones hasta las expectativas que cada personaje proyecta sobre el amor y la vida en pareja. La autora introduce los grandes temas de la función desde ópticas diferentes, de forma progresiva, sin precipitar las conclusiones ni forzar los conflictos. A medida que avanza la historia van aflorando cuestiones como la salud mental, la terapia, las expectativas personales o la idealización de la vida ajena, integradas con naturalidad en el relato. Aunque en ocasiones recurre a determinados estereotipos para definirlas, evita reducirlos a caricaturas y encuentra en ellos una vía para profundizar en las contradicciones de ambas.
El hilo conductor pierde algo de fuerza en determinados momentos. No obstante, esa ligera fragilidad estructural apenas condiciona el resultado gracias a un ritmo constante, una escritura siempre entretenida y un desenlace que reserva un giro inesperado. La función mantiene el interés durante sus sesenta y cinco minutos y confirma que no todas las comedias necesitan prolongarse hasta los noventa para desarrollar con eficacia su propuesta.
Naím Thomas dirige la función con un criterio claro: apostar por la naturalidad. Las conversaciones entre las protagonistas fluyen con la cercanía de dos personas que se conocen desde hace años, con interrupciones, silencios, cambios de tono y réplicas que remiten a la forma en que cualquiera hablaría fuera del escenario. Esa búsqueda de verdad alcanza también la puesta en escena, funcional y despojada de artificios. Una pared imaginaria basta para delimitar ambos apartamentos y acaba adquiriendo un valor dramático a medida que avanza la historia. La ruptura puntual de la cuarta pared refuerza la complicidad con el público y el teléfono móvil encuentra un uso escénico plenamente integrado en la acción, como una prolongación natural de las conversaciones. Otro de los aciertos de Thomas (Se ha escrito un crimen, Voilà: Nunca es demasiado tarde) reside en las transiciones apoyadas por videoescena, que oxigenan la representación, imprimen dinamismo a la representación y favorecen la continuidad del relato sin romper su ritmo. Una dirección sobria e inteligente que sabe cuándo intervenir y cuándo dejar todo el protagonismo al texto y a las intérpretes.
Patricia Peñalver encuentra el tono adecuado para dar vida a Piedad, una mujer pragmática que hace tiempo dejó de perseguir ideales para instalarse en la comodidad de una rutina asumida casi por inercia. Casada desde hace años y madre de un hijo adolescente, contempla el amor romántico con un escepticismo que resume buena parte de su forma de entender la vida. Frente a ella, Samantha Sánchez compone una Delfina que representa el extremo opuesto: psicóloga de profesión, convencida de que todavía encontrará al hombre perfecto y atrapada en una búsqueda que acaba revelando sus propias inseguridades y contradicciones. Sánchez dota al personaje de un registro más medido y elegante, mientras Peñalver explota una espontaneidad más terrenal y directa. Precisamente ese contraste entre el pragmatismo de una y el idealismo de la otra, sostenido por una química constante y una escucha mutua que aporta verdad a cada conversación, convierte a ambas en el auténtico motor de la función.
Cercana, actual y reconocible, El regalo cumple con aquello que promete: entretiene y, al mismo tiempo, invita a reflexionar sobre esa permanente tentación de desear la vida de los demás. Una comedia que hace de lo cotidiano su mayor virtud y recuerda que, a veces, el mejor regalo consiste precisamente en dejar de idealizar la vida ajena.
Dramaturgia: Macarena Hernández-Gil
Dirección: Naím Thomas
Reparto: Patricia Peñalver, Samantha Sánchez
Producción: OnBeat Producciones





