“Todavía no he encajado este reconocimiento; quiero disfrutarlo poco a poco. Espero seguir trabajando para merecerlo después de recibirlo. Me acordaré de mis maestros, de mis compañeros y de quienes me acompañaron en los comienzos”
La noticia le ha devuelto imágenes de distintas etapas de su vida: aquel estudiante que contemplaba fotografías del histórico Corral de Comedias, el visitante que lo recorrió por primera vez como turista y el actor que debutó sobre sus tablas. Entre aquellos recuerdos y el premio que ahora recibirá han transcurrido décadas de dedicación al teatro.
“Quiero ir asimilándolo y disfrutándolo poco a poco”, explica, consciente de que se acerca un momento que jamás imaginó vivir.
El premio llega en plena madurez artística
A los 63 años y tras más de cuatro décadas de trayectoria profesional, Viyuela considera que este reconocimiento llega en una etapa de madurez. Sin embargo, lejos de interpretarlo como una meta, lo entiende como un estímulo para continuar trabajando.
El actor insiste en que el verdadero valor del premio no estará únicamente en el instante de recibirlo, sino en todo lo que venga después. Su deseo es seguir vinculado al teatro, continuar creciendo sobre los escenarios y mantener intacta la capacidad de emocionar al público.
Para él, habrá tres momentos de disfrute: la ilusión previa, la emoción de la entrega y la satisfacción posterior de seguir construyendo una carrera que justifique el reconocimiento recibido.
Un homenaje íntimo a quienes marcaron el camino
Cuando imagina el momento de la entrega, Viyuela reconoce que probablemente vivirá la ceremonia en una especie de nube emocional. Cree que será después, al recordarla, cuando tome verdadera conciencia de lo ocurrido.
Entre las personas que acudirán a su memoria estarán, en primer lugar, sus padres. Pero también aquellos profesores que despertaron su amor por la literatura y el teatro. Menciona especialmente a Don Tomás, un maestro que le introdujo en el mundo de las palabras y las letras durante sus años escolares.
Junto a él aparecerán también compañeros y profesores de la Escuela de Arte Dramático, figuras fundamentales en su formación artística. Para Viyuela, un reconocimiento de estas características obliga inevitablemente a mirar hacia los orígenes, a recordar la infancia, la juventud y a quienes ayudaron a construir el camino profesional.
Un vínculo sentimental con Almagro
La relación de Pepe Viyuela con el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro trasciende lo estrictamente profesional. El actor habla de una conexión emocional alimentada por los años, las amistades y los recuerdos.
Entre esos nombres destaca el de Jordi Dauder, actor y amigo con quien compartió algunos de sus primeros vínculos con Almagro. Su recuerdo ocupa un lugar especial en la memoria de Viyuela y, asegura, estará muy presente el día de la entrega del premio.
A ello se suma la amistad que mantiene con Irene Pardo, directora del festival, y la admiración que siente por una localidad que considera un referente para el teatro español gracias a la singularidad de su histórico Corral de Comedias.
Un sueño pendiente: actuar en las calles
A pesar de su larga trayectoria en Almagro, Viyuela aún conserva algunos sueños por cumplir. Uno de ellos consiste en actuar en las calles de la localidad, más allá de los escenarios habituales.
El intérprete imagina recorrer la plaza y las calles encarnando a uno de aquellos ciegos que difundían romances populares por los pueblos de España. Un personaje ligado a la tradición oral, poética y teatral que le fascina y que le gustaría representar algún día en el marco del festival.
Un intercambio de corazones
Al finalizar la conversación, Viyuela recurre a una metáfora para explicar lo que supone para él regresar a Almagro. Más que dejar una parte de sí mismo, cree que se llevará mucho más de lo que pueda aportar.
Se define como una persona que intenta “beberse la vida”, absorber las experiencias, los lugares y las personas con las que se encuentra. Por eso está convencido de que volverá del festival con un pedazo del corazón de Almagro, del Corral de Comedias y de quienes forman parte de ese universo teatral que tanto significado tiene para él.
“Siempre me considero mucho más recompensado que aportador”, concluye, reflejando el espíritu de gratitud con el que afronta uno de los reconocimientos más importantes de su carrera.





