Este año hemos roto la baraja. Queremos que cada persona construya su propio festival
No queremos que la creatividad nazca de la precariedad; se crea mucho mejor con recursos
El auténtico escudo social son la cultura y la educación
Un festival para jugar, descubrir y participar
La directora del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, Irene Pardo, define la 49ª edición como un gran tablero de juego. Durante 25 días, el público podrá diseñar su propio recorrido entre casi doscientas actividades que abarcan teatro, música, danza, ópera, exposiciones, talleres, encuentros y propuestas participativas.
«Si otros años decía que Almagro era un festival de festivales, este año hemos roto la baraja», resume. La programación permitirá combinar montajes clásicos como El caballero de Olmedo, de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con versiones contemporáneas de Romeo y Julieta, exposiciones sobre las mujeres del Siglo de Oro, podcasts, coloquios, talleres gastronómicos o actividades familiares.
La intención, explica, es que cada visitante construya una experiencia distinta y sienta que forma parte del festival desde el mismo momento en que decide asistir.
Una fiesta cultural durante 25 días
Pardo concibe el festival como una auténtica celebración colectiva.
«No es solo una programación teatral; es una fiesta barroca de 25 días», señala.
Cada jornada está diseñada para que el visitante pueda enlazar actividades desde la mañana hasta la madrugada sin solapamientos excesivos: talleres infantiles, conferencias, exposiciones, conciertos, representaciones teatrales y espectáculos al aire libre conforman una oferta pensada para disfrutar Almagro durante todo el día.

Programación adaptada al verano
La organización también ha diseñado los horarios teniendo en cuenta las altas temperaturas de julio.
Las funciones de primera hora de la tarde se desarrollan en espacios convertidos en «refugios climáticos», como el Museo Nacional de Artes Escénicas o la iglesia de San Agustín, mientras que los espectáculos de las ocho de la tarde tienen lugar en recintos climatizados como el Teatro Municipal o Áurea.
Además, este año volverán a habilitarse autobuses desde Ciudad Real gracias a la colaboración con la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava, una iniciativa que busca facilitar el acceso al festival a personas que no disponen de vehículo propio.
El 50 aniversario, con la mirada puesta en el futuro
Aunque la próxima edición supondrá el medio siglo de historia del festival, Irene Pardo asegura que su prioridad sigue siendo el presente.
«Cada edición la vivo como si fuera la número cincuenta», afirma.
Aun así, reconoce que el aniversario será una ocasión especial para reflexionar sobre la evolución del certamen y, sobre todo, para proyectar su futuro.
«Queremos celebrar los 50 años pensando en los siguientes 50.»
Entre los logros de estos últimos años destaca la creciente presencia de público joven y la incorporación de nuevas generaciones de creadores y, especialmente, de directoras que encuentran en los textos del Siglo de Oro una herramienta para abordar los conflictos del siglo XXI.
Más recursos para garantizar el futuro
Uno de los mensajes más contundentes de la entrevista llega al abordar la financiación de la cultura.
Pardo reconoce el compromiso de las administraciones públicas, pero considera que el festival necesita una estructura económica más sólida que permita planificar con estabilidad y reducir la incertidumbre que generan los patrocinios privados.
«La cultura no puede depender cada año de si aparece o desaparece un patrocinador.»
La directora recuerda además el importante retorno económico del festival.
«Por cada euro invertido se generan cuatro euros para el tejido económico.»
Sin embargo, insiste en que el verdadero impacto va mucho más allá de las cifras.
El festival desarrolla programas educativos, recupera patrimonio teatral, impulsa nuevas producciones y visibiliza referentes históricos femeninos que durante décadas quedaron fuera del relato oficial.

La creatividad necesita recursos
Pardo rechaza uno de los argumentos más habituales en el ámbito cultural: que la falta de recursos estimula la creatividad.
«No estoy de acuerdo. Se crea mucho mejor con recursos.»
Considera que disponer de tiempo para investigar, ensayar y desarrollar procesos creativos de calidad permite obtener mejores resultados que trabajar bajo la presión constante de la precariedad.
«No queremos precariedad para activar la imaginación.»
A su juicio, el sector cultural ha vivido demasiado tiempo instalado en el entusiasmo como sustituto de los recursos, una situación que considera necesario revertir.
Una reivindicación compartida
La directora concluye lanzando un mensaje tanto a las administraciones como al conjunto de la sociedad.
Reivindica una mayor inversión pública en cultura y educación porque, sostiene, ambas constituyen la mejor herramienta para afrontar los retos sociales del presente.
«Tenemos que dejar de pensar que la cultura es algo menor. Es mayor.»
Con esa convicción afronta una nueva edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, un proyecto que, insiste, no puede entenderse únicamente como un evento de 25 días, sino como una infraestructura cultural permanente al servicio del patrimonio, la creación y la ciudadanía.






