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Año IXNúmero 465
20 JULIO 2026

Lucía Quintana: “El éxito es poder vivir de lo que amas”

Lucía Quintana
Lucía Quintana
El Teatro Español guarda una atmósfera especial. Sus pasillos, sus paredes y su escenario parecen contener siglos de historias, de personajes y de intérpretes que han pasado por uno de los espacios escénicos más emblemáticos de Madrid. Allí nos recibió Lucía Quintana, que hace unos meses formó parte del reparto de Tras el ensayo, una producción dirigida y versionada por Ernesto Caballero a partir del texto de Ingmar Bergman. La actriz habla con serenidad, entusiasmo y una pasión contagiosa por un oficio que lleva acompañándola toda la vida.

Quintana define Tras el ensayo como una obra profundamente humana. La historia se desarrolla después de un ensayo teatral y reúne a tres personajes: un director de escena, Henry Vogler —alter ego del propio Bergman—, una joven actriz que trabaja con él y Rachel, el personaje interpretado por Quintana, una actriz del pasado que reaparece en un momento crucial de la vida del director.

“La joven está trabajando con él en una producción y Rachel, que es mi personaje, es una especie de fantasma del pasado que regresa mientras él reflexiona sobre su vida, sobre su trabajo y sobre las decisiones que ha tomado”, explica.

Pero Rachel es mucho más que una aparición nostálgica. Su presencia funciona como una llamada de atención, como una cuenta pendiente que exige ser revisada.

“Creo que entre ellos quedaron muchas cosas sin resolver. De alguna manera ella vuelve para saldar cuentas. Hay algo justiciero en Rachel, una necesidad de ser vista, de seguir siendo vista. Pero también existe una voluntad de ayudarle, de obligarle a reflexionar y asumir responsabilidades”.

La actriz habla de Rachel con evidente admiración. No oculta que se trata de uno de esos personajes que cualquier intérprete desea encontrarse.

“Es un regalo. Una auténtica joya. Toca muchísimas profundidades del alma humana y atraviesa emociones muy distintas. Como actriz es un personaje muy gozoso porque te permite recorrer muchos estados. La entiendo muy bien y disfruto muchísimo haciéndola”.

Aunque conocía la película que Bergman realizó a partir de este texto televisivo de principios de los años ochenta, Quintana no había tenido oportunidad de ver otras adaptaciones teatrales. Precisamente por eso valora especialmente el trabajo realizado por Ernesto Caballero para trasladar el universo cinematográfico del autor sueco al lenguaje escénico.

“Bergman escribió esto para televisión y nunca llegó a montarlo como obra teatral. El lenguaje cinematográfico y el teatral son muy diferentes. Creo que Ernesto ha estado muy acertado porque ha sabido utilizar los recursos propios del teatro para contar esta historia. Ha sido un trabajo muy fino y muy inteligente”.

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Lucía Quintana en una imagen promocional de la obra ‘Tras el ensayo’

Un reencuentro creativo

La colaboración con Ernesto Caballero tiene además un componente personal. La relación entre ambos se remonta a los años de formación de la actriz en Madrid.

“Ernesto fue profesor mío cuando llegué a estudiar a la Escuela de Arte Dramático. También me dio oportunidades muy importantes en el Teatro de La Abadía mientras estudiaba en la RESAD. Lo conozco desde hace muchos años, como dramaturgo y como director”.

Desde entonces han coincidido en distintas producciones. La anterior había sido Jardiel, un escritor de ida y vuelta, en el Centro Dramático Nacional. Ahora, con Tras el ensayo, han vuelto a encontrarse en un proceso que Lucía describe como especialmente enriquecedor.

“Ha sido mucho más gozoso de lo que esperaba. Muy creativo. Hemos trabajado desde la confianza, desde la escucha y desde las aportaciones de todos”.

La actriz destaca también la calidad humana y artística de sus compañeros de reparto: Emilio Tomé y Elisa Hipólito.

De Tomé subraya su versatilidad como actor, dramaturgo, director y guionista. De Elisa Hipólito destaca no solo su talento sino también el simbolismo de compartir escenario interpretando a su madre.

“Es mi primera hija en escena”, comenta entre risas. “Y para mí ha sido un honor”.

Crecer entre bambalinas

Hablar con Lucía Quintana es hablar inevitablemente de teatro. Su historia personal está profundamente ligada a este mundo. Hija del actor y director Juan Antonio Quintana y de la escenógrafa y figurinista Meri Maroto, creció rodeada de escenarios, ensayos y compañías teatrales.

Cuando se le pregunta por los jóvenes actores procedentes de sagas familiares, responde con una mezcla de orgullo y objetividad.

“Creo que estamos viviendo un momento de muchísimo talento. Los jóvenes vienen muy preparados y con una formación extraordinaria. Pero es verdad que quienes hemos crecido en familias teatrales hemos tenido una escuela adicional”.

Esa escuela no se limitaba a los camerinos o a los viajes de gira.

“Hemos visto muchísimo teatro desde pequeños. En mi casa no había pereza para coger el coche y recorrer cientos de kilómetros para ver una función, un director o un actor concreto. Eso también forma a una persona”.

Por eso insiste en la importancia de que los jóvenes espectadores acudan al teatro.

“Siempre les digo que vean mucho teatro. Se aprende muchísimo observando a los grandes intérpretes. Es una escuela extraordinaria”.

Lucia Quintana by Sofia Torroja 1
Lucía Quintana

Una actriz disciplinada y apasionada

Cuando se le pide que se defina a sí misma, Lucía lo tiene claro.

“Soy una actriz que disfruta muchísimo actuando. También soy bastante disciplinada y me gusta seguir aprendiendo”.

Se considera una gran observadora y una aprendiz permanente.

“Me encanta ver trabajar a otros actores. Aprendo constantemente de mis compañeros, de los directores y de todas las personas con las que comparto proyecto”.

Esa curiosidad permanente es una de las claves de una carrera que ha transitado por múltiples registros y formatos.

“He tenido la suerte de trabajar con gente muy buena y eso te obliga a seguir creciendo. Soy bastante esponja y muy entusiasta. Amo profundamente esta profesión”.

Antes de convertirse en actriz profesional, sin embargo, hubo otros sueños.

“Quise ser trapecista”, recuerda sonriendo. “A mi padre le encantaba el circo y me llevaba siempre que podía. Ver a los artistas volar me parecía fascinante”.

También soñó con la danza, disciplina que practicó desde muy pequeña.

Al mirar hacia atrás reconoce que algo de aquella niña sigue intacto.

“Conservo el asombro. Todavía miro con admiración a los intérpretes que veo sobre un escenario o en una pantalla. Esa capacidad de sorprenderme sigue estando ahí”.

El éxito y la popularidad

La conversación deriva hacia una palabra tan habitual como escurridiza: éxito.

Para Lucía, el concepto tiene poco que ver con la fama.

“Depende de cómo lo entiendas. Para mí el éxito consiste en poder trabajar y vivir de aquello que amas”.

Desde esa perspectiva se considera una mujer afortunada.

“Me siento exitosa porque he conseguido dedicarme a lo que quería. Otra cosa es la popularidad o la visibilidad mediática. Eso son cuestiones distintas”.

La actriz recuerda que la interpretación es una carrera de largo recorrido, marcada por la incertidumbre.

“Hay momentos mejores y peores. Lo importante es estar en el presente y agradecer que puedes seguir haciendo lo que te gusta”.

Teatro, televisión y cine

A lo largo de su carrera ha trabajado en teatro, televisión y audiovisual. Cada medio le ofrece estímulos diferentes.

La televisión, asegura, le resulta especialmente divertida.

“He tenido la suerte de hacer proyectos muy distintos, desde comedias hasta dramas. Me gusta mucho esa variedad”.

Destaca especialmente las series de largo recorrido porque permiten acompañar a un personaje durante mucho tiempo.

“No saber qué le va a ocurrir, descubrir cómo evoluciona capítulo a capítulo, es muy estimulante”.

Sin embargo, el teatro ocupa un lugar único en su vida.

“El público es un personaje más. La energía que se genera en directo es algo muy poderoso. Cada función es diferente y eso no lo cambio por nada”.

Sobre el cine reconoce que le gustaría tener más oportunidades.

“He hecho muchos cortometrajes y me encantaría hacer más películas. Tenemos directores y directoras maravillosos”.

Aunque señala una diferencia fundamental.

“En el teatro manda el actor. En el audiovisual, quien manda es el director. El resultado final depende de muchos más factores”.

Maternidad, conciliación y madurez

Uno de los momentos más sinceros de la conversación llega cuando habla de la maternidad y de la dificultad de conciliar una carrera artística con la vida familiar.

Recuerda épocas especialmente exigentes, en las que coincidían ensayos por la mañana, funciones por la tarde y rodajes en los escasos huecos libres.

“Llegué a decirle a mi pareja que necesitaba concentrarme como un futbolista antes de un partido”, bromea.

Lucia Quintana by Sofia Torroja 4
Lucía Quintana

Sin embargo, la realidad era muy distinta.

“Con hijos no puedes aislarte. Tienes que estar presente para muchas cosas al mismo tiempo. Eso hace que la creatividad nazca desde lugares diferentes”.

Aun así, no se arrepiente de las decisiones tomadas.

La única duda que reconoce tiene que ver con haber retrasado la maternidad por motivos profesionales.

“Hubo un momento en que pospuse tener hijos por un personaje. No me arrepiento exactamente, pero quizá hoy no volvería a hacerlo”.

Entiende que cada vez resulta más complicado para las nuevas generaciones formar una familia.

“Las condiciones son difíciles para todo el mundo. Y en una profesión tan inestable como esta todavía más”.

El legado de Juan Antonio Quintana y Meri Maroto

En su camerino siempre la acompañan varias fotografías. Una de sus hijos. Otra de su pareja y su familia. Y una especialmente significativa: la de sus padres.

Al hablar de Juan Antonio Quintana, la emoción aparece inevitablemente.

“Era un hombre orquesta. Un apasionado absoluto del teatro”.

Recuerda cómo compaginaba su trabajo como profesor con la gestión de compañías, ensayos, giras y producciones.

“Yo le vi hacer auténticas locuras. Terminar una función, conducir durante horas para dar clase al día siguiente y volver inmediatamente a otra función”.

Hace unos años impulsó un libro dedicado a preservar la memoria artística de sus padres: Los Quintana Maroto. Una historia de amor.

“Sentía la necesidad de dejar constancia de aquella época y de todo lo que hicieron”.

La publicación recoge fotografías, escenografías, figurines, documentos y testimonios que ayudan a entender una etapa fundamental del teatro independiente español.

Las obras que dejaron huella

Cuando se le pregunta por los montajes más importantes de su carrera, le resulta imposible elegir uno solo.

Recuerda especialmente Tío Vania, porque fue la obra tras la cual su padre le animó definitivamente a marcharse a Madrid para formarse como actriz.

También menciona Santiago de Cuba y Sierra España, dirigidas por Ernesto Caballero, así como los trabajos realizados junto a Alfredo Sanzol en sus primeros años profesionales.

A esa lista suma producciones como Las bicicletas son para el verano, Maribel y la extraña familia o La reina de la belleza.

“Cada montaje ha significado algo distinto. Cada uno llegó en un momento determinado y me enseñó cosas diferentes”.

Después de más de cuarenta producciones teatrales, Lucía Quintana sigue hablando del escenario con la misma ilusión que aquella niña que soñaba con volar en un trapecio.

Quizá por eso, cuando se le pregunta si volvería a elegir esta misma vida, la respuesta surge inmediata. “Sí. Volvería a ser actriz”.

Y lo dice sin nostalgia, sin reservas y con la serenidad de quien ha encontrado su lugar en el mundo. Porque para Lucía Quintana el éxito, al final, sigue siendo exactamente eso: poder dedicar la vida a aquello que ama.

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