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Año IXNúmero 470
20 AGOSTO 2026

La danza como resistencia: Muriel Romero reivindica el poder de las artes vivas

Muriel Romero, directora de la Compañía Nacional de Danza
Muriel Romero, directora de la Compañía Nacional de Danza
La directora de la Compañía Nacional de Danza hace balance de sus casi dos años de gestión, analiza los retos estructurales del sector y presenta Struere, el nuevo programa que llega al Centro de Danza Matadero con obras de Luz Arcas y Kor’sia.

La Compañía Nacional de Danza vive un momento de intensa actividad. Después de presentar Struere en el Centro de Danza Matadero, su directora, Muriel Romero, hace balance de un periodo que define como especialmente fértil para la institución. Tras casi dos años al frente de la compañía, observa cómo muchas de las líneas maestras que planteó en su proyecto de dirección comienzan a materializarse.

Romero habla con satisfacción de un camino en el que se han cumplido algunos de los objetivos que se propuso al asumir el cargo: incorporar a destacados creadores internacionales, recuperar colaboraciones históricas y abrir nuevas oportunidades para la creación española. Nombres como Johan Inger, Jacopo Godani o Marcos Morau han formado parte de una programación que busca combinar tradición y contemporaneidad, mientras que producciones como Serenade, Paquita, Raymonda o Don Quijote han servido para tender puentes entre distintas etapas de la historia de la compañía.

Pero, por encima de todo, la directora destaca el crecimiento artístico de los bailarines. “Mi objetivo principal era que se alimentaran de bailar”, explica. La versatilidad y la capacidad de adaptación a lenguajes coreográficos muy diversos forman parte de una apuesta que también ha llevado a la compañía a desarrollar giras nacionales e internacionales, incluyendo recientes actuaciones en ciudades como Shanghái y Pekín.

Muriel Romero (3)
Muriel Romero, directora de la Compañía Nacional de Danza

Su experiencia previa como bailarina, coreógrafa y gestora cultural ha sido determinante en la construcción de su proyecto. “Tengo todas esas facetas dentro de mí”, reconoce. Tras una larga carrera interpretativa y más de quince obras coreográficas creadas durante su etapa en Suecia, Romero asegura que la dirección le ha permitido descubrir una dimensión diferente: la del liderazgo humano. Gestionar un equipo de alrededor de cien personas implica afrontar retos que van mucho más allá de la programación artística.

Entre las dificultades más importantes señala la necesidad de actualizar las estructuras laborales de las unidades artísticas estatales. Considera que los convenios vigentes han quedado obsoletos y que tanto bailarines como técnicos necesitan mejores condiciones para responder a las exigencias actuales del sector. No obstante, confía en los procesos de negociación abiertos entre sindicatos, Ministerio de Cultura, INAEM y compañías para alcanzar acuerdos que permitan modernizar el sistema.

En este contexto, valora positivamente la reciente creación de la Oficina de Difusión de la Danza. Más allá de los beneficios directos para la Compañía Nacional de Danza, considera que cualquier iniciativa institucional destinada a fortalecer el sector contribuye al crecimiento colectivo. “Todo suma”, afirma. La posibilidad de generar nuevas conexiones con festivales, programadores y espacios escénicos constituye, a su juicio, una herramienta fundamental para ampliar la presencia de la danza en el territorio.

Muriel Romero (2)
Muriel Romero, directora de la Compañía Nacional de Danza

La conversación se traslada entonces al programa Struere, que pudo verse en el Centro de Danza Matadero. El título, que remite al concepto de estructura, da nombre a un díptico compuesto por dos creaciones contemporáneas.

La primera es Masa, de la coreógrafa malagueña Luz Arcas, inspirada en el ensayo Masa y poder de Elias Canetti. La obra explora la dinámica colectiva y las transformaciones que experimentan los grupos humanos cuando adquieren una identidad propia. Sobre el escenario, un numeroso elenco de bailarines construye una poderosa reflexión sobre la sociedad contemporánea a través del singular lenguaje coreográfico de Arcas.

La segunda pieza, Tablero, lleva la firma de Antonio de Rosa y Mattia Russo, directores de la compañía Kor’sia y antiguos bailarines de la Compañía Nacional de Danza durante la etapa de José Carlos Martínez. Para Romero, su regreso como creadores invitados tiene un valor especial. “Era importante que volvieran a casa como coreógrafos”, explica.

La obra se inspira en el concepto de la plaza como espacio de encuentro y convivencia. A través de referencias que atraviesan distintas épocas de la cultura española, desde el Siglo de Oro hasta ecos quijotescos, Tablero reflexiona sobre la comunidad, la comunicación y las relaciones humanas en un tiempo marcado por la transformación de los espacios públicos y las nuevas formas de interacción.

Romero reconoce que le gusta dotar de identidad conceptual a cada programa mediante un título que conecte las distintas obras. Es una práctica habitual en muchas compañías internacionales y que permite ofrecer al espectador una lectura más amplia de la programación.

Preguntada por el estado actual de la danza en España, se muestra moderadamente optimista. La apertura del Centro de Danza Matadero y la creación de la Oficina de Difusión de la Danza representan, a su juicio, dos hitos fundamentales para el sector. Celebra especialmente la existencia de un espacio dedicado íntegramente a la danza, capaz de acoger tanto a compañías nacionales como a grandes formaciones internacionales.

Sin embargo, su mirada no ignora las incertidumbres del contexto global. La violencia, los conflictos internacionales y la inestabilidad social generan preocupación también en el ámbito cultural. Romero recuerda cómo la historia ha demostrado que las guerras y las crisis afectan inevitablemente a la creación artística, aunque reivindica el papel esencial de la cultura en los momentos más difíciles.

Muriel Romero (1)
Muriel Romero, directora de la Compañía Nacional de Danza

“La danza siempre sobrevivirá”, sostiene. Para ella, las artes escénicas constituyen una necesidad humana, una forma de encuentro y una reivindicación del cuerpo frente a la aceleración tecnológica y las dinámicas contemporáneas.

Respecto al estado actual de la compañía, se muestra satisfecha con la evolución de sus intérpretes. Considera que están creciendo tanto técnica como artísticamente y que avanzan en la dirección deseada, aunque insiste en que se trata de un proceso continuo.

La próxima temporada continuará esa línea de trabajo. Tras el verano, la Compañía Nacional de Danza regresará al Teatro de la Zarzuela con Aion, un programa que reunirá una nueva creación de David Dawson, Paquita y Second Detail. El título alude al concepto griego del tiempo eterno y sirve para establecer un diálogo entre la herencia clásica de Marius Petipa y la creación contemporánea.

Como en toda la trayectoria que está construyendo al frente de la compañía, Romero apuesta por un equilibrio entre tradición y vanguardia. Una convivencia que, en su opinión, define la esencia de una compañía nacional de danza y garantiza que el lenguaje clásico siga proyectándose hacia el futuro.

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