Ser actriz es una fortuna, pero también una profesión marcada por la intermitencia y la precariedad
Me voy tranquila de la Unión de Actores porque he dado todo lo que podía dar
Silvia de Pe vive uno de los momentos más intensos de su carrera. Sobre las tablas del Teatro de la Comedia encarna a Laura, la princesa de Bohemia protagonista de La vengadora de las mujeres, una de las obras más sorprendentes de Lope de Vega por la modernidad de su discurso. La producción, dirigida por Carlos Martín y coproducida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Teatro del Temple, emprenderá en julio una nueva etapa dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.
Para la actriz zaragozana, el personaje supone un reto tanto físico como intelectual. «Es una mujer valiente, brillante y muy culta. Me hace disfrutar muchísimo, pero también me agota», reconoce entre risas. Lo verdaderamente llamativo, explica, es comprobar cómo las reflexiones de Laura mantienen una vigencia sorprendente cuatro siglos después de haber sido escritas.
«Con mis compañeras hemos hablado muchas veces de cómo este texto resuena todavía hoy. Es increíble que una obra escrita hace 400 años siga planteando cuestiones que seguimos debatiendo en 2026. Es una mujer tremendamente moderna.»
De Pe también reivindica la figura de Lope de Vega como un autor especialmente sensible hacia la educación femenina. Recuerda la impresión que le produjo visitar la casa del dramaturgo y descubrir que sus hijas disponían de pupitres donde estudiar y aprender a leer y escribir.
«Me sorprendió muchísimo. Eso demuestra que realmente le importaba que las mujeres fueran cultas.»
Libertad para crear
La actriz destaca la complicidad vivida durante el proceso de ensayos bajo la dirección de Carlos Martín. Define el montaje como un espacio de absoluta libertad creativa.
«Soy una actriz muy impulsiva, necesito probar, moverme, equivocarme, jugar. Carlos me ha permitido hacer todo eso y ha sido muy enriquecedor.»
Ese ambiente de confianza se ha trasladado también al reparto, integrado, entre otros, por Secun de la Rosa, Itziar Miranda, Nacho Rubio y Lorena Verdún.
«Cuando te haces mayor lo que buscas es trabajar con buena gente. Hemos creado una familia. Nos hemos reído muchísimo y esa confianza se nota luego sobre el escenario.»

Almagro, un lugar mágico
El estreno en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro supone un nuevo paso para la producción. De Pe habla del certamen manchego como uno de los lugares más especiales para cualquier intérprete.
«Almagro es un lugar mágico. Es un encuentro con la profesión, con los compañeros y con el público. Puedes ver otros espectáculos, conversar después con la gente en una terraza… es un auténtico lujo.»
Tanto disfruta del ambiente que ha decidido prolongar su estancia unos días más para asistir a otras representaciones.
De una casquería al teatro
Silvia de Pe nació en Zaragoza y creció entre los mostradores de la casquería familiar instalada en un mercado. Sus padres jamás imaginaron que aquella niña terminaría dedicándose al teatro.
«Mi padre siempre decía: «¿De dónde le viene esto?». Hasta que un día concluyó que debía heredarlo de mi abuela, que quería ser bailarina.»
La vocación apareció muy pronto. Tras probar sin éxito distintas actividades extraescolares, encontró su lugar cuando llegó el teatro.
«Fue descubrirlo y volverme loca. Llegué a casa diciendo que me habían enseñado a hablar con la tripa.»
Desde entonces no ha dejado de formarse. Estudió en Madrid, completó su aprendizaje en Londres y regresó convencida de que la capital era el lugar donde desarrollar su carrera.
«Soy muy tozuda y muy trabajadora. No sé hacer otra cosa que esto.»
Un oficio apasionante… y precario
A pesar del buen momento profesional que atraviesa, Silvia de Pe no oculta las dificultades que sigue arrastrando la profesión.
«Conseguir un trabajo como este es una auténtica fortuna. Somos muchísimos más actores que proyectos.»
Considera que la precariedad continúa siendo uno de los principales problemas del sector, obligando a muchos profesionales a compaginar la interpretación con la docencia u otros empleos.
«España sigue siendo un país complicado para la cultura. Hay mucho trabajo mal pagado y mucha gente en paro.»
Cuatro años al frente de la Unión de Actores
La conversación coincide además con el final de otra etapa importante de su vida. Apenas un día antes de la entrevista había presidido su última asamblea como secretaria general de la Unión de Actores y Actrices.
«No voy a repetir mandato. Me voy tranquila porque creo que es mejor marcharse con energía que quedarse cuando ya no puedes dar el cien por cien.»
Su elección supuso un hito histórico: fue la primera mujer en ocupar el máximo cargo del sindicato en sus tres décadas de existencia.
Durante estos cuatro años destaca avances importantes dentro del denominado Estatuto del Artista, especialmente en materia de intermitencia laboral, fiscalidad y protección social.
«Se han conseguido muchas cosas, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.»
De Pe insiste además en la necesidad de fortalecer el sindicalismo dentro de la profesión.
«Los actores tenemos que aprender a organizarnos más. Un sindicato solo funciona si quienes forman parte de él participan.»
El proyecto de su vida
Aunque reconoce sentirse especialmente cómoda trabajando el verso clásico, existe una producción que ocupa un lugar muy especial en su trayectoria: El caballero incierto, un proyecto personal que tardó cuatro años en sacar adelante.
«Es el trabajo de mi vida. Me empeñé en hacerlo y terminé consiguiéndolo gracias al apoyo de muchas mujeres que confiaron en mí.»
La actriz continúa representándolo siempre que su agenda se lo permite, convencida de que seguirá acompañándola durante muchos años.
El teatro como verdad viva
Cuando se le pregunta qué busca como espectadora, la respuesta trasciende cualquier género o estilo.
«Lo que me emociona es ver algo vivo sobre un escenario. Cuando un montaje está vivo se nota inmediatamente.»
Y cuando piensa en el futuro, no habla de premios ni de popularidad. Habla simplemente de seguir trabajando con los directores que admira y de continuar creciendo sobre las tablas.
Porque, como reconoce al final de la conversación, antes incluso que la cabeza, siempre responde el cuerpo.
«Cuando recibes la llamada para un proyecto importante, lo primero que sientes es miedo. Piensas: ¿estaré a la altura? Pero inmediatamente después llega la ilusión. Y ahí sabes que sigues enamorada de esta profesión.»






