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Año IXNúmero 464
10 JULIO 2026

Cleopatra enamorada, el musical: la reina más allá del mito

Un instante de la representación
Un instante de la representación
El Teatro La Latina acoge una de las producciones del Festival de Mérida, un musical que reivindica a Cleopatra como gobernante sin renunciar a su dimensión más humana.

Como ya es tradición, el Teatro La Latina vuelve a ser, durante julio, una extensión del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. El teatro madrileño acoge algunas de las producciones más representativas de la pasada edición del certamen, lo que permite al público disfrutar de estos montajes sin desplazarse hasta la capital extremeña y prolonga la vida escénica de las propuestas que pasaron por el Teatro Romano de Mérida. En ese contexto llega Cleopatra enamorada, el musical.

La acción se sitúa en los últimos años del Egipto ptolemaico. Cleopatra lucha por preservar el futuro de su reino y el de sus hijos, y mantiene con Marco Antonio una relación decisiva tanto para su destino como para el equilibro de poder frente a la expansión de Roma. A su alrededor se entrecruzan las ambiciones de Octavio y la influencia de una enigmática sacerdotisa, cuya presencia acompaña el desarrollo de una historia donde el amor, la política y la tragedia avanzan de la mano.

Llevar la figura de Cleopatra al teatro musical es, de entrada, una apuesta poco frecuente en la escena española. Aunque la última reina de Egipto ha inspirado innumerables películas, novelas y óperas, su presencia en los escenarios españoles ha sido mucho más esporádica en las últimas décadas y, salvo contadas excepciones como Antonio y Cleopatra o César y Cleopatra, apenas ha protagonizado montajes de gran formato. La adaptación de Florián Recio recupera así a uno de los personajes más fascinantes de la Antigüedad desde un lenguaje capaz de combinar historia, emoción y espectáculo, acercando su figura a un público mucho más amplio.

Lo más destacable de la adaptación del también poeta y ensayista es la Cleopatra que dibuja, mucho más compleja de lo que suele mostrar el imaginario popular. El libreto recupera a la gobernante decidida que lucha por preservar el futuro de Egipto, pero también a la mujer que ama, duda y se enfrenta al coste personal de cada decisión. Ambas dimensiones conviven con naturalidad y encuentran un tercer plano en la dimensión casi sagrada que adquiere su relación con Marco Antonio. La obra recupera la antigua identificación de ambos con las divinidades: Cleopatra encarna a Isis, asimilada por los griegos a Afrodita, y Marco Antonio a Dioniso. Su unión trasciende el romance y se convierte en una alianza de profundo significado político, espiritual y simbólico.

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Un instante de la representación

Como toda adaptación de un episodio histórico de esta envergadura, el libreto se permite determinadas licencias dramáticas. La reducción de personajes, la simplificación de algunos episodios históricos o la reinterpretación del desenlace responden a la necesidad de condensar una historia de enorme complejidad en poco más de dos horas de función. Florián Recio selecciona con acierto los acontecimientos esenciales y los ordena para construir una narración de ritmo constante, donde alianzas, conspiraciones, traiciones y luchas de poder se suceden con naturalidad. Esa acertada gestión de los conflictos permite que la tensión dramática crezca de forma progresiva hasta alcanzar un desenlace de gran intensidad.

La música original de Shuarma es uno de los pilares del espectáculo. Bajo la dirección musical de Pablo Solo, una orquesta reducida acompaña en directo toda la función y da cuerpo y calidez a una partitura que gana presencia sobre el escenario. Lejos de buscar el efectismo o la sucesión de grandes números independientes, las canciones nacen al servicio del relato y ayudan a contextualizar los acontecimientos históricos, explicar las motivaciones de los personajes y reforzar el pulso dramático de la historia. La partitura se mueve en un terreno próximo a la ópera rock, con ecos del pop-rock de finales de los setenta y los ochenta, y teje melodías de marcado carácter coral que, en algunos momentos, adquieren un aire casi litúrgico. Temas como “Tengo una visión”, “Cantad, vosotros cantad” o el recurrente “Rezaré”, rezaré ejemplifican esa identidad musical y le dan personalidad al montaje, sosteniendo una atmósfera que acompaña con coherencia el viaje de Cleopatra y Marco Antonio.

Ignasi Vidal afronta su primera dirección en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con una puesta en escena que consigue conjugar la espectacularidad propia del género con la claridad narrativa que exige un episodio histórico de esta complejidad. Uno de los principales riesgos de una producción de estas características es que el peso de la historia, la acumulación de referencias o la coexistencia de varias tramas desorienten al espectador. Sin embargo, el director mantiene siempre el control del relato gracias a una definición precisa de los personajes y de los intereses que mueven a cada uno de ellos. El juego de alianzas, traiciones y luchas de poder se comprende con facilidad, las escenas se enlazan con naturalidad y los números musicales se integran en el desarrollo dramático sin percibirse como interrupciones. A ello contribuye un marcado carácter ceremonial que envuelve la función y refuerza la dimensión simbólica y espiritual del libreto, sin perder de vista el conflicto profundamente humano que sostiene la historia.

Natalia Millán sostiene el peso de la función con una Cleopatra de enorme presencia escénica. “Ver, oír y pensar es el deber de una reina” es una de las ideas que vertebran el personaje y sintetiza la concepción del poder que defiende a lo largo de la obra. La actriz interpreta a una reina en la que se funden la determinación de la gobernante, la fragilidad de la mujer enamorada, la preocupación por el futuro de sus hijos y la dimensión casi divina que plantea el libreto. A ello se suma una interpretación vocal de alto nivel, capaz de afrontar con seguridad los pasajes de mayor intensidad dramática.

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Un instante de la representación

Por su parte, Álex O’Dogherty presenta a un Marco Antonio alejado de la imagen solemne que suele acompañar al personaje histórico. Su primera aparición dibuja a un hombre hedonista, narcisista y despreocupado, más pendiente de disfrutar del presente que de las consecuencias de sus actos, hasta que la irrupción de Cleopatra da un nuevo sentido a su vida y le ofrece un motivo por el que luchar. Este polifacético actor y monologuista refleja esa evolución con naturalidad y encuentra junto a Millán una complicidad que da credibilidad a una de las grandes historias de amor de la Antigüedad.

Jokín González y Martina Vidal aportan frescura al montaje en los papeles de Cesarión y Selene. La juventud, el inconformismo y la rebeldía que transmiten ambos personajes contrastan con el peso de las decisiones políticas que rodean a Cleopatra y ofrecen algunos de los momentos más luminosos de la función. Los dos actores se implican plenamente en sus papeles y refuerzan el lado más humano de la reina: son ellos quienes recuerdan, en última instancia, cuál es el verdadero legado que intenta proteger.

El reparto secundario completa el entramado dramático de la obra. Virginia Muñoz dota a Berenice del halo de misterio que exige una sacerdotisa encargada de recordar las profecías y acompañar a Cleopatra en su dimensión más espiritual. Paco Morales interpreta a Demetrio como un hombre movido por la ambición y el deseo de alcanzar el poder que considera merecer. Beatriz Ros, por su parte, da vida a Marcina, una esclava marcada por el anhelo de libertad, una motivación que gana relevancia conforme avanza la historia.

El coro participa de forma natural en el desarrollo de la acción y adquiere una función dramática que va más allá del apartado musical. Aunque el montaje prescinde de grandes escenografías, la combinación de iluminación, vestuario y elementos escénicos recrea con acierto la atmósfera del Egipto helenístico y define con claridad los distintos espacios por los que transcurre la historia.

Dirección: Ignasi Vidal

Adaptación: Florián Recio

Dirección musical: Pablo Solo

Reparto: Natalia Millán, Álex O’Dogherty, Paco Morales, Jokín González, Martina Vidal, Beatriz Ros y Virginia Muñoz.

Coro: Martina Vidal, Vicky Condomí, Ruth García Expósito, Hodei Iriarte, Álex Signoretti y Jesús González.

Músicos: Pablo Solo, Manu Garaizabal, Fernando Bolado y Willie Planas.

Ayudante de dirección: Pedro Macarro

Composición musical: Shuarma

Coreografía: Amaya Galeote

Escenografía: David Pizarro

Iluminación: Sergio Gracia y Daniel Sánchez

Sonido: Poti Martín

Vestuario: Jesús Ruiz

Coordinador de producción: Hermann Müller

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