Masescena - Entrevistas

AÑO V  Número 214

21 SEPTIEMBRE 2021

Hasta el día 10 estará Silvia Marsó en el Teatro Galileo de Madrid con la arriesgada puesta en escena que ha decidido producir y protagonizar, 24 horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig. Una producción que a nuestra protagonista le está produciendo algún que otro quebradero de cabeza, pero también grandes alegrías. Quedó prendada de este musical de pequeño formato desde que la vio en París. Y no dudó en traerla a España convencida de que al público nacional le gustaría. Y cierto es que nadie queda impasible ante las dotes artísticas de Silvia Marsó y cómo se deja la piel en escena noche tras noche dando vida a la protagonista femenina de la novela de Zweig. He de reconocer que es muy fácil caer rendido a los pies de semejante actriz y mujer.

La primera vez que Masescena tuvo contacto directo con Natalia Menéndez fue en la 40 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Una especial edición en la que la revista hizo un despliegue importante para celebrar la efeméride de la cita manchega. No sólo sacó a flote un buque insignia de la cultura barroca de nuestro país, sino que, además, lo dejó saneado en materia económica. Pero ese año se despidió del Festival para emprender otro camino que ella misma calificó como más artístico. Masescena, en aquella edición, tuvo la ocasión de conocer la programación de la mano de Natalia Menéndez.

Un recuerdo de la niñez de Natalia Menéndez son esos artilugios que aún existen en los parques infantiles, de hierro, y que forman una especie de semicircunferencia, el cual podías cruzar por su parte superior, o cruzarlo por su parte inferior colgado de sus tramos. Es un artilugio que le gustaba mucho transitar. Las siete de la mañana es la mejor hora del día para nuestra protagonista que de pequeña quería ser todas las profesiones del mundo. El juguete de la infancia que recuerda con más cariño es un oso de peluche marrón. Su primera oportunidad vino de la mano de la compañía de Carmen de la Maza. En una fiesta de carnaval se disfrazaría de India Arapahoe. Se mira poco en los espejos, pero intenta mirarse, aunque le cuesta. La boca es el rasgo físico del que se siente más orgullosa, y en la adolescencia asegura que es donde ha sentido mayor vergüenza. Tiene muchas canciones favoritas, y depende de la época y del momento del día o de la noche, que preferiría unas u otras. Tiene miedo a la enfermedad y sería capaz de mentir por salvar la vida. Reconoce no perder los nervios habitualmente, pero también reconoce que en algún momento los ha perdido. Envidia al otro sexo que puedan hacer pis de pie. El invento de la rueda, entre otros, es el hecho de la historia de la humanidad que le produce más admiración. Reconoce que la humanidad cuando tira hacia una estética no violenta le produce mucha admiración. Pero la guerra es sin lugar a dudas el hecho de la historia de la humanidad que le produce mayor rechazo. A veces utiliza los refranes, y en nuestro encuentro destaca aquel que dice: “Después de la tormenta, llega la calma”. Todos los hechos tecnológicos le cuesta comprenderlos porque se reconoce muy ‘torpe’ (risas). Pero si tuviera que destacar alguno sería el fax. Su infierno particular, después de pensar unos segundos, decide no poderlo contar. Le hubiese encantado ser la protagonista de la película To be or not to be. Por último, tampoco puede confesar con quién pasaría una noche, aunque fuera para charlar.

Es verdad que en este mundo en el que vivimos de prisas, de pandemia, de extremar las precauciones, y de tener mil cosas en la cabeza, cada vez nos paramos menos a observar. Los personajes del mundo de la danza, del teatro, de la lírica, y, en definitiva, de las artes escénicas, siempre nos llaman poderosamente la atención. Pero en el caso de Cecilia Gessa, he de reconocer, que nos ha cautivado, y nos ha robado el corazón. Porque desde la distancia no podíamos pensar que su corazón fuera tan grande, y sus ganas de mejorar el mundo tan infinitas. Además, a eso hay que unirle su gran talento artistico.

El actor madrileño está en la actualidad interpretando a Macbeth en el Teatro María Guerrero de Madrid, proyecto del recientemente desaparecido Gerardo Vera y que ha dirigido Alfredo Sanzol intentando respetar las notas del propio Vera. Carlos López Hipólito, quien adoptara para su nombre artístico el apellido de su madre, quizás por el inmenso cariño que le tenía, es hijo de un arquitecto y una ama de casa. Empezó a ser espectador de teatro gracias a su madre, muy aficionada, cuya mayor satisfacción era llevar a sus hijos a ver las funciones del Teatro María Guerrero en Madrid, donde precisamente hoy es protagonista de la obra que ocupa la sala principal.

Las diez de la mañana es la mejor hora del día para María Pagés. De pequeña tenía muy claro que quería ser bailaora. En esa misma etapa de su vida no tenía muchos juguetes, es por ello que no recuerda con cariño ninguno de ellos. La oportunidad más importante de su carrera artística le vino de la mano de Antonio Gades, que le hizo bailar un pequeño solo antes de tener su propia compañía. Pero reconoce que ha habido muchas oportunidades de mucha gente. Nunca se le ocurre de qué poderse disfrazar en carnaval. Cuando se encuentra sola de frente a un espejo lo que hace es ponerse las gafas. El rasgo físico del que se siente más orgullosa es la nariz. Es muy vergonzosa y muy tímida. Reconoce pasar vergüenza en muchas ocasiones. Cree que las dos cosas están conectadas. Un cante por Tarantos es su canción favorita. Tiene miedo a la incertidumbre. El miedo es algo en lo que están trabajando en profundidad en el proceso creativo de Paraíso de los negros. Sería capaz de mentir para salvar la vida a alguien. Y reconoce no perder los nervios. Al sexo masculino no le envidia nada, porque la envidia no conduce a nada, apostilla. La Declaración de los Derechos Humanos es el hecho de la humanidad que le produce mayor admiración, y la injusticia y la pena de muerte le produce mucho rechazo. Un refrán que le hace mucha gracia es el que dice “Dime de lo que presumes que te diré de lo que careces”. El hecho tecnológico que más le cuesta comprender es la bomba atómica. Reconoce que todos tenemos nuestro infierno particular, nuestro miedo. No le gustaría ser protagonista de ninguna película porque reconoce que se “chafaría”. Le gustaría pasar una noche con su padre, para conversar y hablar de cosas de las que no pudo. Y él ya no está... María Pagés llora, es llorona. María Pagés es la cabeza visible de un espacio cultural en el que cuando llegas te sientes como en casa. Y a eso ayuda, y mucho, un compañero de viaje muy especial, que habla de los proyectos y los logros con más pasión que la propia Pagés. Sería muy injusto no citarlo. Él es El Arbi El Harti.

Marcos Pereira y Ángela Ibáñez son los actores sordos que protagonizan la recién estrenada obra Tribus, una propuesta que conmueve y que será accesible para personas con discapacidad auditiva en todas sus funciones. Dirigida por Julián Fuentes y con el texto de la dramaturga inglesa Nina Raine, la obra reflexiona sobre la incomunicación y sus límites en la sociedad actual. La obra también será accesible para personas con discapacidad visual los días 3 y 4 de diciembre. 

Joaquín De Luz nació en un pequeño pueblo de Madrid y es allí donde comienza su andadura dancística empujado por su madre. Comenzó sus estudios de ballet en la escuela de Víctor Ullate. En 1992 ingresó en la compañía de Ullate en la que permaneció tres años. En septiembre de 1996, el Ballet de Pennsylvania le ofrece formar parte de la compañía como bailarín solista. En diciembre de 1997, ingresó en el cuerpo de baile del American Ballet Theater en Nueva York, siendo nombrado un año después bailarín solista. En 2003 se incorporó como bailarín solista al New York City Ballet y fue nombrado bailarín principal dos años después en 2005. Joaquín De Luz ha intervenido como artista invitado con numerosas compañías internacionales como la Compañía Nacional de Danza, American Ballet Theater, San Francisco Ballet, Stanivslasky Theater en Moscú, Ballet del Teatro Colón de Buenos Aires y el Ballet Nacional de Cuba, entre otras. En 2008 se convierte en director artístico de la compañía de danza Estrellas del ballet de Nueva York, compañía con la que realizó giras por Europa, Asia, Estados Unidos y Sudáfrica. Desde 2018 compagina su faceta de coreógrafo y director artístico, con la de docente como maestro en el School of American Ballet en Nueva York, en la escuela JKO y en el Studio Company del ABT, la Escuela de Danza de Marat Daukayev en Los Ángeles y en la Rock School de Philadelphia siendo requerido por diferentes instituciones para impartir numerosos cursos y clases magistrales internacionalmente. El 28 de marzo de 2019 el INAEM, Ministerio de Cultura y Deporte del Gobierno de España, anuncia su nombramiento como director de la Compañía Nacional de Danza de España (CND), sucediendo a José Carlos Martínez, cargo que pasó a ocupar a partir del 1 de septiembre de 2019.

El bailarín, coreógrafo y director artístico alicantino Gustavo Ramírez (San Fulgencio, 1978) es el creador de una nueva pieza que IT Dansa, la joven compañía de danza del Institut del Teatre, incorporará en su repertorio a partir de 2021. Con esta ya serán cuatro las colaboraciones de Ramírez con IT Dansa tras "TI.TO" (2003), "Flabbergast" (2005) y "En busca de" (2008). Para el artista, que goza de reconocimiento como coreógrafo en el ámbito internacional, volver al Institut del Teatre, donde se formó en danza contemporánea en el Conservatorio Profesional de Danza (CPD), es un placer y una manera de agradecer todo lo que el centro le dio en su etapa de formación.

Incansable, inagotable, luchadora, comprometida con la situación actual de la mujer. Pero sobre todo, generosa. Generosa con la palabra. Gran conversadora, y como buena actriz y directora, capaz de llevarte a su terreno sin poder sucumbir a sus encantos. Estrenó hace pocos meses, en medio de todo este follón pandémico de la COVID-19 que tenemos encima, la comedia de Anthony Nielson "Los mojigatos". No sólo dirige la comedia, sino que, además, firma la versión y la escenografía minimalista de la producción, cuyo productor es Jesús Cimarro.

Cecilia Solaguren (Bilbao, 1970) es una actriz que podríamos definir como “todoterreno”. Hace dos años pasaba por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, en la producción de “La dama duende” dirigida por Helena Pimenta, y menos aún, por el Teatro Español, con la producción “Los otros Gondra”. De esos registros dramáticos se ha pasado a la comedia. Se ha puesto en manos de Magüi Mira, y es la mejor “partenaire” que podría tener Gabino Diego en "Los mojigatos".

Una actriz potente, que ha trabajado con los más grandes de la escena de nuestro país, y que actualmente se encuentra en el Teatro Bellas Artes de Madrid interpretando a la mujer de “Los mojigatos”, de Anthony Nielson. Y allí es donde nos recibe, para compartir con nosotros su experiencia “mojigata”.

De lo que siente mayor orgullo es de ser hijo de la mejor actriz que ha dado España en los últimos tiempos, de Concha Velasco. A los ocho años ya tenía una cámara de vídeo donde recogía sus primeros trabajos. Su madre le ayudó en numerosas ocasiones como actriz de sus primeros trabajos. Aunque está más relacionado con el mundo del cine y la televisión, Manuel irrumpió en la primera división del teatro escribiendo y dirigiendo otra obra de teatro para su madre. ‘El funeral’ les llevó por toda España con gran éxito de crítica y público. Antes, ya había hecho otros trabajos. Un tipo de teatro menos comercial y más alternativo, en la sala Microteatro por dinero.

José Carlos Plaza es uno de los directores más importantes del panorama teatral español del momento. Ama profundamente la lírica, el teatro musical, la zarzuela. El Teatro como expresión de algo vivo, como un acto contemporáneo que sucede delante de nosotros y que desaparece como escampan las tormentas.

Teatro es la forma de vida que José Carlos Plaza eligió para nuestra suerte, o tal vez fuera el teatro quien lo escogiera. La escena salió ganando. El público. El arte.

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