Masescena - El espacio Miguel Narros se convierte por un día en el "Folies Bergère" de la Mancha gracias a Morboria Teatro

AÑO IV  Número 166

24 OCTUBRE 2020

El espacio Miguel Narros se convierte por un día en el "Folies Bergère" de la Mancha gracias a Morboria Teatro

Al entrar al Espacio Miguel Narros del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro nos sumergimos en una especie de cabaret, donde los actores están sentados en mesas, suben y bajan por las gradas, dos músicos tocan la batería y el piano, y unas señoritas con cestas ofrecen caramelos a su público. La plaza de Santo Domingo de Almagro se convirtió por un día en el Folies Bergère de la Mancha. La estancia de Morboria Teatro en el Festival ha sido corta. Sólo se pudo ver El lindo Don Diego el pasado domingo día 16.

La versión y dirección de El lindo don Diego corrió a cargo de Eva del Palacio. Una comedia del siglo XVII pero que es llevada a los años 20 del pasado siglo. Una apuesta colorista lejos de las versiones convencionales que de la obra de Moreto se han representado.

La compañía, en esta ocasión, cogió como hilo conductor a la coreógrafa y bailarina Tórtola Valencia. De ahí se desprende las numerosas intervenciones de danza, de diferentes disciplinas, durante todo el espectáculo.

El diseño de iluminación y escenografía meten al espectador en el ambiente cabaretero de los años 20, y en la interpretación de un total de diez actores que hacen las delicias del público intentando que el respetable pase dos horas de humor continuado, además de doblar personajes en la mayoría de los casos.

Don Diego y don Mendo llegan a Madrid requeridos por Don Tello su tío, para tomar como esposas a sus primas doña Inés y doña Leonor.

Don Juan, enamorado de Inés se entera de los proyectos de don Tello de casar a su hija con su sobrino don Diego, un rival estúpido fanfarrón y petulante. Con la ayuda de Mosquita, su amiga y confidente tejen un enredo para que el Lindo rechace a doña Inés por emparentar con una rica condesa viuda, interpretada con maestría por el simpar Codorniz criado y transformista amigo de la pareja. La obra acaba con un final feliz con boda incluida, muy al gusto de la época, y un ridículo don Diego castigado y humillado ante toda la concurrencia.