Masescena - Entrevistas

AÑO IV  Número 192

20 ABRIL 2021

A punto de echar el telón de la 65 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Masescena ha tenido la oportunidad y el placer de poder charlar con Jesús Cimarro, su director desde hace ocho años. Su empresa, Pentación Espectáculos, está al frente de la cita emeritense y la ha convertido en un festival de renombre internacional y clave para todos aquellos que aman el turismo cultural y se sienten atrapados por la telaraña de actividades que Jesús y su equipo son capaces de abarcar y llevar a cabo durante los dos meses que dura la muestra.

Antonio Castro Guijosa ha dirigido la función que cierra la 65 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Tito Andrónico, un canto a la violencia, la mutilación y la tragedia.

Una obra producida por el propio festival y Teatro del Noctámbulo, con un reparto encabezado por José Vicente Moirón, Alberto Barahona y Carmen Mayordomo, entre otros diez actores más.

 

Hablamos del teatro que se lee con el dramaturgo y fotógrafo Luis Fernando de Julián (Madrid, 1977), uno de los autores más interesantes del teatro español contemporáneo.

Hoy amaneció tímidamente. La luz se cuela por la ventana de este café en el que hemos quedado con el dramaturgo Nani de Julián (Madrid, 1977). Las sillas todavía están perfectamente colocadas después de la noche de descanso. Montones de tazas limpias están preparadas para los clientes que irán llegando. Junto a nuestas tazas, la premiada ‘El estómago de la ballena’ y una de sus obras anteriores, ‘El filo de las mariposas’, en una nueva edición mexicana componen un bello y onírico orden sobre la mesa. A un lado, una barra metálica y maciza. Al lado contrario, una gran ventana de cristal que nos separa de los transeuntes. 

Ha sido una de las entrevistas más emotivas de todas las que he realizado en este último tiempo. Y es que ha venido a mi mente y mi memoria la primera vez que visité un teatro para ver un espectáculo. Aquel teatro fue el Teatro La Latina de Madrid, y la obra El último tranvía, protagonizada por la gran Lina Morgan, y de cuya compañía formaba parte una tímida Silvia Espigado como tercera vedette. Pero mi memoria sí que la recordaba, e incluso sabía cómo era su participación en ese espectáculo. Ha sido muy especial poder volver a recordar aquel tiempo y todo lo que rodeaba aquella mágica sala del centro de Madrid cuya magia me atrapó y aún no me ha dejado marchar.

 

Yayo Cáceres es director de la compañía Ron Lalá. Argentino de nacimiento, y llegado a España de la mano de la actriz Mabel Manzotti, sueña con dirigir a Anthony Hopkins, Carmelo Gómez, Marta Poveda o Concha Velasco. Se muere de ganas por trabajar con Albert Boadella. Quiere trabajar, trabajar, y no quiere que se le pase el arroz. Quiere que le llame todo el mundo para hacer todo. Cree que el período vital es limitado y cuando tiene la cabeza en ebullición permanente necesita salir a trabajar. Esto es un poco el origen de Ay Teatro. Considera que hay que seguir creando sistemáticamente. Compone todos los días sistemáticamente. Necesita hacer una canción como mucho cada dos días. Y quiere tener el estado creativo entrenado en todo momento. Cree que los sentimientos están profundamente sobrevalorados y afirma que es una cuestión de técnica. Por eso necesita estar entrenado. Cuando está en la cama no puede dejar de pensar en si la vida ha sido lo suficientemente productiva, valiosa, y si ha tenido sentido. Cree profundamente en que nada tiene sentido. Vive en una contradicción tremenda y considera que el teatro es la actividad más religiosa que existe. Se iría de cena con Albert Boadella, su actor favorito es Anthony Hopkins, y su actriz favorita Norma Alleandro. Le encanta Borjes, y su autor favorito de teatro es Shakespeare. El primer recuerdo de su infancia que le asalta poderosamente la cabeza es el de su abuela.

  

Manuel Canseco (Villanueva de la Serena, Badajoz) llevó a cabo sus estudios teatrales en el Teatro Estudio de Madrid (T.E.M) durante los años 1967 y 1968, con William Layton, Miguel Narros, Ricardo Doménech, Italo Ricardi, etc. Posteriormente realizó un Curso de Comunicación de la Danza y otro de Realización Televisiva en la Escuela de Comunicación de Remscheid (Alemania).

Autor, director, intérprete, productor e investigador; Manuel Canseco ha concentrado su actividad exclusivamente en el terreno teatral y literario. Ha dirigido el Centro Dramático y de Música de Extremadura, el Festival de Mérida y el Aula Teatro de la Universidad Autónoma de Madrid, así como numerosos teatros como el Teatro Lara, el Real Coliseo Carlos III y el Teatro Galileo, entre otros.

Como director ha estrenado cerca de un centenar de obras, como Fuenteovejuna 2013Coplas de Buen Amor y La pechuga de la Sardina, entre otras. Ha sido realizador para Televisión Española, así como guionista para Radio Nacional de España. También ha intervenido en el rodaje de más de 14 películas.

Ha recibido el Premio Tirso de Molina y el Premio Ágora del Festival de Almagro, así como homenajes en las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro de Almería y en Instituto de Teatro Grecolatino de Segóbriga.

Nuria Gallardo ha pasado por la 42º edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro encarnando el personaje de Aurora, en la producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, El castigo sin venganza. La obra se ha represetado durante esta primera quincena de julio en el Teatro Adolfo Marsillach. Hospital de San Juan de la localidad encajera.

La llamada de la vocación debe de ser algo así como la llamada de la selva, un impulso irreprimible, inaplazable, irresistible, tanto que incluso un tipo apellidado London no tuvo más remedio que dar cuenta de ella, lo que deja un rastro de ironía que se agradece. Desde la iglesia católica se quejan de que cada vez hay menos que la escuchan y le echan la culpa al ruido. Será porque Juan Meseguer ya ha pasado de los setenta o porque no fue Dios el que lo llamó, sino Juan Tamayo, pero este murciano jovial y sonriente no se lo pensó dos veces para dejarlo todo y acudir al silbido del teatro, su verdadera pasión. Con permiso, eso sí, del tenis, porque Meseguer no solo lo practica a menudo, sino que es devoto de Nadal, santo laico donde los haya. Hay otra sirena, la pintura, que de vez en vez llama a la puerta del murciano, que, por supuesto, no puede resistirse.

Para no abandonar lo sagrado, Meseguer se recuerda vestido de primera comunión. De repente, un revuelo alrededor y los compañeros se organizan para hacerse una foto. En ella, todos están sonrientes, mirando a la cámara. Sin embargo, Juan abre su pequeño misal y se pone como a leer. Era su primera actividad que iba a ser filmada. No estaba a gusto posando, necesitaba hacer algo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que lo que quería ser era actor.