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Año VIINúmero 352
19 MAYO 2024

Forever Van Gogh: la locura de un genio a brochazos convertido en espectáculo

Una de las imágenes de escena de la función

Nadie muere definitivamente mientras su recuerdo permanezca en la memoria de alguien. Esta es la mejor y más sanadora postura que podemos tener ante una realidad irrefutable. La memoria puede ser complementada con documentos gráficos y para un artista plástico no hay mejor legado que su obra; por tanto, cuando admiramos el trabajo de un pintor, podemos decir que ese pintor sigue vivo. Este silogismo expuesto es la bella expresión de Vincent Van Gogh, obra teatral que lleva su nombre y ahora expuesta en el Teatro Marquina.

La prestigiosa productora beon. Entertainment (El Médico, el Musical, ¿Quién mató a Sherlock Holmes?, El tiempo entre costuras) estrena Forever Van Gogh, un espectáculo envolvente sobre la vida y obra del reconocido pintor, a través de sus cuadros. Un nuevo proyecto en el que el arte, la música, el teatro y las nuevas tecnologías se fusionan para ofrecer al público una experiencia verdaderamente única. Su origen resulta curioso porque surge del propio CEO de esta productora, Dario Regattieri quien, a través de un viaje sensorial a la locura del genio, mostrará por primera vez el universo de Van Gogh. Felicito, por tanto, esta excelente idea porque si ya antes de la representación consideraba que era una figura digna de una obra teatral, después de visionarla solo puedo que corroborarlo.

 

Relato concreto, real y exhortativo con una doble dimensión

Esta obra ha sido posibles gracias a un arduo trabajo de documentación de las más de 700 cartas que se enviaron Vincent y su querido hermano Theo, y se centra en los últimos 10 años del artista. De forma paralela, relata la historia de la reciente aparición y venta de su cuadro ‘Campesina frente a una choza’. Dar forma a una idea puede ser tan complicado como llevarla a cabo. Al frente de este cometido se encuentra Ignasi Vidal, a mi juicio uno de los dramaturgos y directores más lúcidos y prometedores del panorama actual. Como ya demostró en El plan (2018) o incluso en El Médico, el musical (2018), sus trabajos van más allá de lo representado en escena y cuentan con un trasfondo casi infinito. En primer lugar, destacaría la claridad, concisión y concreción de lo representado, puesto que la vida de este pintor podría dar para un tratado y podría haberse visto enmarañado en escena, algo que de ningún modo ocurre.

El libreto, escrito con sensibilidad, logra un equilibrio entre el drama y la belleza de la obra de Van Gogh. Explora con profundidad la angustia emocional del artista, su búsqueda de significado y su amor por la naturaleza; pues como se recoge en un instante “El sufrimiento es vida”. Vidal logra contagiarse del espíritu del pintor porque su obra es un medio para que el espectador pueda conocer y apreciar el arte de este genio, y no es el fin en sí mismo. Al igual que para Van Gogh su fin no era tanto la pintura, sino un medio de expresión de su atormentada vida; incluso, me atrevería a afirmar, que un vehículo para canalizar y dar sentido su religiosidad extrema. Este fanatismo es otro de los aspectos esenciales para comprender al artista y es expuesto de forma palpable y certera.

Volviendo a la gramática textual, el libreto es un torrente de vivencias alternando el género epistolar con el narrativo y situando la acción en dos líneas temporales. La narrativa se entrelaza hábilmente con las recreaciones de las obras maestras de Van Gogh, lo que permite a la audiencia comprender la inspiración detrás de cada pincelada y la evolución de su estilo a lo largo de los años. Como luego comentaré, tuve la sensación de presenciar más que el hecho teatral en sí, para sumergirme en una experiencia multimedia, musical y audiovisual muy cercana a la de una exposición. No obstante, podríamos quitar todos estos componentes novedosos, que el texto de este dramaturgo por sí solo es un emocionante viaje a través de la mente y el alma del pintor holandés, que logra capturar la esencia de su vida y su obra con una profundidad sorprendente. Aun así, como bien relata el propio Dario Regattieri, esta representación solo se entiende desde la suma de elementos que conforman el damero teatral: “es un espectáculo único, irrepetible y nunca antes visto en el que fusionamos la obra de un genio que murió hace 125 años con la IA, dibujamos los cuadros con la música del violín de Ara Malikian y lo envolvemos todo con el baile y las coreografías de Chevi Muraday”.

 

Dirección inteligente, sobresaliente y creativa canalizadora de emociones

La puesta en escena es un derroche de creatividad y originalidad por la multitud de elementos que congrega; de nuevo, todos ellos diseñados de forma pertinente para complementar y armonizar la representación. Al frente de este cometido vuelve a estar Ignasi Vidal, sinceramente nadie mejor que él para cristalizar en escena su propuesta creativa. Con gran inteligencia, visto el resultado, el director de Dignidad (2019), apuesta por un teatro físico definido por el maestro Richard MacDonald como “un arte que combina la agilidad de un bailarín, la percepción sutil de un actor y el humor gentil de un clown”. En efecto, encontramos algunos agentes en escena, porque el reparto participa en una profunda performance donde pierde la propia identidad para convertirse en bailares; pues los movimientos corporales sirven como medio de expresión de los personajes, como si de una disociación se tratara. Y, en ocasiones, a mi juicio, como una extensión de las facultades; puesto que vemos cómo los brochazos del pintor dan vida a los protagonistas del cuadro. Cada gesto, cada movimiento, está cuidadosamente coreografiado, gracias al inmenso trabajo de Chevi Muraday para transmitir no solo las emociones, sino también las ideas y la esencia de los personajes. A través de la danza y el lenguaje corporal, los actores trascienden las barreras del lenguaje verbal y permiten al público conectarse con la experiencia emocional y psicológica de Van Gogh de una manera profunda y visceral.

El también director de Antoine, el musical (Premio Max al espectáculo revelación de 2021) demuestra un conocimiento excepcional de la psicología de los personajes al emplear el subtexto de manera magistral. El subtexto, que se refiere a lo que está por debajo de la superficie del personaje teatral y que responde al «por qué» de sus acciones y emociones, se convierte en un hilo conductor invisible pero poderoso a lo largo de la obra. Cada gesto, cada mirada, cada movimiento de los actores está imbuido de significados subyacentes que añaden capas de complejidad a la representación. La audiencia tiene el privilegio de descifrar el conflicto interno, los deseos ocultos y las luchas emocionales de los personajes a medida que se desarrolla la trama. Esta conexión no solo enriquece la experiencia teatral, sino que también revela la profundidad de los personajes, especialmente del protagonista, de una manera que es genuinamente conmovedora y reveladora.

 

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Elenco entregado con una actuación magistral, certera y empática

Los encargados de pasar de la musas al teatro, pintiparado para esta ocasión, es un talentoso reparto, que finalizó la actuación con todo el auditorio en pie. Mención especial para Pier Paolo Álvaro, al frente del diseño de vestuario. La meticulosa atención a los detalles y la elección de colores en función de la escena son evidencia del compromiso con la autenticidad y la estética de la producción. El uso de colores en el vestuario no solo es estilísticamente impresionante, sino que también sirve como un recurso narrativo que guía al público a través de las distintas etapas de la vida del artista. La elección de tonos cálidos y terrosos durante sus años en Arlés, por ejemplo, refuerza la conexión con la naturaleza y la intensidad de su trabajo en ese período. Los colores más oscuros y sombríos en las escenas que representan sus momentos de mayor sufrimiento subrayan su lucha emocional y su soledad.

El personaje de Van Gogh es interpretado por Cisco Lara. Tuve la oportunidad de verlo en Muerte en el Nilo, pero de ningún modo pude apreciar su potencial artístico. Estamos ante una de las mejores interpretaciones de la temporada, por una mimetización exacta y precisa entre papel y actor. El también bailarín logra expresar con una autenticidad impresionante la complejidad de la mente del pintor y su incomprendido talento. La representación de su locura, los diversos estadios de su vida, los destellos de genialidad y su ocaso son abordados de manera magistral por este talentoso artista, que nos permite conocer a la persona que hay detrás del genio. La tarea de encarnar a un personaje histórico de tal magnitud es sumamente complicada, pero Lara asume este desafío con una maestría que deja al público maravillado. Cada gesto, cada palabra, cada movimiento, todo se ejecuta con una carga de verdad que resulta conmovedora. La conexión entre actor y personaje es tan profunda que, en ocasiones, es difícil distinguir dónde termina uno y comienza el otro.

El anterior papel no se entiende sin la presencia de su hermano Theo, seguramente un gran desconocido para muchos, al frente está Felipe Ansola, cuyo nombre asocio con el papel en 24 h en la vida de una mujer. En esta ocasión, vuelve a brillar sobre el escenario dando vida a un hombre benévolo, paciente y mantenedor del pintor. Defiende un equilibro muy interesante y genialmente resuelto entre la actitud afligida, preocupada y resiliente y la energía y contundencia por formar su propia familia. A su vez, protagoniza potentes, convincentes y hondos parlamentos al recitar las misivas con el pequeño de los Van Gogh. Lara y Ansola forman un tándem sorprendente, vivo y exhortativo y uno de los alicientes para acudir a ver esta representación.

Los demás personajes sirven para explicar y complementar el relato. Podemos destacar por su importancia en la historia a Tomy Álvarez, como Paul Gauguin. Sus mejores momentos coinciden con los lances físicos y dialécticos con el también pintor, expresados con verosimilitud. La relación con el genio es tan fascinante que merecería un espinoff. Vicky Condomí encarna varios papeles, pero podemos destacar por su realismo y convicción el de la prima y amor del pintor, Kee Voss, y el de la ávida y agresiva subastadora. Por su parte, Inés Valderas como Johanna, la mujer de Theo, aporta serenidad y comprensión y es gracias a este personaje por quien conocemos todas las misivas entre los hermanos, que dan origen a esta representación.

 

Notas musicales como regalo sonoro envueltas en el uso de la inteligencia artificial

La música es otro complemento teatral y, una vez visto el conjunto, podemos considerarla también esencial. La composición corre a cargo del maestro y virtuoso violinista, Ara Malikian, considerado uno de los más brillantes músicos clásicos del siglo XXI. De forma inteligente se decanta por el violín para dotar a la obra de un hilo musical propio. Al frente de la dirección musical y como violinista encontramos a Simón García. La elección de este instrumento melódico es un acierto notable, ya que logra comunicar las complejas emociones y estados de ánimo del pintor de una manera que las palabras no podrían expresar por sí solas. Las notas vibrantes y apasionadas del violín encapsulan la intensidad de las luchas internas de Van Gogh, sus momentos de éxtasis creativo y su profunda melancolía. La música, en perfecta sincronía con la acción en el escenario, guía al público a través de un viaje emocional inolvidable. Cada nota es como un pincelazo sonoro que pinta el lienzo de las emociones, transmitiendo la pasión, la soledad y la belleza que definieron la vida y obra del pintor. 

Si he definido este espectáculo como novedoso no ha sido por una licencia periodística, sino porque trasciende las fronteras tradicionales al abrazar la inteligencia artificial para dar vida a espacios virtuales que cautivan al espectador desde el primer momento. La tecnología se convierte en un medio para la inmersión del público en la mente y el corazón del artista. A través de la inteligencia artificial, la producción logra que los cuadros del autor cobren vida y se conviertan en protagonistas de la experiencia teatral. Esta interacción entre el espectador y las obras del prolífico pintor es un logro innovador para sumergir al público en el proceso creativo del artista de una manera única. Por tanto, lejos de ser una distracción, el respetable, desde la comodidad de su butaca, se encuentra en el epicentro de la escena, lo que le permite comprender a Van Gogh desde dentro. Este enfoque inmersivo no solo da vida a los cuadros, sino que también conecta al público con la persona detrás del genio. Cada momento de la vida del pintor se despliega ante los ojos del espectador, revelando sus diferentes etapas creativas y su evolución artística. En definitiva, representa un ejemplo impresionante de cómo la tecnología puede ser una aliada en el teatro para enriquecer la experiencia del público.

Este uso avanzado de la videoescena convencional ayuda a la sencilla pero pertinente y funcional escenografía diseñada por el maestreo Alessio Meloni. Con muy pocos elementos, bien integrados con la tecnología antes mencionada, consigue situar al espectador en todos los lugares centrales del artista. El sonido envolvente en la obra es un objetivo alcanzado. Pablo Santos como director técnico, logra una sensación de inmersión, como si el espectador estuviera físicamente presente en cada escena, lo que agrega una capa adicional de realismo y conexión con la obra.

Por último, la cuidadosa elección de tonos y matices de luz del maestro Felipe Ramos contribuye a la atmósfera de cada escena y a la representación de los diferentes momentos de la vida del artista. La iluminación también se utiliza de manera creativa para resaltar elementos clave en el escenario, como las proyecciones de las obras de Van Gogh, que cobran vida gracias a una diseño ingenioso. Además, la habilidad para jugar con las sombras y la luz crea una sensación de profundidad en el escenario, da vida a los personajes y objetos de manera artística y evocadora y, en definitiva, ilumina esta representación. ¡Larga vida a Vincent Van Gogh!

Forever Van Gogh es una odisea teatral que nos lleva más allá de las pinceladas y los colores, sumergiéndonos en la mente y el corazón de un genio atormentado. Un homenaje inolvidable a la vida y obra de Vincent van Gogh, donde un talentoso reparto, la tecnología, la música y el vestuario se fusionan para dar vida a una experiencia que perdura en la memoria y el alma del espectador.

 

Dirección: Ignasi Vidal

Autor: Ignasi Vidal

Música: Ara Malikian

Coreografía: Chevi Muraday

Escenografía: Alessio Meloni

Reparto: Cisco Lara, Felipe Ansola, Tomy Álvarez, Vicky Condomí, Paco Morales, Tamar Vela, Noelia Venza, Inés Valderas, Andoni Larrabeiti, Joaquín Fernández, Victor Ramos y Gemma Álvaro. Simón García (director musical y violinista) y Fran Palazón (violinista alternante)

Producción ejecutiva: Darío Regattieri

Dirección técnica: Pablo Santos

Diseño de vestuario: Pier Paolo Álvaro

Asistente de dirección: Sebastián Prada

 

 

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