Masescena - Entrevistas

AÑO V  Número 214

21 SEPTIEMBRE 2021

 

Yayo Cáceres es director de la compañía Ron Lalá. Argentino de nacimiento, y llegado a España de la mano de la actriz Mabel Manzotti, sueña con dirigir a Anthony Hopkins, Carmelo Gómez, Marta Poveda o Concha Velasco. Se muere de ganas por trabajar con Albert Boadella. Quiere trabajar, trabajar, y no quiere que se le pase el arroz. Quiere que le llame todo el mundo para hacer todo. Cree que el período vital es limitado y cuando tiene la cabeza en ebullición permanente necesita salir a trabajar. Esto es un poco el origen de Ay Teatro. Considera que hay que seguir creando sistemáticamente. Compone todos los días sistemáticamente. Necesita hacer una canción como mucho cada dos días. Y quiere tener el estado creativo entrenado en todo momento. Cree que los sentimientos están profundamente sobrevalorados y afirma que es una cuestión de técnica. Por eso necesita estar entrenado. Cuando está en la cama no puede dejar de pensar en si la vida ha sido lo suficientemente productiva, valiosa, y si ha tenido sentido. Cree profundamente en que nada tiene sentido. Vive en una contradicción tremenda y considera que el teatro es la actividad más religiosa que existe. Se iría de cena con Albert Boadella, su actor favorito es Anthony Hopkins, y su actriz favorita Norma Alleandro. Le encanta Borjes, y su autor favorito de teatro es Shakespeare. El primer recuerdo de su infancia que le asalta poderosamente la cabeza es el de su abuela.

  

Manuel Canseco (Villanueva de la Serena, Badajoz) llevó a cabo sus estudios teatrales en el Teatro Estudio de Madrid (T.E.M) durante los años 1967 y 1968, con William Layton, Miguel Narros, Ricardo Doménech, Italo Ricardi, etc. Posteriormente realizó un Curso de Comunicación de la Danza y otro de Realización Televisiva en la Escuela de Comunicación de Remscheid (Alemania).

Autor, director, intérprete, productor e investigador; Manuel Canseco ha concentrado su actividad exclusivamente en el terreno teatral y literario. Ha dirigido el Centro Dramático y de Música de Extremadura, el Festival de Mérida y el Aula Teatro de la Universidad Autónoma de Madrid, así como numerosos teatros como el Teatro Lara, el Real Coliseo Carlos III y el Teatro Galileo, entre otros.

Como director ha estrenado cerca de un centenar de obras, como Fuenteovejuna 2013Coplas de Buen Amor y La pechuga de la Sardina, entre otras. Ha sido realizador para Televisión Española, así como guionista para Radio Nacional de España. También ha intervenido en el rodaje de más de 14 películas.

Ha recibido el Premio Tirso de Molina y el Premio Ágora del Festival de Almagro, así como homenajes en las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro de Almería y en Instituto de Teatro Grecolatino de Segóbriga.

Nuria Gallardo ha pasado por la 42º edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro encarnando el personaje de Aurora, en la producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, El castigo sin venganza. La obra se ha represetado durante esta primera quincena de julio en el Teatro Adolfo Marsillach. Hospital de San Juan de la localidad encajera.

La llamada de la vocación debe de ser algo así como la llamada de la selva, un impulso irreprimible, inaplazable, irresistible, tanto que incluso un tipo apellidado London no tuvo más remedio que dar cuenta de ella, lo que deja un rastro de ironía que se agradece. Desde la iglesia católica se quejan de que cada vez hay menos que la escuchan y le echan la culpa al ruido. Será porque Juan Meseguer ya ha pasado de los setenta o porque no fue Dios el que lo llamó, sino Juan Tamayo, pero este murciano jovial y sonriente no se lo pensó dos veces para dejarlo todo y acudir al silbido del teatro, su verdadera pasión. Con permiso, eso sí, del tenis, porque Meseguer no solo lo practica a menudo, sino que es devoto de Nadal, santo laico donde los haya. Hay otra sirena, la pintura, que de vez en vez llama a la puerta del murciano, que, por supuesto, no puede resistirse.

Para no abandonar lo sagrado, Meseguer se recuerda vestido de primera comunión. De repente, un revuelo alrededor y los compañeros se organizan para hacerse una foto. En ella, todos están sonrientes, mirando a la cámara. Sin embargo, Juan abre su pequeño misal y se pone como a leer. Era su primera actividad que iba a ser filmada. No estaba a gusto posando, necesitaba hacer algo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que lo que quería ser era actor.

Pocos conocen la gran carrera de María Isabel Díaz, una actriz cubana conocida por el gran público por dar vida a Sole en la exitosa serie de televisión Vis a Vis. Títulos como Cosas que dejé en La Habana, de Manuel Gutiérrez Aragón, Che, el argentino de Steven Soderbergh, La llamada de Javier Ambrosi y Javier Calvo, Piedras de Ramón Salazar, o Pudor de Tristán Ulloa, son sólo algunas de las más de 20 películas en las que ha trabajado María. El Continental, Aida, El comisario, Periodistas, Compañeros, Hospital Central o Carvalho, son algunos de los títulos televisivos donde hemos podido saborear su savoir fair como actriz. En la actualidad esta actriz denominada para muchos la primera chica cubana de Almodóvar por su papel en Volver, tiene en su haber un premio Ondas por la serie Vis a Vis y una nominación como mejor actriz secundaria a los premios de la Unión de Actores de España. Hablar de María Isabel Díaz, es hablar de una actriz que va consangrando su carrera actoral paso a paso, discretamente, con arrojo y decisión. María disfruta de las mieles de un recién inaugurado 2019 con su despedida en la serie Vis a Vis, serie que le ha subido al podium bien merecido de la fama. Con una gira nacional de teatro con La vuelta de Nora, con Andrés Lima como maestro de ceremonias, obra que llegó a Madrid el pasado 25 de abril hasta el 23 de junio en el Teatro Bellas Artes, www.lavueltadenora.com, María retoma los escenarios 10 años después de su última puesta en escena.Y por si fuera poco, este año podremos disfrutar de nuevo de su interpretación en la gran pantalla con El extraordinario viaje de Celeste García, en la que dará vida a su protagonista y con su papel en el cortometraje Maras, colaborando así con la Comisión Española de ayuda al refugiado CEAR. En esta entrevista podrás conocer más en profundidad, sus proyectos y de dónde viene esta cubana hija adoptiva de Madrid que entrega su corazón en cada proyecto.

Ana Zamora es Titulada Superior en Dirección de Escena y Dramaturgia por la RESAD (1996-2000), ha ampliado su formación con directores como Jacques Nichet, Massimo Castri y Stephan Schuske.

En el año 2001, funda Nao d´amores, colectivo de profesionales procedentes del teatro clásico, los títeres y la música antigua, que desarrolla una labor de investigación y formación para la puesta en escena del Teatro Prebarroco

Con estos antecedentes es normal que se sintiera desubicada cuando recibió la llamada de la Fundación SGAE para dirigir los Premios Max de este año 2019, que se celebran en el Teatro Calderón de Valladolid. Con ella hemos hablado días antes de que comience el espectáculo de las Artes Escénicas.

  

¿Cómo recibes la noticia de la dirección de la Gala de los Premios Max de este año?

Habría que remitirse a principios del mes de diciembre. Me llaman de la Fundación SGAE, que son los organizadores de los Premios, para darme esta noticia. Pensé que era un error, que alguien se había equivocado. Porque, evidentemente, si hay alguien que tiene una trayectoria lejana al ámbito de las galas televisivas, soy yo. Estoy en las Antípodas de lo que supone un trabajo de este tipo. Ya me explicaron y entendí que no, que realmente era una apuesta. Si hay algo que define lo que son las Galas de los Max, en su ya larga historia, es que hace una fuerte apuesta por trabajar desde una perspectiva muy teatral. Es decir, encargar cada gala a diferentes creadores teatrales que tienen un sello propio. De esta manera se intenta huir de este formato de gala de cine, que es al que estamos acostumbrados, y es al que te arrastran al final. Es ese formato tan típico, y nuestro referente, pues la cultura americana la tenemos metida ahí…

Con un apellido que ya han ostentado grandes artistas en este país, José Montiel, maestro de las tablas y profesor de interpretación, acaba de volver al ruedo con una obra que lleva en la mochila nada más y nada menos que 12 años: El (no tan) fantástico mundo de Caralampio.

Miguel Rellán está interpretando en la actualidad la obra de teatro Novecento en “Off Latina” de Madrid. Desde hace varias semanas el consagrado actor se da cita todos los miércoles con el público que desea compartir con él un monólogo de algo menos de hora y media de duración. Una situación que Rellán maneja con gran soltura y que hace sentir al espectador que el tiempo ha pasado demasiado deprisa. Es allí, en la propia sala del “Off Latina” donde conversamos sobre la vida y, por encima de todo, sobre teatro.

Gran conversador, Miguel Rellán asegura que le gustaría ir de cena, al teatro y al cine con cualquier persona con la que poder intercambiar impresiones sobre lo visto, para poder discutir a la salida. Mediante la conversación le gusta arreglar el mundo y le encanta contar cosas suyas, pero también que le cuenten. Al cine ha ido muchas veces solo, de ahí que prefiera ir acompañado para después poder intercambiar impresiones.

Cuando le preguntamos por un recuerdo que le asalte a la cabeza de su niñez, no puede evitar ser muy sincero. “Hace una semana que se murió mi madre. Y todavía estoy cansado. Ha sido una cosa larga, dolorosa y triste, y la voy a echar mucho de menos. Me voy a acordar mucho de ella. Hoy mismo he pensado “tengo que llamar a mamá”. Estos días me estoy acordando mucho de ella. De manera que si me pide usted que me acuerde de algo me voy a acordar de mi madre paseando por Marruecos de la mano, aquel niño tímido y miedoso. Ya no está la mano de mamá, ya me quedo solo”.

Cuando planteamos a Miguel Rellán la primera pregunta y le indicamos que queremos hacer un pequeño semblante de su vida lo primero que nos dice es: “¡Bueno!, pues entonces vamos a necesitar toda la tarde, porque ya soy muy mayor”.

Aloña Alonso es, en la actualidad, Primera Bailarina del Ballet Nacional de España. Se siente querida, reconocida y respetada por el público y por el mundo de la danza en general. Uno de los recuerdos que primero se le viene a la cabeza de su niñez, y que recuerda con más cariño, es viéndose bailar jotas junto a todas sus primas en la romería de la Virgen de la Paz en La Seca, donde, comenta, va cada vez que puede.

No es el mejor momento para quedar con Ana y tomar algo. Charlar sobre danza y la Compañía Nacional puede no ser fácil cuando se tiene la cabeza en otro sitio. Aunque parezca que a los artistas esto no les ocurre, un suceso trágico acaba de golpear a su familia. No obstante, encontramos a nuestra protagonista, como se suele decir, muy entera. Serena. Toma café. Aunque el momento no es el más propicio. Trata de no abusar, pero le apasiona. Solo. Sin azúcar. Aunque si hubiera miel, le echaría un poquito.

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