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Año VIINúmero 354
28 MAYO 2024

Clara Sanchís: «Ninguno de los textos que propongo son fáciles. Aún así, el público está deseoso de este tipo de propuestas»

Imagen de la actriz en una escena de la obra "Miércoles que parecen jueves"
Clara Sanchís ha sido capaz, con el paso del tiempo, de labrarse una carrera profesional envidiable dentro del mundo de la interpretación, a pesar de no sentir de pequeña ningún tipo de atracción sobre el arte de Talía. Sus primeros pasos artísticos vinieron de la mano de la música y la escritura, para terminar en la interpretación. En algunas de sus actuaciones sobre el escenario introduce piezas musicales que interpreta al piano. Colabora semanalmente en La Vanguardia como articulista de opinión desde 2007. Ha compaginado cine, televisión y teatro a lo largo de una extensa trayectoria. En cine ha trabajado a las órdenes de Gonzalo Suárez, Manuel Iborra, Ricardo Franco, Jaime Chávarri, Emilio Martínez Lázaro, Jordi Frades, Juan Mayorga y Juan Cavestany, entre otros. Formó parte de la Compañía Nacional de Teatro Clásico desde 2005 a 2008 y desde 2013 a 2016, donde interpretó obras de la Grecia clásica, a Shakespeare y clásicos de nuestro Siglo de Oro. Destacable son Las troyanas de Eurípides, bajo la dirección de Mario Gas; Macbeth bajo la dirección de María Ruiz; El castigo sin venganza y El perro del hortelano de Lope de Vega. En teatro contemporáneo destacan Festen, bajo la dirección de Magüi Mira, en el que abordan el tema de la violación por el propio padre. También La lengua en pedazos de Juan Mayorga, El lector por horas y Próspero sueña Julieta, ambas de José Sanchis Sinisterra. La crítica alabó los matices de su interpretación de Virginia Woolf en Una habitación propia, según adaptación y montaje de María Ruiz. Para esta obra, Sanchís compuso algunas piezas musicales sobre la obra de Bach, que interpreta ella misma al piano. Confeccionó el vestuario su hermana, Helena Sanchis.

Siendo hija de dos genios del teatro, sale otro genio más de teatro, que es Clara Sanchís. Completa en numerosos registros. ¿Cómo se vive de pequeña en un ambiente intoxicado de teatro?
Mi vocación era la música. Y la verdad es que mis sensaciones son de haber vivido bastante alejada del mundo del teatro en mi infancia. Era una casa llena de libros de teatro donde mis padres hablaban. Pero no es para nada lo que recuerdo en mi infancia, en absoluto. Hombre, tenía un padre y una madre muy creativos, muy imaginativos, donde sí, la ficción estaba muy presente, desde el tipo de juegos que se hacían o incluso quizá una manera también de ver muchas cosas en la vida. Pero yo no iba mucho al teatro, ni me gustaba especialmente el teatro. Y de hecho acabé en este oficio por uno de esos giros de la vida. También porque en una familia de carpinteros no es difícil acabar siendo carpintero. Porque de alguna manera estás en el medio. Eso te da muchas facilidades. Yo he tenido muchas facilidades. He tenido la dificultad intrínseca de este oficio, que como sabes, hay que prepararse mucho y hay que tener mucha resistencia. Es muy complejo, pero he tenido el apoyo de dos personas, pues que… que era su medio y que sabían latín y yo sé que soy muy consciente de que para mí, yo sabía dónde estaban los sitios. Yo tenía una información que otras personas de mi edad no tenían.

Clara Sanchís en una escena de la obra «Miércoles que parecen jueves»

¿Y qué ha cogido de cada uno de ellos?
De todas maneras, es impresionante que con 56 años, la fuerza de estas dos personas, de estos dos genios, como dices, que aquí estamos hablando de mi infancia…

Son muy inabarcables, tanto mi madre como mi padre. Yo he procurado hacer una carrera con nombre propio. Incluso hasta hace relativamente poco alejada de ellos porque si no me pasaría lo que me está pasando en esta entrevista. Yo lo que hice fue irme, cuando ya decidí dedicarme a esto, a Italia. Por una casualidad aterricé ahí, haciendo un espectáculo con Carlos Martín, un espectáculo que me marcó, y ahí me quedé unos años. Hice compañía y me formé con esa pequeña compañía, intentando no estar a la sombra de estos dos gigantes.

Es muy difícil resumir en una frase qué he cogido de cada uno de ellos. Desde luego los dos son una gran inspiración y una gran ayuda en los momentos de dificultad. Y bueno, quizá algo que he aprendido de los dos es que en este oficio hay que trabajar mucho. Nada es gratis. Y el talento, por supuesto, es fundamental. Pero desde luego los dos son dos personas con un enorme talento, pero con una capacidad de trabajo ahora mismo todavía enorme, la dedicación. Es un trabajo artesanal que requiere mucho esfuerzo mucha paciencia y mucho trabajo.

Imagen de una escena de la obra «La lengua en pedazos», de Juan Mayorga

La lengua en pedazos de Juan Mayorga y Una habitación propia. En Una habitación propia se ve a una Clara Sanchís donde se mezcla ese talento actoral con ese talento musical del que me hablaba al comienzo de la entrevista. Sobre la primera puesta en escena, ¿cómo ha sido el trabajo con ese texto de Juan Mayorga y cómo ha afrontado esa puesta en escena?
Ese espectáculo forma parte ya de mí. Llevo interpretando la Teresa de Mayorga desde hace más de 10 años. Juan ha hecho concretamente dos puestas de escena muy distintas a lo largo de todo este tiempo. Y ahora, cada vez que la volvemos a hacer, se llenan los teatros. Es un espectáculo que tiene ya un público propio, como también ocurre con Una habitación propia. Tener esas palabras inoculadas, al igual que me ocurre con Una habitación propia, es fabuloso. Yo nunca pensé que iba a estar con espectáculos tanto tiempo. Y es muy curioso lo que pasa en el cuerpo y en la mente con textos que llevas tanto tiempo interpretando. Llega un momento que realmente forman parte de ti. Por otro lado, el trabajo con Mayorga y el trabajo con mi compañero Daniel Albaladejo también es inagotable porque también son dos personas que están en continuo movimiento y que siempre andan buscando más. Yo me sumo también un poco a ese tipo de personas y entre los tres, por un lado, tenemos un material que ya conocemos mucho y que forma parte de mí. Es que esas palabras, de pronto, ahora cuando la hemos repuesto, hacía un año que no la presentábamos. Y bueno, pues nos ponemos Daniel y yo a trabajarla y a estudiarla y realmente notas que es un lenguaje que ya es tuyo. El hecho de que sea tuyo te permite una enorme libertad a la hora de estar en el escenario porque no tienes, porque hablábamos antes de la técnica, es que la técnica en este oficio es fundamental. Bueno, claro, te lo dice una mala pianista, una pianista que está ahí. Hasta que no tienes las notas metidas en las manos, realmente no puedes interpretar del todo. Y es un lujo, entonces, estar durante tanto tiempo, tener la posibilidad de que esos textos maduren en ti. Tú vas madurando, el texto va madurando, la mirada del director va madurando, la de Daniel también, y cada regreso es distinto.

Clara Sanchís en una imagen de escena de la obra «Una habitación propia»

¿Cómo es la Teresa de Mayorga? ¿Tiene mucho que ver con la mediática Teresa de Jesús que conocemos?
Claro, ¿cómo sería realmente Teresa de Jesús? Es la pregunta. Sabemos mucho por todo lo que dejó escrito, pero dejó escrito precisamente tanto que es una mujer inaprensible. Era una mujer de tanta inteligencia y de tanta capacidad de autoanálisis, y de mirarse a sí misma y de mirar el mundo. ¿Quién era? ¿Cómo era? Con Virginia se parecen porque son dos mujeres inmensas y dos escritoras, además. ¿Qué podemos hacer nosotros? Pues transmitir sus palabras, transmitiendo sus palabras con la mayor honestidad posible y con la mayor claridad posible. Al transmitirlas eso ya provoca una emoción en el propio intérprete. Y quizá ahí vemos algo, por lo menos, de momento, destellos de esas mujeres. La Teresa de Jesús que Mayorga ha trabajado conmigo, es una mujer que tiene la fortaleza de la duda, que es capaz, que una de sus grandes fortalezas es que es capaz de dudar. Esto es algo que humildemente me une mucho a Mayorga porque él también se permite, creo, la duda como una fuente de riqueza porque provoca curiosidad y a mí me gusta pensar que yo también busco eso. Es una mujer con un gran sentido de la justicia, que lucha por un mundo, por lo que ella cree que es una iglesia más justa y un mundo más justo. Igual que Virginia Woolf se preocupa y ocupa de las mujeres, es capaz, ya vio Teresa también las dificultades de las mujeres y las ayudó en sus dificultades. No significa esto que los hombres no tengan sus dificultades, no es excluyente. Es una mujer que lo tiene todo, las grandes inteligencias porque es muy pasional. Está muy movida por sus pasiones, pero luego tiene una mente pragmática que le hace ser capaz de organizar un convento, escaparse de un convento y fundar otro y conseguir, como puede, haciendo unos apaños, el dinero, las cosas necesarias para de otra casita fundar San José. Es muy práctica también, es muy pragmática, pero al mismo tiempo… tiene sus éxtasis, imagínate. Entonces, ¿cómo es? Misteriosa, interesantísima.

Vamos a saltar de esta mujer de inteligencia astuta, me atrevería yo a decir, a otra mujer. ¿Cómo es Virginia? ¿Cómo es la psicología de este personaje que presenta en Una habitación propia?
Tenemos otro problema, porque ¿cómo es la psicología de una genia? ¿Cómo es un genio? Virginia Woolf, estaba ahora estudiándola, estudiando otra vez el texto, lo mismo. ¿Cómo puede ser tan hiriente y al mismo tiempo tan divertida? ¿Cómo puede ser tan imaginativa, creativa? ¿Cómo puede volar tanto su cabeza y al mismo tiempo tener una mirada analítica sobre los aspectos más crudos de la realidad, más cercanos? Es detallista, es una salvaje.

Clara Sanchís en una imagen de escena de la obra «Una habitación propia»

¿Qué nos cuenta la función? ¿Cuál es el mensaje que se quiere transmitir?
Yo no sé si soy capaz de resumir en un mensaje lo que nos transmite Una habitación propia. Yo creo que Virginia, con mucha juerga, con mucha risa, con mucho sentido del humor, se da un paseo, además porque se lo da literalmente, porque ella convierte esa búsqueda de cómo puede dar una conferencia sobre las mujeres y la literatura, pues da un paseo real por Oxford, que ella llama ‘Oxfrid’, por las universidades masculinas, las universidades femeninas, y también llega hasta su casa, incluso, y pasea por la calle y va contando lo que ve. Contando lo que ve hace un retrato de la desigualdad entre hombres y mujeres, pero hace un retrato que no rehúye la complejidad, la contradicción, la dificultad de hablar de una relación que no ha estado bien a lo largo de muchos siglos, donde ha habido un maltrato a la mujer. Ella hace un retrato de unas situaciones muy concretas. Te da a ti mucho espacio para que veas. Pero claro, ¿qué es Una habitación propia?. Pues una defensa de que las mujeres y cualquier ser humano necesitan una habitación propia para poder desarrollar sus capacidades, sus talentos. Y la habitación propia es metáfora.

Lo que podríamos denominar “mi espacio”…
Claro, es la mente. Dice: “la poesía depende de la libertad intelectual, la libertad intelectual depende de las cuestiones materiales, y las mujeres siempre han sido pobres”. Es muy bonito porque hay un leitmotiv continuo en el texto que es ¿por qué las mujeres no han podido escribir poesía? ¿Qué se necesita para poder escribir poesía? Y a partir de ahí ella tira del hilo. ¿Qué se necesita para escribir poesía? Pues necesitas dinero y una habitación propia. ¿Por qué dinero? Pues porque sin tu independencia, sin tu autonomía más pragmática, difícilmente puedes tener también una autonomía intelectual, una libertad intelectual. Habla de muchísimas cosas el libro. Habla de la mente andrógina, que eso es maravilloso. Estaba ahora viendo ese trozo cuando dice “hay que ser un hombre femenino o una mujer masculina”. Fíjate lo que dice en 1928. Por un lado, se atreve a hablar de dinero, de la pobreza de las mujeres y de por qué hace falta dinero, relacionar el arte con el dinero, y de por qué hace falta dinero si no tienes medios. Te pasas la vida viendo a ver cómo te ganas la vida y cómo vas a escribir poesía, pero también es capaz de ver el tema de la mente andrógina, proponer esa maravilla de dejar de pelear con esos roles exacerbados de lo femenino y lo masculino y unirlos en una sola mente andrógina mucho más creativa y mucho más libre que probablemente todos tenemos.

¿Qué vigencia sigue teniendo en nuestros días el texto y cuánto hemos avanzado?
Yo creo que se ha avanzado mucho, muchísimo, y también creo que queda muchísimo por hacer. Mientras siga habiendo un solo asesinato por violencia de género, lamentablemente no podremos dejar de ver todo lo que queda por hacer, porque cada una de esas muertes es la cúspide de un desastre, de una cultura que late donde la mujer es alguien a quien se puede matar, es posesión. Sigue habiendo muchísimos hombres que siguen considerando que la mujer es propiedad suya, como lo ha sido a efectos prácticos a lo largo de los siglos, y consideran que pueden hacer eso, esas bestias que hacen eso. Pero luego es que es un guisante en el mundo si miramos el globo, los sitios donde las mujeres tenemos una habitación propia, tenemos por fin una independencia económica. Es que miramos al lado y en realidad somos minoría. Y también en nosotras la igualdad real, como sabes, pues está muy lejos todavía. Y si no se sigue trabajando por ella… Leí hace poco que creo que no conseguiríamos una igualdad real a nivel económico, que faltaban otros cien años. Pues no hay tiempo, y las jóvenes no quieren esperar esos cien años, y hacen muy bien. Está vigente, sobre todo, por cómo está contado toda esta historia de las relaciones entre los hombres y las mujeres a lo largo de la historia. El punto de vista, la riqueza que tiene, la belleza expresiva, la ironía, la capacidad de ir al detalle. Está vigente porque el discurso, por supuesto, sigue vigente y las mujeres jóvenes se asombran de conocer ese pasado. Y además te conecta. Virginia te conecta con tus abuelas, con tus bisabuelas. Durante un momento las imaginas y ves esa vida, y también puedes ver qué herencia tienes tú de eso, qué hay en ti de esa inseguridad, si la hay o no la hay. Es la maravilla de cómo lo cuenta ella, y también de que es un texto que es liberador, que es provocador, que en ningún momento está en la queja ni en el drama, está en el análisis, con toda su crudeza, no escatima lo doloroso, pero impulsa a las mujeres a ponerse a trabajar y dice, ahora ya somos iguales ante la ley. O sea, que ahora a trabajar.

Juan Mayorga, Daniel Albaladejo y Clara Sanchís en una de las primeras imágenes promocionales de «La lengua en pedazos»

¿Qué percepción tiene del público? ¿Cómo reacciona el público tanto con la producción de La lengua en pedazos como de Una habitación propia?
Lo mejor es que reaccionan viniendo a ver las funciones, eso es lo mejor. No sé cómo serán ahora las de Una habitación propia de esta nueva tanda. Llevo muchas en el cuerpo. Mayorga va muy lejos con el lenguaje que utiliza. Hay algo que a mí me resulta muy interesante, muy valioso, y que me parece muy bonito y muy interesante de la recepción del público en estos dos espectáculos. Y es que ninguno de los dos textos son textos, entre comillas, fáciles, requieren una atención y tienen un nivel de lenguaje y un nivel de capas de lecturas muy alto. Y el público, yo sostengo que quiere textos complejos y que quiere escuchar cosas que nosotros, la gente de a pie, no seríamos capaces de formular. Es muy impresionante la atención que hay, y yo noto ese deseo de ir a mundos que no son los mundos cotidianos, sino que son mundos contradictorios, que no son simplistas, como todo lo que ahora parece que nos rodea. Todo esto también porque los dos textos tienen sentido del humor, por supuesto, si no sería imposible. Noto una gran concentración, una gran escucha. Esto me parece muy interesante. Esa idea de que el público quiere cosas entre comillas fáciles no estoy de acuerdo, en mi experiencia no es así.

Después de esta Teresa, de esta Virginia, que seguramente le van a perseguir durante más temporadas, ¿qué proyectos hay encima de la mesa? ¿Qué le interesa hacer ahora mismo?
Tengo abiertos otros dos espectáculos. Yo ahora mismo soy una actriz de repertorio. A la antigua usanza. Por un lado, estoy haciendo Miércoles que parecen jueves de Juan José Millás. Y también es un espectáculo que no deja de volver. Está empezando también a regresar. Es un texto que ha escrito Millás y que también es para darle de comer aparte. Es otro texto que también toca temas tan profundos como la identidad. Pero bueno, Juanjo ya lo hace a carcajada limpia. Eso ya es directamente a carcajada limpia. Y estoy con ese texto también por ahí, que sigue y que seguirá. Hemos hecho dos temporadas en el Teatro Quique San Francisco y vamos a seguir. Y estamos de gira. Luego estoy haciendo, también, que estamos de gira, Los desiertos crecen de noche con textos de José Sanchís Sinisterra, alias mi padre, donde contradigo lo que he dicho al principio de la entrevista sobre mi carrera separada de ellos. Pero esto es algo que ha ocurrido en los últimos años cuando ya siento que puedo. Bueno, la cuestión es que Los desiertos que crecen de noche se hizo en el Fernán Gómez el año pasado, es un espectáculo que también ha tenido maravillosas críticas. Está hecho con un grupo de actores, y también la música la hacemos nosotros. Tiene esa mezcla entre la música y la palabra.

Imagen de una escena de «La lengua en pedazos»

Para finalizar me gustaría que de su carrera profesional me seleccionara una producción que más le haya llenado, bien por el personaje, por el montaje en sí. ¿Cuál destacaría?
Si jugamos a que los personajes son hijos, yo los quiero a todos igual. No puedo. Y más hijos vivos como estos espectáculos que tengo ahora mismo abiertos. No hay uno. Y es verdad, cuando lo encarno, cuando encarno estos personajes, no hay uno, no hay un hijo predilecto. Pero el espectáculo que a mí quizá más me ha cambiado, eso sí, que quizá más me ha cambiado y que sí que podría decir, no sé muy bien por qué, que para mí hay un antes y un después, es esta conferenciante que, para nosotras no era Virginia Woolf y acabó siéndolo, no sabemos por qué, Una habitación propia es un punto de inflexión para mí, sin duda. Por cómo trabajé con María Ruiz, por la implicación tan personal que había en ese proyecto y que hay en ese proyecto, por cómo arrancó ella y yo solas, sin nada, simplemente porque de pronto queríamos hacerlo, y cómo eso fue creciendo. Es la historia de algo muy pequeño, que sigue siendo pequeño, pero que no deja de vivir.

Por último, ¿qué sensación tiene un actor al salir a la arena del Teatro Romano de Mérida? ¿Qué sensación tuvo usted? ¿Repetiría la experiencia?
Claro que repetiría. Yo creo que las cómicas y los cómicos estamos deseando ir a Mérida, ir a ese escenario. Hay algo en ese escenario que es brutal, es bestial salir ahí. Estás hablando de la Antígona de David Gaitán, un estupendo autor y director, y creo que hizo un espectáculo fabuloso. Además, yo debuté en Mérida haciendo de esclava, de figuración, haciendo de figuración a los 17 años en la Salomé de Núria Espert que dirigió Mario Gas. Yo correteaba por ahí entre las piedras, muy torpemente, sin ser actriz, haciendo de figuración, con una bandeja. Fue impresionante, impactante. Después hice Las troyanas allí. Hice Helena de Troya también con Mario Gas, y ahora esta Antígona. El hecho de que sea tan grande, que haya ahí de pronto 3000 personas, esa energía, pero luego la sensación de estar en un oficio tan bello, tan antiguo, y que formas parte de una continuidad, como todos los oficios. No quiero decir que un cirujano o un fontanero no formen parte de una continuidad, pero claro, estás ahí y de pronto dices, ¿quién ha pisado estas piedras? ¿Cuántos siglos hace que en estas piedras otra actriz, otro actor estuvieron aquí? Esa idea de continuidad de algo es muy emocionante.

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