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Año IXNúmero 471
26 AGOSTO 2026

David Serrano: “Lo que más me preocupa es que un día deje de sonar el teléfono”

David Serrano
David Serrano
Hablar con David Serrano es encontrarse con uno de los creadores más versátiles de la escena española contemporánea. Director de cine, dramaturgo, guionista, productor y responsable de algunos de los musicales más exitosos de las últimas décadas, Serrano se define, ante todo, como un trabajador incansable. La conversación transcurre entre proyectos, ensayos y futuros estrenos, reflejo de una carrera marcada por la actividad constante.

Cuando se le pregunta cómo le gustaría que lo definieran profesionalmente, reconoce que no es una cuestión sencilla. Tras unos segundos de reflexión, asegura que le gustaría ser visto como una persona profesional, seria y profundamente respetuosa con quienes trabajan a su lado. La empatía, explica, no es una cualidad casual, sino una herramienta fundamental de liderazgo. Considera que quienes forman parte de un equipo deben sentirse valorados e importantes para poder ofrecer lo mejor de sí mismos.

Esa filosofía de trabajo conecta con una idea que atribuye al director británico Peter Brook: la capacidad de ilusionar a quienes participan en un proyecto. Serrano entiende la dirección como una labor colaborativa, donde el objetivo es construir algo común y generar un entorno de confianza. Quizá por ello, y porque dedica prácticamente todo su tiempo al trabajo, intenta rodearse cada vez más de personas con las que mantiene una relación cercana y amistosa.

Su agenda resulta vertiginosa. Reconoce que apenas tiene vacaciones y que los fines de semana son una excepción. Entre rodajes, ensayos teatrales, montajes cinematográficos y nuevas producciones, su calendario está permanentemente ocupado. “Lo único que hago en la vida es trabajar o estar con mi familia”, admite con una mezcla de orgullo y resignación.

A pesar de que muchos lo identifican principalmente con el teatro musical, Serrano rechaza cualquier etiqueta que limite su trayectoria. Recuerda que comenzó profesionalmente en el cine con El otro lado de la cama y que, desde entonces, ha alternado constantemente entre el audiovisual y las artes escénicas. “Siempre he estado saltando del cine al teatro”, explica. A lo largo de más de dos décadas ha escrito, dirigido y producido proyectos de muy diversa naturaleza, convirtiéndose en un auténtico todoterreno de la creación.

David Serrano (5)
David Serrano

La música ocupa un lugar especial en su vida. Aunque ha desarrollado gran parte de su carrera rodeado de partituras y escenarios musicales, confiesa que su gran frustración es no haber llegado a ser músico. Amante de la música clásica y del jazz, asegura que cambiaría buena parte de sus logros profesionales por tocar el piano con la destreza de un concertista. Sin embargo, reconoce que la disciplina necesaria para alcanzar ese nivel es algo que nunca ha poseído del todo.
La conversación también aborda la relación entre éxito y fracaso. Serrano recuerda que, en algunos casos, tuvo la intuición de encontrarse ante fenómenos extraordinarios. Le ocurrió con El otro lado de la cama y especialmente con Hoy no me puedo levantar, cuyo potencial percibió tras uno de los primeros pases con público. Sin embargo, también ha vivido decepciones inesperadas. El caso más doloroso fue Días de cine, una película cuya mala acogida por parte del público y la crítica le afectó profundamente.

“Lo digerí mal”, reconoce sin rodeos. Acostumbrado hasta entonces a encadenar éxitos, el golpe resultó especialmente duro. La solución fue refugiarse en el trabajo. Tras unos días difíciles, decidió concentrarse en varios proyectos simultáneamente, una estrategia que sigue recomendando a quienes se dedican a las profesiones creativas. Mantener diferentes frentes abiertos, asegura, ayuda a relativizar tanto los fracasos como los éxitos.

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David Serrano

Entre los trabajos que recuerda con más cariño destaca Metamorfosis en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. La producción, protagonizada por un reparto excepcional y concebida para aprovechar la monumentalidad del teatro romano, sigue siendo uno de los proyectos de los que se siente más orgulloso. Las dificultades de coordinación y la complejidad de los ensayos no impidieron que la experiencia se convirtiera en una de las más satisfactorias de su carrera.

Su nombre también está ligado a algunos de los grandes musicales que han triunfado en la Gran Vía madrileña. Billy Elliot, Matilda, The Book of Mormon o Wicked forman parte de una etapa profesional que define como especialmente intensa. De todos ellos, Billy Elliot ocupa un lugar singular. No solo por la magnitud de la producción, sino porque implicó la creación de una estructura formativa para preparar a los jóvenes intérpretes. “Fue más que un rodaje”, recuerda. Jornadas de hasta catorce horas y meses de preparación dieron forma a una experiencia que considera irrepetible.

Si tuviera que elegir una producción que represente la culminación de su trabajo como director de musicales, menciona The Book of Mormon. La razón es sencilla: siente que allí alcanzó uno de los niveles más altos de excelencia que puede ofrecer como creador.

Mirando hacia el futuro, Serrano expresa su deseo de regresar con más frecuencia al gran teatro de texto. Sueña con dirigir obras como Amadeus, profundizar en autores como Arthur Miller o Tennessee Williams y recuperar producciones ambiciosas que, según lamenta, son cada vez más difíciles de financiar en el panorama teatral español.

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David Serrano

Pese a una carrera llena de reconocimientos y éxitos, mantiene una preocupación constante. No es el fracaso artístico ni la crítica negativa. Lo que verdaderamente le inquieta es la posibilidad de dejar de trabajar. “Me agobia que un día deje de sonar el teléfono”, confiesa. Más allá de las necesidades económicas, el trabajo se ha convertido en una parte esencial de su identidad.

Esa pasión también se refleja en su manera de dirigir actores. No cree en un método único. Cada intérprete requiere una aproximación diferente y el director debe adaptarse a sus necesidades. Con los niños, explica, es necesario marcar cada paso con precisión; con los actores experimentados, el proceso suele ser más flexible. Pero hay una regla que considera innegociable: la emoción debe ser auténtica.

Para Serrano, si el actor no se emociona de verdad sobre el escenario, el público tampoco lo hará. Y quizá ahí resida el secreto de una carrera construida entre películas, obras de teatro y musicales: la búsqueda constante de una verdad emocional capaz de conectar con quienes observan desde la butaca.

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