Una guerra, un aula y seis vidas al límite
Iba Habouk llega a los escenarios con Cucaracha, una obra escrita por el dramaturgo británico Sam Holcroft que, pese a haber sido creada en 2008, dialoga de forma inquietante con la realidad actual. La actriz confiesa que descubrió el texto este mismo año, cuando recibió la propuesta para participar en el montaje.
“Parece que la hubiera escrito ayer”, asegura. La actualidad de los conflictos armados y las tensiones sociales que atraviesan el mundo fueron precisamente las razones que la empujaron a sumarse al proyecto.
La historia se desarrolla en un centro educativo que podría estar situado en cualquier país y en cualquier época. El montaje evita concretar espacio y tiempo para convertir el relato en una reflexión universal. En ese contexto, una profesora de Biología intenta que sus alumnos continúen estudiando mientras la guerra avanza inexorablemente a su alrededor.
“La educación es la única esperanza de futuro para ellos”, explica Habouk. Sin embargo, la violencia del conflicto acabará alterando sus vidas y obligándoles a enfrentarse a decisiones extremas.
Mucho más que una historia sobre la guerra
Aunque la guerra funciona como telón de fondo, Cucaracha aborda cuestiones profundamente contemporáneas. Racismo, machismo, masculinidad tóxica, abusos de poder, violencia sexual o identidad son algunos de los temas que atraviesan la obra.
“Es un texto muy perfecto en ese sentido”, afirma la actriz, que destaca la capacidad del autor para introducir estas problemáticas dentro de una historia profundamente humana.
Para Habouk, el objetivo principal del montaje es recuperar la empatía en una sociedad saturada por imágenes de violencia.
“Estamos tan acostumbrados a ver tragedias todos los días que nos deshumanizamos. Nosotros queremos volver a poner rostro y emoción a esas historias”.
Beth, una profesora convertida en madre
En la función interpreta a Beth, la profesora encargada de acompañar a cinco jóvenes que intentan sobrevivir física y emocionalmente en un contexto devastador.
Lejos de construir un personaje heroico, Habouk presenta a una mujer llena de contradicciones, vulnerable y profundamente humana.
“Intenta mostrarse fuerte delante de los alumnos, pero cuando está sola duda constantemente y se cuestiona todo”.
La actriz reconoce que su propia experiencia como madre ha sido fundamental para acercarse al personaje.
“He abordado este texto desde la maternidad más absoluta. Jamás querría que mis hijos fueran a una guerra y eso es exactamente lo que siente Beth respecto a sus alumnos”.
Esa dimensión protectora la llevó a concebir a la profesora como una gran madre simbólica para todos ellos, alguien dispuesto a ofrecer refugio emocional cuando el mundo exterior se derrumba.

El regreso al teatro que siempre soñó
Aunque el gran público la identifica con su trayectoria audiovisual, Habouk recuerda que su formación es eminentemente teatral. Licenciada por la RESAD, siempre imaginó su futuro profesional ligado a los escenarios.
“La vida me llevó por otros caminos, pero llevaba tiempo sintiendo la necesidad de volver al teatro”.
La conciliación familiar también influyó en esa decisión. Tras regresar a Madrid y reorganizar su vida junto a sus hijos, sintió que era el momento adecuado para dar el paso.
La experiencia, reconoce, ha superado todas sus expectativas.
“Desde el primer día de ensayos pensé: ‘¿Cómo no he hecho esto antes?’”.
Habla con entusiasmo del trabajo realizado junto al director Julián Fuentes Reta y del ambiente creativo generado por todo el elenco.
Lorca, un referente imprescindible
Durante la conversación surge inevitablemente el nombre de Federico García Lorca, uno de los autores a los que más admira.
“Fue una de las mayores sensibilidades artísticas que ha tenido este país”.
La actriz destaca especialmente su capacidad para situar en el centro de sus obras a quienes históricamente habían permanecido en los márgenes.
“Siempre estaba del lado de las minorías”.
También reivindica la complejidad y riqueza de sus personajes femeninos, algo que, a su juicio, sigue siendo excepcional incluso dentro de muchos textos clásicos.
“Con Lorca desaparece esa sensación de que los personajes masculinos son más interesantes”.

Educación y feminismo: las tareas pendientes
Habouk considera que los avances en igualdad no deben ocultar la realidad que viven millones de mujeres en distintas partes del mundo.
“Todavía queda muchísimo trabajo por hacer”.
Recuerda situaciones como la prohibición de la educación femenina en algunos países y otras formas de discriminación que continúan vigentes.
Cuando se le pregunta qué puede hacerse desde el entorno más cercano, vuelve a señalar la educación como herramienta fundamental.
“Yo tengo dos hijos y creo que la clave está en cómo los eduque para que respeten a las mujeres y se relacionen con ellas desde la igualdad”.
Lo que pide al mundo del teatro
En un momento especialmente reflexivo de la entrevista, la actriz resume sus deseos con palabras sencillas: paz, comprensión, sororidad y generosidad.
Lejos de centrarse en reivindicaciones personales, asegura sentirse afortunada y considera que quienes tienen visibilidad pública deben utilizarla para denunciar injusticias.
“Tengo que usar mi voz para hablar de los demás y señalar aquello con lo que no estoy de acuerdo”.
También reclama una escena cultural más diversa.
“Me gustaría ver más multiculturalidad, más mezcla y más propuestas donde las minorías estén sobre el escenario”.
La resiliencia de una cucaracha
El título de la obra encierra una poderosa metáfora. La cucaracha, explica Habouk, simboliza la capacidad de adaptación y supervivencia.
“No sobrevive el más fuerte, sino quien mejor sabe adaptarse”.
Una idea que atraviesa toda la función y que conecta con sus protagonistas: seres humanos obligados a resistir cuando las circunstancias parecen imposibles.
Tras su estreno en los Teatros del Canal, Cucaracha iniciará una gira nacional a partir de septiembre. Un viaje que, para Iba Habouk, supone también el comienzo de una nueva etapa artística que llevaba años esperando.






