NO PIENSO SI MI COMPAÑÍA ES DE DANZA ESPAÑOLA, FLAMENCO O CONTEMPORÁNEO

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Daniel Doña (Granada, 1977), comienza su carrera profesional en Granada, en salas de fiesta y de la mano de la compañía de Maite Galán. Con apenas dieciocho años marcha a Japón durante año y medio, no sin antes llorar lo que no está escrito. La televisión le da la primera oportunidad, pero es el Teatro Español y Lorca quien permite que lo vea un Premio Nacional de Danza como Teresa Nieto. No le gusta que etiqueten su trabajo. Simplemente crea sensibilidades y emociones. Comprometido con el mundo de la danza y sus integrantes piensa contínuamente en las nuevas generaciones, a las que les pide paciencia. A pesar de todos los sinsabores se considera un artista muy afortunado.

¿Dónde inicia Daniel Doña su actividad formativa y profesional?

Empecé en Granada, con ocho años, en una escuela donde se mostraba la pluralidad de la Danza Española (la Escuela Bolera, el Folclore, la Danza Estilizada y el Flamenco). De una forma profesional tuve muy buena suerte. Mi maestra, Maite Galán, había tenido una trayectoria como bailarina en la compañía de Antonio “el bailarín”. Más tarde se trasladó a Granada con su pequeña compañía para trabajar en salas de fiestas o en los espacios que en aquel momento tenía la ciudad. Allí hice toda mi formación en Danza Española durante ocho años, período en el que estuve en esa escuela, desde los ocho años hasta los dieciséis. Con la fortuna de poder desarrollar a partir de los catorce años, noche tras noche en los tablaos de Granada, de la mano de la Compañía de Danzas de España de Maite Galán, los inicios de mi trayectoria profesional. Esta compañía me dio la oportunidad de confrontar por primera vez con el público y que fue, en realidad, mi escuela profunda, porque estuve desde los catorce años hasta los dieciocho trabajando todas las noches de lunes a domingo.

Me permitió no sólo confrontar con el público, sino que también me permitió llevar todo lo aprendido en la escuela al escenario. Esto también me permitió costearme mis estudios, no sólo de danza, sino también de bachillerato (libros, material escolar…). Desde muy joven siempre he sido consciente de lo difícil que es poder sustentarte de la danza.

¿Cuándo llegas a Madrid?

Llego a Madrid después de estar un año y medio en Japón. Estuve trabajando allí en un parque temático llamado Parque España, que me brindó la posibilidad de poder ahorrar para poder empezar a buscarme la vida en Madrid. Llegué en el año 1998 cargado de ilusiones y con ganas de comerme el mundo.

Una oportunidad muy importante fueron mis primeros trabajos en televisión, que también me ayudó a meterme dentro del mercado de la danza madrileña.

A los ochos meses de estar aquí en Madrid convocaron las audiciones para el Ballet Nacional de España. Me presenté como toda la profesión que por aquellos entonces estaban con la necesidad de poder pisar una de las unidades de producción del INAEM, como era el Ballet Nacional de España. Tuve la posibilidad de entrar. Estuve muy poco tiempo, como unos ocho meses. Y a partir de ahí fue cuando tuve la necesidad de empezar a crear mi propio vocabulario, de empezar a mostrar cómo era mi lenguaje coreográfico y a escucharme, también. Ver qué necesidades tenía y emprender junto con compañeros y amigos diferentes proyectos como fueron Chanta La Mui, con Olga Pericet y Marcos Flores, o el proyecto GR con Manuel Liñán. A partir de 2013 empecé a trabajar como compañía privada de danza.

Cuando llegas a Madrid, ¿tienes claro qué quieres hacer? ¿Qué lenguaje quieres conseguir? ¿Cuándo se cruza Teresa Nieto en tu camino y la disciplina contemporánea?

Mi formación viene de la danza española. Con lo cual, el lenguaje que yo utilizaba al principio de mi bagaje era, precisamente, la pluralidad de la danza española, la Escuela Bolera, el Folclore, la Danza Estilizada y el Flamenco. Siempre me he sentido un bailarín o coreógrafo curioso, que le gustaba estar cercano a otras disciplinas artísticas. Pero nunca me había planteado ir un poquito más allá. Siempre me movía como en una zona de confort que quizás era desconocimiento. Pero a raíz de empezar a hacer mis primeros trabajos en colaboración con otros compañeros sentía la necesidad de ir un poquito más allá. Tuve la gran suerte de hacer un personaje muy específico que cambió mi carrera, que fue el personaje de la sombra de la luna, en el Romancero Gitano, en el Teatro Español, dirigido por Paco Suárez. En esa función me vio Teresa Nieto y en 2005 me invitó a formar parte de su compañía.

A partir de ahí empecé a relacionarme mucho más con la danza contemporánea, con compañeros que realmente venían de la danza contemporánea y otras disciplinas como el circo, o gente que también estaba muy cercana al teatro. Eso fue lo que cambió realmente mi visión y mi forma de ver la danza, y fue el primer paso para lo que actualmente es mi lenguaje coreográfico.

IMG 3163¿Cómo definirías tú obra? ¿Cómo ha sido el desarrollo de tus producciones como compañía privada?

Yo creo que ha tenido un desarrollo lógico. Primero empecé mostrando el lenguaje que realmente controlaba. El lenguaje que ese entonces me definía, que era la danza española. Con espectáculos, quizá, con un prisma más contemporáneo, con expresiones mucho más contemporáneas del movimiento, pero siempre con una columna vertebral que era la danza española. Y lo sigue siendo.

Pero quizá ahora mi trabajo va mucho más allá, voy explorando, voy acercándome a los límites, donde creo que ahí es donde actualmente está mi interés, en esa búsqueda, en esa curiosidad de la que hablo, en esa escucha interna que siempre tengo muy presente. Cuanto más voy trabajando los límites, más voy conociendo de donde vengo, porque necesito estudiar e investigar sobre la tradición para poder impulsarla o contextualizarla para traerla a una época actual como puede ser ahora el 2018.

Toda esta búsqueda me hace mucho más conocedor de la tradición, pero también me ayuda a sentirme más libre, o como una herramienta que me puede proyectar mucho más cercano a expresiones más contemporáneas.

¿Cuáles son las producciones que tiene actualmente la compañía en activo?

En activo, va dependiendo de los programadores o festivales qué quieran rescatar en cada momento. Actualmente, No pausa, que es el espectáculo más tradicional o con un lenguaje más ortodoxo de la danza española, estamos moviendo los dos espectáculos de calle o para espacios no convencionales, A pie de calle o Nada personal, estamos moviendo Hábitat, que es la última producción, y la que más satisfacciones me está dando, porque no solamente hay apoyo del público y de la crítica, sino que ha tenido varias nominaciones a los Premios Max, también dentro de los Premios Lorca del Teatro Andaluz, y ahora comenzamos a mover Cuerpo a Cuerpo, la última producción que estrené en los Teatros del Canal de Madrid. Como estuve residente en el Centro de Danza Canal tuve la posibilidad de trabajar en el ciclo Abiertos en Canal, y ahí presenté Cuerpo a Cuerpo, la última producción de la compañía.

Quien quiera ver una producción de la compañía de Daniel Doña, ¿qué es lo que se va a encontrar cuando llegue al teatro? ¿Qué va a ver el espectador?

Yo creo que va a ver un espectáculo basado en la tradición, que se proyecta de una forma natural hacia la vanguardia. Producciones que atienden a muchas sensibilidades, porque también hay un registro coreográfico amplio. Gente que puede descubrir expresiones más contemporáneas del movimiento, que aunque sea un público más especializado en danza española o flamenco, incluso el público que está mucho más especializado en danza contemporánea y que esté mucho más abierto a ver espectáculos de diferentes características, pues que conozcan también la danza española y el flamenco desde un prisma más contemporáneo.

Intento desde el principio captar nuevos públicos, que el público se sienta identificado, que podamos acercar a la danza un público que quizá es minoritario. Un público que está acostumbrado a ver danza quizá descubre en mi trabajo simbología, acentos, lenguajes que están mucho más cercanos a la danza española y el flamenco.

La compañía de Daniel Doña, ¿crea público de danza? ¿Acerca al público a la danza?

Esa es mi intención, crear público. Nunca alejarlo. También creo que como atiende a diversas sensibilidades es un público muy diverso. Voy encontrándome, poco a poco, gente que nunca ha estado cercana a la danza, y que se interesa por el trabajo de la compañía. Que no solamente nos siguen en las redes sociales, sino que después compran su entrada para ver a la compañía.

También como trabajo para espacios no convencionales creo que es una oportunidad para el público en general, que no está cercano a la danza, creo, y tengo la convicción, de que si se encuentran un asalto de danza en un momento en el que ellos no se lo esperan, y eso les cala, creo que ese público terminará en un futuro comprando una entrada o para ir a ver danza o para ir a ver teatro.

¿Cómo es el trabajo dentro de tu compañía? ¿Cuánta gente la formáis? ¿Cómo es el trabajo con Daniel Doña? Los bailarines, ¿se sienten cómodos trabajando contigo?

El formato de la compañía es un formato pequeño-mediano. Por lo menos las producciones que hasta ahora estoy llevando. Siempre intento que los bailarines se sientan, por lo menos, recompensados, con unas condiciones laborales dignas. Siempre estoy muy pendiente de no sobrepasar límites, de no exigir excesos de ensayo. Llego al estudio con un horario muy marcado en el que creo que es suficiente desarrollar un buen calentamiento y, después, un ensayo cotidiano de todas las producciones que estamos moviendo con la compañía.

Intento encontrar el equilibrio entre un compañero más y el director de la compañía, o la figura que dirige la compañía. Es difícil. Algunas veces está muy interrelacionado el compañero con el director de la compañía. Pero creo que el ambiente que se crea es un ambiente profesional, de un trabajo limpio, de respeto, porque son perfiles muy característicos lo que yo voy buscando en un bailarín para formar parte de mi compañía, con lo cual siempre delego en ellos toda la responsabilidad. Les hago entender que ellos son los dueños de los espectáculos y que lo único que necesito de ellos es su buen hacer, su responsabilidad y su entrega.

En muchas ocasiones, cuando ya está el trabajo hecho, nos vamos antes, y cada uno sigue con su vida cotidiana.

 

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¿Qué le queda por hacer a Daniel Doña? ¿Qué tiene en mente?

Me queda por hacer, espero, mucho, mucho. Yo no era consciente de que era tan fácil enamorarse de los proyectos. Cuando uno termina agotado y casi vacío de la última producción siempre piensas que seguramente ahora hay un tiempo de recapacitar, de reponerte, de poder llenar este cuerpo de nuevas ideas, de nuevas cosas, pero casi el ritmo frenético al que estamos sometidas las compañías privadas para poder subsistir y poder estar más presente en diferentes festivales, casi que te obliga a estar siempre en continua evolución y en continua producción, y es muy fácil enamorarte de los proyectos. Enseguida que coges una línea de trabajo, enseguida ya estás montado en la nueva producción.

Ahora estoy inmerso en Si que, el último trabajo de la compañía, en donde vamos a hablar de esos espacios dormidos de la memoria, esas tradiciones, esos juegos, esos rituales que están dormidos en la memoria pero que todos hemos tenido en nuestra niñez, y que tampoco están muy atrás de nuestro tiempo. Solamente bucear cincuenta o sesenta años atrás y nos encontramos con estos rituales, con estos espacios dormidos, que hay que poner en valor y, sobre todo que hay que rescatar transformándolos y traduciéndoles a un leguaje muy Daniel Doña, que es un lenguaje muy de vanguardia, pero siempre muy basado en la tradición.

Hace un tiempo hablabas en la revista Actúa, editada por AISGE, que lo que se está haciendo con la danza en la actualidad es, nada más y nada menos, que un genocidio. ¿Por qué?

Falta mucho apoyo institucional. Es cierto que se está haciendo esfuerzos, pero son unos esfuerzos para poner parches. Hablaba en esos medios sobre la danza española en particular. Es incomprensible que el país, que es número uno en exportación de danza española, no tenga un festival específico de danza española. Las compañías de danza española todavía sobrevivimos por la deferencia que tienen directores de festivales, gestores culturales, en programar compañías de danza española, pero es, como poco, sorprendente, no tener un festival específico de danza española.

Pero creo que el genocidio se está cometiendo, en general, en todas las artes escénicas. Yo creo que los creadores hemos cumplido nuestra labor. Hemos hecho producciones en épocas en las que casi no había confrontación con el público, casi no tenemos visibilidad, casi no existe programación, casi no tenemos estímulos externos, y hemos seguido creando, creando producciones, incluso, de mayor calidad que cuando estábamos en años de abundancia.

Creo que la pelota ya está en el campo de los que nos gobiernan. Que se den cuenta que la cultura debe estar presente en las escuelas. No puede ser que la cultura la estemos enfocando a un sector minoritario. La cultura debe estar en las escuelas, en el público en general. Hacer mucho más hincapié en la educación primaria, que es donde realmente, en un futuro, estos jóvenes estudiantes serán libres de pensamiento. Incluso esta desidia que existe hoy en día en las escuelas, quizá a través del arte podamos provocar en los estudiantes un interés. Y esto lo hace el teatro, lo hace la música, lo hace la danza.

Por eso creo que se está cometiendo un genocidio con la cultura en este país, porque en la educación primaria se está sustituyendo, se está quitando. No solamente estamos creando un público poco interesado en la cultura, sino que va a ser un público poco libre, personas poco libres.  

IMG 3155¿Cómo es la situación actual de nuestros bailarines y coreógrafos? Además de bailarín, eres coreógrafo, productor y gestor de tu propia compañía. ¿Cómo es tu situación actual? ¿Se puede vivir hoy en día de la danza?

Hay casos muy particulares en los que sí, y casos de bailarines que son afortunados por poder desarrollar una actividad laboral sobre en lo que tantos años se han formado. Ahora cuando un bailarín ha finalizado el grado superior han pasado casi catorce años de formación. Para después no poder tener plataformas de exhibición.

Es duro. Es difícil. Estamos viviendo una época en la que están cambiando mucho las estructuras. Antiguamente, cuando nos formábamos como bailarines, era suficiente esa formación como intérprete. Creo que hay que dar otro paso más allá y también formarlos como futuros coreógrafos o como futuros creadores. No dejar ese peso solamente en los grados superiores. Los grados profesionales tienen que estar pendientes, también de esta labor, porque muchos de ellos cuando salen al mercado laboral se encuentran con que tienen que auto-gestionarse, no solamente a nivel creativo, sino que también tienen que saber cómo gestionar una compañía privada. Una compañía que no solamente es la parte creativa, sino que hay que pedir subvenciones, hay que estar muy pendiente cuando se abren los plazos para pedir esas subvenciones, dar de alta a los bailarines, en qué modalidad, cuál es el mínimo “digno” que hay que pagarle a un bailarín por funciones y ensayos. Se encuentran con que tienen que gestionar demasiada información que nadie les ha advertido, que nadie les ha dicho.

Yo he tenido la suerte de haberme encontrado gente en mi camino que me ha ido inspirando y que me ha ido enseñando. Y sobre todo porque también he empezado con un proyecto muy pequeño. Mi primer espectáculo éramos tres intérpretes en escena, un técnico de sonido y otro de iluminación. Viajábamos cinco personas. Eso fue el principio de mi formación como gestor, como empresario. Qué era lo que yo podía hacer y hasta dónde yo podía llegar.

Poco a poco la compañía ha ido creciendo. Quizá no tanto en trabajadores, pero si en infraestructura. Ahora la compañía puede poner en funcionamiento unas escenografías mucho más pensadas, unas escenografías que requieren mucho más soporte, transporte… Ha ido consolidándose la compañía en su estructura.

Eso falta ahora para los jóvenes creadores y los jóvenes intérpretes. Que sean pacientes. Yo les pido que sean pacientes. Que vayan muy poco a poco. Que sigan enamorándose día a día de la profesión porque es lo único que nos mantiene en funcionamiento. Llegué a la danza por casualidad, me quedé por amor y así hay que seguir siempre. Es una situación complicada. No voy a hacer apología de cómo está la situación actual. Ya todo el mundo sabe cómo está la situación actual. Quizá es hora de no mirar tanto la situación que tenemos como de reponernos, de reinventarnos, de impulsar cada día este arte que es la danza.

El INAEM ha hecho hace unos meses unas jornadas informativas sobre la transición profesional de los bailarines, ¿no crees que no se está fomentando desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte las salidas profesionales de los bailarines y que se ha comenzado la casa por el tejado?

Efectivamente esta misma reflexión me la he hecho durante estas últimas semanas con referencia a la inclusión del bailarín en el mercado laboral después de haber terminado su corta carrera. Es cierto que no me parece mal que se esté trabajando en esta línea. Es cierto que los datos, bajo mi punto de vista, son erróneos, porque, afortunadamente, gracias a la técnica y a todos los avances, ya no es tan corta la carrera del bailarín. Incluso ahora tenemos muchas más herramientas, trabajar con nuestro propio cuerpo a través de la técnica. Ya podemos tener muchas más posibilidades para desarrollar nuestra carrera y que dure más.

Pero es cierto que donde debería estar realmente la intención es en la profesión actual, y en las nuevas generaciones que van a incorporarse al mercado laboral. Ahí es donde tenía que estar por parte del INAEM la apuesta fuerte. Hay miles de bailarines que salen de los conservatorios y que después se encuentran que no hay plataformas de exhibición, que no hay compañías donde trabajar, que no hay mercado, que estamos copando el mercado muchísimas compañías con diferentes formatos y que no hay festivales en los que trabajar.

Creo que sería mucho más importante fomentar, o por lo menos poner a disposición de las nuevas generaciones muchas más plataformas. En realidad, la frustración del bailarín que termina su carrera es dura, porque te tienes que cuestionar “hasta aquí ha llegado”, por lo menos delante del público, mi carrera, pero es mucho más frustrante un bailarín después de catorce años de formación, que sale al mercado laboral, y se encuentre que todo lo que ha estado aprendiendo no tiene lugar donde desarrollarse.

En este sentido no te sabría decir qué es más duro, porque no he vivido ninguna de las dos situaciones. En mi época cuando yo salí a trabajar había muchas oportunidades, y de momento, no ha llegado el momento de retirarme. Pero creo que hay que estar mucho más sensibles con estas nuevas generaciones porque ellos son el futuro del tejido cultural del país, por eso hay que estar mucho más atentos a ellos.

 

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¿Qué necesita la compañía de Daniel Doña?

(Silencio). Yo me siento muy afortunado. Y tengo que ser agradecido. La compañía, ahora mismo, tiene apoyo institucional, ahora mismo está de residente de un centro cultural donde tiene un espacio donde ensayar las producciones, donde hacer una actividad laboral profesional a diario, que no solamente uso yo como director y coreógrafo de la compañía, sino que los bailarines tienen la posibilidad de usar la sala. Esta infraestructura necesaria para una compañía, afortunadamente, la tengo.

Si que me gustaría que la compañía pudiera estar en los circuitos de una forma libre, sin etiquetas, no se cuestionara en circuitos de danza española y flamenco si mi trabajo es más contemporáneo, que en festivales o circuitos contemporáneos no se plantearan si soy una compañía de danza española o flamenco. Soy una compañía que hace danza. Danza en su mayor expresión. Eso conlleva un riesgo, por supuesto, pero también me muestro libre. Y esa libertad, algunas veces, juega a favor, y otras veces va en contra, porque es una cosa muy española poner etiquetas. Creo que la compañía lo que necesita es ser vista como una compañía libre, una compañía que muestra su trabajo de forma libre, y lo que hace es atender a muchas sensibilidades. Eso debería de ponerse en valor.

¿Qué queda de aquel Daniel Doña que salió un día de Granada?

Creo que queda mucho. Ya son cuarenta años los que tengo, y salí con dieciocho. La “panzá” a llorar que yo me di cuando me iba a Japón año y medio sin conocer a nadie, sin saber lo que me iba a encontrar. Pero muchas ganas de salir de Granada. Necesitaba conocer, necesitaba estar en comunicación con otros cuerpos, con otras disciplinas, con otra gente que me pudiera enseñar.

Daniel Doña sigue manteniendo la misma ilusión. Sigo estando enamorada, o más, fíjate, o más incluso que cuando tenía dieciocho años, independientemente de todos los muros, de todos los noes, que me he ido encontrando en mi camino. Creo que esa circunstancia ha ido haciendo de mi quien soy. Sigo afrontando los trabajos, y los noes, y las adversidades con la misma sonrisa.

Me gustaría decirle a ese Daniel Doña de dieciocho años que, que ha merecido la pena. Que toda la intuición que él tenía y todas las ganas de proyectarse al mundo y al arte de la danza en general, que ha merecido la pena. Que no sabe lo que pasará ahora, en un futuro, pero que seguramente que seguirá peleando, luchando, siendo comprometido con la profesión, peleando no sólo por mis derechos, sino por los derechos del sector. Que en todas las plataformas en las que estoy inscrito como socio ahí estoy peleando porque haya una mejora de las condiciones laborales y el futuro de los bailarines, y que si me tengo que dejar el alma y la piel en esto, lo voy a seguir haciendo, incluso cansado, porque hay momentos en los que uno lucha contra viento y marea, y cree que no hay luz al final del camino, pero poco a poco vamos consiguiendo cosas y sobre todo, lo hago por las generaciones anteriores a la mía que han luchado tanto porque tengamos unos derechos dignos, que no nos dejemos nosotros ahora morir.

Por eso en mis cursos y mis clases soy consciente de transmitirles a mis alumnos no sólo algo de mi lenguaje coreográfico, sino ir más allá y hacerles conscientes de que tienen que estar apoyando acciones a favor de la cultura, tienen que estar presentes. Hubo una generación que lo estuvo, y por eso ahora nosotros estamos donde estamos.

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