“¿De qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?”. No hay mejor manera de entrar en esta Alicia en el País de las Maravillas que por la misma rendija por la que Lewis Carroll abrió su clásico. Porque la versión de Teatro Narea, presentada en el Teatro de Rojas de Toledo, no se limita a adaptar una historia célebre: convierte esa primera pregunta en una poética, en una defensa de la lectura y en una celebración escénica de todo lo que un libro puede seguir provocando cuando alguien se atreve a abrirlo de verdad. Ahí está su principal acierto. No toma a Alicia como una reliquia de la infancia ni como un repertorio de estampas complacientes. La toma como una llave. Como un pasadizo. Como una invitación a recuperar el libro, a recuperar los libros, a recuperar, en rigor, cada libro...