Una mañana del noviembre frío de 1975, la librería Alberti abrió su puerta por primera vez. Las palomas azules de la fachada, dibujadas por el poeta aún exiliado en Roma y esmaltadas por el ceramista Arcadio Blasco, revolotearon alegres, el dictador agonizaba en El Pardo y en los bares de la calle Princesa las voces bajas no le daban ni dos telediarios....