PRIMERA BAILARINA DEL BALLET NACIONAL DE ESPAÑA

Alona Alonso 

Aloña Alonso es, en la actualidad, Primera Bailarina del Ballet Nacional de España. Se siente querida, reconocida y respetada por el público y por el mundo de la danza en general. Uno de los recuerdos que primero se le viene a la cabeza de su niñez, y que recuerda con más cariño, es viéndose bailar jotas junto a todas sus primas en la romería de la Virgen de la Paz en La Seca, donde, comenta, va cada vez que puede.

Le gustaría conocer personalmente a la actriz Lola Herrera para invitarla a comer. Dice que en el escenario Lola Herrera es una mujer que ha roto mucho. Le aportaría sabiduría en las tablas y mucho amor y respeto por su profesión y por el teatro. Sería muy interesante una conversación con ella.

Al cine se llevaría, aunque por su falta de tiempo no va mucho, a su hermana. Al cine y a pasar una tarde de “chicas”. La echa mucho de menos. A ver un espectáculo de danza se llevaría a cualquiera que se encontrara por la calle que nunca hubiera visto danza, porque se está dando cuenta que hay mucha gente que nunca ha visto un espectáculo de danza. Y quien lo ve, repite. Para que saboree y disfrute de la danza, porque es algo que engancha, y le da mucha pena que sea la eterna desconocida. Al teatro se iría con su compañero Alfredo. Le tiene mucho cariño y mucho respeto como bailarín y como persona. Iría con él al teatro.

 

 

 

 

¿De dónde viene Aloña Alonso?
Aloña es de Valladolid, vallisoletana, y el nombre es vasco. El nombre lo escogieron mis padres cuando eran novios, y acertaron en un nombre especial, y que me ha hecho sentir muy cómoda y muy yo.

¿Desde cuándo la pasión por la danza?
Yo sinceramente no lo recuerdo, pero mi madre siempre cuenta que sin haber cumplido los cuatro años le dije que quería bailar. Como ella tiene mucho miedo al agua, cuenta que me dijo: “Este verano si aprendes a nadar yo te apunto a bailar”. Ese septiembre empecé con mis clases de danza cuando iba a cumplir los cuatro años.

¿Cuándo vienes a Madrid?
Yo ya estaba en Madrid. Soy nacida en Valladolid, pero mis estudios de danza los hago en Móstoles, en la academia de Nuria Pomares, y termino la carrera en el conservatorio, empezando en Ópera, en ese maravilloso conservatorio donde está hoy el Teatro Real, y luego en la calle Soria. Ahí terminé mi carrera. Danza Española y Ballet Clásico, las dos carreras hice a la vez.

¿Por qué te decantaste por la danza española?
Hice mis pinitos con Fernando Bujones en ballet clásico, pero fue José Antonio con el que empecé. La danza española siempre me ha llenado más el corazón. Adoro el ballet clásico, pero las castañuelas, cómo se expresa un bailarín de danza española, y la pasión que se pone cuando bailas danza española, para mí, era mucho más grande que el ballet clásico.

¿Por qué compañías ha pasado Aloña?
He estado bajo la dirección de José Antonio, en su compañía privada, con Antonio Márquez. Después entré en el Ballet Nacional, estuve muchos años. Hice un paréntesis en el Ballet cuando Antonio Najarro arrancó su compañía, y luego volví otra vez al Ballet bajo la dirección de José Antonio, posteriormente de Aída Gómez, Elvira Andrés, y de Antonio Najarro ahora.

¿Recuerdas cómo fue tu entrada en el Ballet Nacional de España? ¿Recuerdas las audiciones?
Yo lo recuerdo con una ilusión tan grande…, porque es la ilusión, de verdad, de toda bailarina querer entrar aquí. Era muy jovencita. Tenía dieciocho años, y fueron unas audiciones muy duras. Creo que han sido las audiciones con más afluencia de gente. Fueron cuatro días de audición, con unas pruebas bastante duras, y cuando me vi en la lista de que había entrado al Ballet fue, de verdad, emocionante. Fue algo muy importante para mí.

Porque luego, una vez aquí dentro, es trabajar día a día, vas superando pruebas, tú misma te tienes que ir superando, y haciéndote tu carrera, porque con dieciocho años yo era todavía una jovencita.

¿Te lo comunicaron por escrito, te llamaron, en persona…?
No, no, no. Me quedé a ver la lista. Después de cuatro días de audición no nos fuimos de allí hasta no ver la lista.

La audición fue, una primera fase, digamos, de una clase de ballet clásico, muy dura. Todo el mundo salía diciendo: “¿Pero es para el Ballet Nacional de España o para el Royal?”. Con tanta gente Aída quiso hacer una criba en la primera fase sólo con la clase de clásico. Luego hubo Escuela Bolera, Estilizada y Flamenco. Y eso fue otra criba. Como final, el repertorio del Ballet. De ahí ya quedábamos muy pocos. Entre chicos y chicas, unos veinte o menos. De más de doscientos. Al final sólo entraron ocho.

 

alona concierto aranjuez

 

Escuela Bolera, Danza Estilizada, Folclore, Flamenco… ¿con qué te quedas?
Yo he bailado mucha Escuela Bolera, pero me quedo con la Estilizada, es donde más cómoda me encuentro, aunque he disfrutado mucho y he tenido la gran suerte de hacer papeles maravillosos de Escuela Bolera, que me han hecho sentirme muy realizada, pero con el Clásico Español, la Estilizada, me siento mucho más cómoda.

¿Qué coreógrafo destacarías en este momento?
Te puedo decir piezas maravillosas con sus coreógrafos fantásticos. Igual que te he dicho que en Escuela Bolera he podido hacer Eritaña, de Antonio el Bailarín, o Picadas, de la maestra Mariemma, las Sonatas del Padre Soler de los hermanos Pericet… Pero, por ejemplo, Ritmos ha sido y será, para mí, una pieza emblemática del Ballet Nacional de España, de la que he tenido la gran suerte de hacer todos los papeles. Empecé en el cuerpo de baile, he hecho tríos, y desde hace muchos años hago paso a dos. Me parece algo muy especial, un regalo que dejó Alberto Lorca aquí.

José Antonio ha sido la persona que me descubrió, con ese paso a dos de Aires de Villa y Corte que tuve la suerte de bailar con él…

¿Qué destacarías de Aloña Alonso como bailarina?
Aloña ha sido demasiado perfeccionista. Y te lo digo ahora después de tantos años. Yo creo que es muy sincera en el escenario. Es ella. He hecho muchos papeles pero he intentado que se me vea a mí. Muy larga. Unos brazos enormes. Aunque me ha tocado hacer papeles de personas muy chiquititas he tenido que ser yo. Yo creo que mi figura esbelta y estilizada es lo que más ha llamado la atención en el escenario.

¿Cómo ha sido tu trayectoria dentro del Ballet Nacional de España?
Entro como cuerpo de baile. Poquito a poco he ido haciendo audiciones para subir a solista, aunque entre medias he ido haciendo papeles de primera bailarina. Pero la categoría me la he ganado con mucho esfuerzo y a base de muchas audiciones. De hecho, hice dos audiciones de solista, que es la más difícil audición que puede tener el Ballet Nacional de España. Me tocó hacer dos, una interna para subir de categoría, y otra cuando salí del Ballet y volví a entrar como solista, pero bajo otra audición, claro.

La de primera bailarina fue un gustazo porque elegí una pieza que está en el espectáculo del 40 aniversario del Ballet, Danza IX, de la maestra Betty. La verdad es que la disfruté muchísimo preparándola. Cristina Visús, gran alumna y admiradora de la maestra Betty, en su día ella me ayudó para hacer esta audición y es la que nos ha repetido ahora para el 40 aniversario, una pieza maravillosa.

De todo lo que has hecho en el Ballet Nacional, ¿con qué piezas te quedarías?
Eritaña
me ha marcado mucho porque han sido muchos años bailándola. Ritmos, la adoro…

 

 

¿Porqué te han marcado estas coreografías?
Me siento muy cómoda con las dos. Y con el resultado. Han sido unas piezas con las que se me ha reconocido. Las que llevan un poquito mi sello. Creo que todavía se ve y se me recuerda porque las he bailado muchos años, y creo que me ha marcado a mí como bailarina. A mí, personalmente, y creo que al público.

¿Qué le aporta Aloña a las piezas coreográficas?
Mucho cariño, mucha dedicación, y toda mi alma, de verdad. A todas las piezas. Soy una persona, aparte de muy disciplinada, muy pasional y me llevo mucho por impulsos. A veces me juegan malas pasadas, pero lo doy todo, para bien o para mal. Soy muy impulsiva y me dejo llevar por mi sentimiento y la pasión y el amor que le tengo a la danza.

¿Eres pura pasión en el escenario?
Creo que si.

¿Qué percibes del público?
Percibo cariño. Aunque hay veces que termino y no escucho ni los aplausos, de tan en mi burbuja que me meto. Intento que sea un regalo para ellos. Yo bailo porque adoro la danza, pero sé que es un público al que le debo y al que me entrego para darle siempre lo mejor de mi. ¿Qué percibo de ellos? Mucho cariño, y mucho respeto. Me siento respetada y admirada dentro del mundo de la danza.

¿Aloña rompe esa pared que divide la escena del público?
Yo creo que sí que llega. También hay coreografías que te dejan romper más que otras. Pero yo creo que sí, sí que ha roto… Ha llegado a emocionar.

¿Qué tiene Aloña en el camerino?
Aloña tiene pocas cosas. Aunque a lo largo de mi trayectoria y de mi carrera siempre me he quedado con pequeños objetos o regalos. Aloña tiene un Yen de la primera vez que bailó el paso a dos de Ritmos en Japón. Se llenó el teatro y quiso tener un guiño hacia los bailarines y nos dio un Yen a cada uno. Ese lo llevo siempre, desde hace muchos años, conmigo. Aloña tiene la foto de una manita preciosa de su hija de cuando era un bebé. Aloña tiene recuerdos de compañeros que han pasado por su vida (se emociona). Y poco más.

¿Qué destacarías del paso de Antonio Najarro por el Ballet Nacional de España?
Hay algo que me encanta, como madre, como bailarina, por el hecho de llevar la danza más allá, y es la gran apuesta que ha hecho esta dirección por acercar la danza a los más pequeños. Las funciones familiares, presentar el libro y hacer que colegios vengan a ver los ensayos… y de verdad alucinen con la danza. Es algo que se debería de haber hecho hace tiempo, y que se tiene que seguir haciendo, y es acercar la danza a los colegios, a los niños, porque realmente son el futuro. Lo de arriba, me da pena decirlo, está un poco perdido. Vamos a intentar que desde abajo creemos esa curiosidad por venir al teatro.

¿Tu futuro dentro del Ballet Nacional?
Mi futuro dentro del Ballet Nacional no sé si es corto, largo. He hecho mucho ya en este ballet. He disfrutado. Me encuentro en un momento fabuloso artística y personalmente, porque me siento con una madurez y un disfrutar en el escenario muy grande. Técnica y físicamente me conservo bien. Me encuentro en un momento muy bonito.

Personalmente tengo un lastre, entre comillas, que son mis hijos, a los que cada vez me cuesta más dejarlos para irme de gira. Y hay algo que me llama mucho la atención que es la docencia. Poder acercar la danza, mi forma de ver la danza, amar, respetar y valorar la danza, a la gente joven. No sé cuánto tiempo más me queda aquí. Es una pena. Porque si fuera de clásico hay galas de estrellas que podría estar invitada en otros momentos. Pero es que no hay galas de estrellas de la danza española, desgraciadamente. Cuando cuelgue las zapatillas y las castañuelas aquí será para entregarme en cuerpo y alma a la docencia.

El Ballet Nacional de España necesita que se le cuide y se le mime, y ojalá sean muchos años más los que celebre. Yo celebré los veinte años de existencia. Y ahora los cuarenta. Espero que dure mucho con respeto y admiración, siempre en positivo.

 

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