José Carlos Plaza representa, afirma García González, “que lo que tenemos ha sido fruto del trabajo de muchas personas como él, que gracias a su empeño y saber hacer han conseguido transmitir la idea de que todos somos iguales, que la democracia es algo positivo y que tenemos que ser libres para pensar y ser ciudadanos en este país”.
“Sindicato es una de las palabras más hermosas del mundo porque quiere decir exactamente ‘juntos para hacer justicia”, ha respondido José Carlos Plaza, quien afirma considerarse “un hombre de grupo”. “Creo en lo colectivo y, por lo tanto, en la enseñanza pública. Para mí es un día muy especial porque coincide con todo lo que yo pienso”.
El inicio de la carrera de Plaza estuvo vinculada al Teatro Experimental Independiente (T.E.I.), una compañía, en palabras de Irene Pardo, “que hizo pensar que otra vida era posible, que otra sociedad era posible. Se dice que fue una revolución teatral, pero era una revolución social y yo me atrevo a decir que era una revolución política”.
“Me gusta mucho la palabra ‘político’, me dicen soy un hombre político y estoy orgulloso de serlo”, confirma el director. “Creo que todos los actos de la vida son políticos. Aquel fue un movimiento social, político y teatral, todo unido. Se creó porque las condiciones eran tan tremendas… La censura era tal… Era un esperpento”, rememora. “Estaba toda la sociedad en lucha, y fue el conjunto, el colectivo, lo que hizo posible que saliera. Nosotros éramos más llamativos, éramos más teatrales, pero la lucha de los estudiantes y de los obreros —en Asturias, en Castilla, en Euskadi— era la que hacía realmente el trabajo. Nosotros éramos las puntas del iceberg”.
“Éramos muchos grupos, cada uno haciendo un tipo de teatro, un caleidoscopio al que se llamó teatro independiente”, evoca. Tras pasar por el T.E.I., Plaza fundó junto a Miguel Narros y su maestro, William Layton, el Teatro Estable Castellano, donde hacían “un trabajo muy profundo desde el ser humano, intentando encontrar lo que era esencial”. De Layton aprendió que “el rigor es fundamental en el teatro” y que el centro de su trabajo es “el respeto al texto y el respeto al actor en el ensayo. He intentado hacer de la unión de la palabra con el cuerpo del actor, la palabra escrita con la palabra viva, un ‘leitmotiv’ de mi vida”
“Almagro, mi casa”
Plaza ha sido rotundo al describir su relación con Almagro: “Tengo cuatro amores en mi vida: el primero es mi nieta, el segundo es el teatro, y el tercero y el cuarto son Mérida y Almagro. Cuando vine por primera vez, hace tanto tiempo, me di cuenta de que era mi casa, sentí que yo pertenecía a esas maderas, a ese Corral”. Su primer contacto con el certamen se remonta a 1979, cuando dirigió ‘La dama boba’ en el Corral de Comedias, y se ha prolongado a lo largo de décadas con montajes de ‘El avaro’, ‘Hamlet’ o ‘La venganza de Tamar’ con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
“Yo creo que en el teatro clásico no existe como tal”, ha reflexionado el director: “Te enamoras de una obra clásica porque perdura. Hay muchas obras que se han perdido —a veces injustamente, otras no— pero queda una literatura dramática extraordinaria que nos conecta directamente con valores estéticos, morales y sociales vigentes hoy en día”. “El teatro coge la literatura dramática clásica y la hace un hecho de hoy, con gente que vive hoy, que suda, que está en el escenario, que sonríe. Es la unión entre las raíces de donde venimos y el hoy: ¿quién se puede resistir a eso?”
“Hay una generación de directores, de actores y actrices que están muy enamorados del teatro clásico y lo están redescubriendo”, celebra Plaza, “porque además están entendiendo que se puede reinterpretar. Es como un traje que está ahí con telas buenísimas y tú lo adaptas a tu medida”. Aunque advierte: “Hago una llamada muy urgente a la gente joven para que siga luchando” porque, asegura, “hay una pestilente ola de incultura tremenda. El antídoto para la pérdida de libertad es el conocimiento”.





