La artista visual Edurne Rubio presenta en el Centro Dramático Nacional una propuesta escénica que da protagonismo a la niebla como elemento escénico que inunda la sala de oscuridad
La pieza invita al espectador a dejarse perder a través de imágenes invisibles conformadas gracias al trabajo del espacio sonoro, la iluminación, la escenografía o la palabra y la actuación de las intérpretes
Con Tinieblas, Edurne Rubio propone una experiencia sensorial que invita al espectador a abandonar el control y adentrarse en lo desconocido. “La pieza invita a perderse en el teatro y quizás, en ese estado, encontrar otros caminos posibles. Si el espectador no intenta mantener el control, se perderá y, cuando se encuentre, ya no estará solo”.
Según define la autora y directora, “es un espectáculo sobre personas que se pierden o sobre personas que buscan a aquellas que se han perdido. Son historias fragmentadas, con el desenlace aplazado, suspendido en medio de la niebla, porque eso es lo que parece hacer la niebla: suspender el tiempo”.
Una experiencia sensorial y colectiva
El Centro Dramático Nacional se transforma escénicamente convirtiendo la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán en un paisaje sensorial en el que puede pasar de todo mediante diferentes escenas independientes que crean mundos de ficción en torno al mundo tradicional de nuestros pueblos y de su entorno natural.
El montaje se articula a partir de una concepción sensorial en el que la iluminación, la escenografía, el espacio sonoro, o la interpretación a través de palabra y movimiento adquieren un papel central en la dramaturgia.
La niebla, elemento clave de la pieza, se convierte en un cuerpo que invade el espacio escénico y transforma la relación del público con lo que sucede: “La niebla es un ente en continua transformación que toca físicamente al espectador. Reduce la visibilidad y nos obliga a ver con los oídos, a escuchar el mundo de una manera más atenta”.
Inspirada en su investigación previa sobre la oscuridad en las cuevas, la obra plantea también una reflexión sobre otras formas de conocimiento: “Trabajar en la oscuridad es una manera de rebelarme contra la idea de la luz como símbolo del conocimiento. Es un deseo de buscar un saber más intuitivo, más animal”.
Explica que la pieza nace del interés por “habitar la oscuridad como un espacio lleno de posibilidades, donde lo que no se ve activa otras formas de percepción y de imaginación”. En este sentido, Tinieblas no plantea la oscuridad como ausencia, sino como un territorio fértil desde el que generar imágenes mentales, relatos y experiencias compartidas. La pieza genera una potente imaginería: “Es una propuesta muy visual. Aunque el espacio está prácticamente vacío, gracias a la maquinaria del teatro y al sonido se invocan imágenes y lugares lejanos, permitiendo al público desplazarse mentalmente”, señala Edurne Rubio.
El espacio escénico se concibe como un paisaje sensorial que exige un papel activo por parte del público mediante la difusión de los límites escénicos entre la escena y el espectador.
La iluminación y la escenografía diseñados por Leticia Skrycky dejan de ser recursos técnicos para convertirse en elementos estructurales que modulan la percepción y se redefinen. La oscuridad —y su reverso, la niebla como “oscuridad blanca”— permite, en palabras de la artista, “proyectar nuevas imágenes sin tener que adaptarnos a lo que ya conocemos”.
El sonido de Lieven Dousselaere y Sandra Vicente adquiere un papel determinante en la construcción de la experiencia ya que guía al espectador por un espacio invisible que sustituye a la imagen. Edurne Rubio subraya la importancia de este elemento en la escritura escénica: “Hemos escrito esta obra no solo con palabras, también con luces y con sonidos. De hecho, los silencios son muy importantes y elocuentes”.
Las intérpretes Tania Arias Winogradow y Somaya Taoufiki encarnan diferentes personajes que son herederas del legado cultural e histórico, que han inspirado a Edurne Rubio relatos históricos y legendarios recogidos durante su investigación.
El equipo artístico cuenta además con la colaboración de María Jerez, con quien Edurne Rubio ya había trabajado anteriormente, y que en esta ocasión participa como ayudante de dirección y dramaturgia, reforzando una línea de investigación compartida en torno a los lenguajes escénicos contemporáneos.
Esta propuesta escénica podrá verse en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán del 30 de abril al 31 de mayo del 2026.





