El teatro ha defendido durante siglos una idea sencilla y difícil de sustituir: la de estar presentes, en el mismo espacio y en el mismo instante, frente a otra persona. Esa cualidad de lo vivo, del cuerpo que respira ante el público, sigue siendo el núcleo de las artes escénicas. Con el tiempo, buena parte de esa búsqueda de presencia se ha desplazado hacia las pantallas, donde la comunicación en tiempo real se ha convertido en un hábito cotidiano que apenas nos detenemos a observar con calma...