Al principio, un zoco, quizá ya estábamos en Zocodover, un primer diálogo sin desenfreno, un ofrecer medido, casi ceremonial, como quien despliega telas y especias con la calma de los que saben que la prisa estropea la belleza, y en ese intercambio de guiños y palabras, entre la promesa de lo exótico y lo cercano, aparece un libro, no como mercancía, sino como umbral, como la primera llave silenciosa que abre la historia...