(Prólogo. Noche cerrada. El teatro se queda solo. Y cuando un teatro se queda solo, empieza lo serio).
Por la noche, cuando se apagan todas las luces del Teatro de Rojas, cuando ya no existen miradas indiscretas, cuando ya no están los niños dando alma a estos actores sin alma, solo en ese momento los personajes y las marionetas toman vida. Sí, toman vida. La madera recuerda. El paño respira. El hilo se tensa como un nervio. Y el silencio, que parecía vacío, se vuelve un escenario lleno de presencias...