La indiferencia es el verdadero problema. Si un espectáculo genera debate, significa que ha removido algo
Los jóvenes, si se aburren, no vuelven. Hay que conseguir que les pasen muchas cosas por el cuerpo
La Compañía Nacional de Teatro Clásico vuelve a ocupar un lugar protagonista en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro con una programación que combina estrenos, reposiciones de éxito, danza contemporánea y una firme apuesta por las nuevas generaciones. Al frente de esta nueva etapa se encuentra Laila Ripoll, que afronta además su primera dirección escénica desde que asumió la dirección de la institución.
«El festival no puede ser mejor», afirma al comenzar la conversación, destacando la estrecha colaboración entre el certamen y la Compañía Nacional.
Un Almagro lleno de estrenos
La programación arrancará en el Teatro Adolfo Marsillach, en el Hospital de San Juan, con el estreno absoluto de El Caballero de Olmedo, dirigida por la propia Ripoll. Al día siguiente llegará al Corral de Comedias la propuesta escrita por Alberto Conejero a partir del personaje de Laurencia de Fuente Ovejuna, interpretada por Ana Wagener.
La presencia de la actriz es, para Ripoll, uno de los grandes atractivos de esta edición.
«Ha conseguido una identificación con esa Laurencia ya mayor que es estremecedora. Es un espectáculo muy emocionante y el texto de Alberto Conejero tiene una enorme delicadeza.»
La programación continuará con El escondido y la tapada, interpretada por la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, una producción que, recuerda, ha agotado localidades durante su paso por Madrid.
«El público espera a los actores a la salida para darles las gracias. Eso es algo muy bonito.»
La danza también tendrá su espacio con Bruja, una coproducción dirigida por Manuela Barrero del Caos que mezcla música antigua, experimentación sonora y el universo femenino de Lope y Calderón.
El recorrido finalizará con La vengadora de las mujeres, coproducción con Teatro del Temple, una comedia que Ripoll define como un texto sorprendentemente moderno.
«Es una gran comedia, pero además hace que el público salga reflexionando sobre cómo fue posible que Lope escribiera algo así en su época.»

Un Caballero de Olmedo con otra mirada
Sobre el montaje que dirige, Ripoll prefiere mantener parte del misterio, aunque adelanta que la propuesta traslada la acción a otra época histórica.
«No es una actualización al presente, pero sí cambiamos el contexto temporal porque creemos que dialoga mejor con lo que cuenta la obra.»
Para la directora, El Caballero de Olmedo es una pieza adelantada a su tiempo.
«Lope está anticipando muchos de los elementos que dos siglos después desarrollará el Romanticismo. Él no podía saberlo, pero nosotros sí, y no podemos desaprovechar esa condición visionaria.»
Recuperar el sello de la Compañía
Preguntada por quienes consideran que la Compañía Nacional perdió parte del prestigio que históricamente la acompañaba, Ripoll evita valorar etapas anteriores y centra su discurso en el presente.
«No sé lo que ocurrió en esos años porque no estaba. Lo que sí sé es lo que pasó con Fuente Ovejuna el año pasado.»
Aquella producción, recuerda, provocó reacciones muy intensas entre el público.
«Había quien la rechazaba completamente, pero la mayoría salía absolutamente entusiasmada. Habían vivido una experiencia teatral. Eso es a lo que tenemos que aspirar.»
Lejos de buscar la unanimidad, defiende el riesgo como una obligación artística.
«Si hay polémica, mejor. Significa que hemos arriesgado y que el espectáculo ha removido cosas. Lo peor es la indiferencia.»

El desafío de conquistar a los jóvenes
Uno de los principales objetivos de la Compañía continúa siendo acercar los clásicos a las nuevas generaciones.
«Los jóvenes, si se aburren, no vuelven. Tenemos que conseguir que les pasen muchas cosas por el cuerpo.»
En ese trabajo considera fundamental el papel de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, cuyos integrantes conectan de forma natural con el público de su misma edad.
«Hay una identificación enorme. Esa energía es una baza que tenemos que aprovechar.»
La demanda para acceder a este proyecto confirma, además, el interés que despierta.
«En la última convocatoria recibimos cerca de mil solicitudes para únicamente doce plazas.»
Durante dos años, los seleccionados reciben una formación intensiva que va mucho más allá del verso: esgrima, canto, trabajo corporal, comedia del arte, clown, bufón o manipulación de objetos forman parte de un aprendizaje continuo.
«Interpretar a Lope o Calderón exige dominar muchas disciplinas.»
Ripoll lo tiene claro porque ella misma se formó en esa casa.
«Es como querer pintar sin conocer a Velázquez. Para un actor, trabajar el verso me parece fundamental.»
Con esa filosofía afronta una edición de Almagro en la que la Compañía Nacional de Teatro Clásico busca emocionar, sorprender y seguir demostrando que los grandes textos del Siglo de Oro conservan intacta su capacidad para interpelar al espectador del siglo XXI.






