José Sacristán adapta, dirige y protagoniza El hijo de la cómica, producida por Pentación Espectáculos y basada en El tiempo amarillo, las memorias del director, escritor y actor Fernando Fernán-Gómez
La obra, producida por Pentación Espectáculos, es una adaptación de la primera parte deEl tiempo amarillo, las memorias en las que el genial actor, director y escritor Fernando Fernán-Gómez narra su vida, desde su nacimiento hasta las últimas décadas del siglo XX, reflejando la historia de España contemporánea, el cine y el teatro.
El hijo de la cómica es un homenaje íntimo y emocionante que José Sacristán rinde al que fue su amigo, recorriendo los primeros años de Fernán Gómez, su infancia y adolescencia en un ambiente familiar marcado especialmente por su bisabuela, su abuela y su madre.
En palabras del propio Sacristán “si el escritor Delibes me enseñó a mirar, el cómico Fernán-Gómez, a escuchar. Durante unos cuantos años tuve el privilegio de estar cerca de él y escucharle. Escucharle, entre otras, la historia de Fernanda López, «la rubia», su bisabuela, de la que heredó el color de pelo y que era de Valdelaguna, un pueblo al lado de Chinchón, el mío. Y de Carolina Gómez, costurera, la abuela que cuidó de su infancia como Natividad López, sus labores, cuidó de la mía”.
Tras su estreno absoluto en el Teatro Palacio Valdés de Avilés y después de triunfar en principales teatros de la geografía española durante su gira, El hijo de la cómica llega al Teatro Bellas Artes de Madrid del 29 de abril al 28 de junio.
Nota sobre el texto
Si el escritor Delibes me enseñó a mirar, el cómico Fernán-Gómez, a escuchar.
Durante unos cuantos años tuve el privilegio de estar cerca de él y escucharle.
Escucharle, entre otras, la historia de Fernanda López, «la rubia», su bisabuela, de la que heredó el color de pelo y que era de Valdelaguna, un pueblo al lado de Chinchón, el mío. Y de Carolina Gómez, costurera, la abuela que cuidó de su infancia como Natividad López, sus labores, cuidó de la mía.
Intercambiamos y compartimos coincidencias en otras tantas historias.
Historias de supervivencia, de ausencias, miedos, esperanzas, sueños: de libertad, de «llegar a ser alguien», de ser ¿por qué no? Jackie Cooper, «el de La isla del tesoro», y también «escritor de novelas de Salgari».
Firme, orgullosamente resuelta en su melancolía, sonaba la voz de Fernando al recordar aquellos tiempos, al recordarse.
Ecos de Baroja, Galdós, Barea… merodeaban por aquella memoria.
También, a través de la de Fernando, se me antojaban las voces de su abuela y de la mía, la lejana de Carola, su madre, la de María, la criada analfabeta aficionada a la poesía, la de Florentina y el «joder que piernas» de su novio.
La voz del niño soñador, la del meritorio con su puñadito de castañas pilongas en el bolsillo, la del joven enamorado y con prisa, con mucha prisa…
Voces en una sola voz.
Confío en que me escuchéis con la misma o parecida emoción con la que yo le escuchaba a él
el nieto de la costurera
el hijo de la cómica.
Jose Sacristán



