El montaje plantea muchas preguntas ante la educación de los hijos, la posible radicalización de sus ideas y el calado de la información que reciben. Muchas preguntas, ¿cuántas respuestas?
En el año en que celebramos el cincuenta aniversario de la Democracia, este espectáculo quiere acercarse a todos esos jóvenes que sienten interés y simpatía por partidos políticos y personajes públicos que abanderan principios fascistas e idealizan la España opresiva de la dictadura militar.
Para comprender mejor la complejidad del asunto, ubicamos la acción de esta pieza en el día a día de una familia. Una familia formada por una madre, un padre y un hijo adolescente.
¿Cómo se escucha y se acompaña a un adolescente que busca en la radicalización de su pensamiento un sello de identidad?¿Cómo y por qué han calado discursos de odio en una parte de la población tan joven?¿Qué podemos hacer con el tono tan agresivo de los medios y las redes que manipulan a jóvenes que aún están consolidando su personalidad? ¿Qué ha pasado para que el relato común que podía hacernos sentir parte de una misma historia -tanto a adultos como a jóvenes- haya quedado asfixiado bajo todo este ruido? ¿Existió alguna vez un relato común?¿Tiene sentido que la historia de un abuelo del primer tercio del siglo XX, de un pequeño pueblo de Zaragoza, pueda aportar algo a la vida de un nieto en pleno siglo XXI? ¿Qué se hace hoy con los discursos de extrema derecha que tanto se parecen a los que pudieron oír nuestros abuelos en esos primeros años del siglo XX? ¿Dónde quedan los espacios para el diálogo?
En Saúl y la noche nos hacemos estas preguntas y nos valemos de la reconstrucción de la memoria y la recopilación de archivos personales para ayudarnos a entender dos momentos a los que pronto les va a separar un siglo. Nos centramos en la historia de los márgenes, la historia anónima, la que no parece tener tanta importancia o la que apenas perdurará en una foto o una carta que un día se encontrará un curioso que acuda al rastro de Madrid y se tope con una caja de recuerdos abandonados. No nos paramos a pensar en aquellos que figuran en los libros de historia, si no en aquellos que no figuran en ningún libro, pero siguen inspirándonos y aportándonos la sensibilidad necesaria para entender mejor el momento tan delicado en el que nos encontramos y para no dejarnos arrastrar por el miedo, la radicalización y la violencia. Será a través de la historia familiar como la madre tratará de reencontrarse con su hijo.
Esta obra trata de adentrarse en esta problemática a la que se enfrenta el país, con el cuidado y la delicadeza que el tema requiere. Es por eso que, para comprender mejor la complejidad del asunto, ubicamos la acción de esta pieza en el día a día de una familia. Una familia formada por una madre, un padre y un hijo adolescente. Y quizás es ahí, al calor de la lumbre -ahí donde se protege al hijo y se le acompaña en su descubrimiento del mundo- donde nos podremos hacer mejor todas estas preguntas, y pensar desde el punto de vista de una madre y un padre que observan preocupados a su hijo; y desde el punto de vista de un hijo que ha dejado de buscar respuestas en sus padres parambuscarlas en la inmensidad de la noche.
En el año en que celebramos el cincuenta aniversario de la Democracia, este espectáculo propone un espacio de reflexión donde poder buscar juntos ese relato común que nos permita dialogar frente al auge de las ideologías de extrema derecha.



