Concha Delgado y Sandra Ferrús dirigen este montaje que muestra en forma de collage la tragedia contemporánea de las mujeres víctimas de redes criminales de explotación sexual
Alda Lozano es la dramaturga del montaje e interpreta a todas las mujeres esclavizadas en el Utopía, pero desde su piel y con su propio acento, convirtiéndose en la voz de unas víctimas que son invisibles para la sociedad
Así comienza Utopía en llamas, dirigida por Concha Delgado y Sandra Ferrús y con texto de Alda Lozano. Este montaje nos traslada hasta el Utopía, un local situado en el kilómetro cinco de la carretera del polígono, y relata en forma de collage la tragedia contemporánea de las mujeres que son víctimas de la trata humana. Todas ellas tienen un punto en común: la pobreza.
«Hablamos de la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, pero poniendo el foco en los hombres que la hacen posible», explica Sandra Ferrús. Las directoras en este montaje buscan dirigir la atención hacia ellos, los hombres que frecuentan estos lugares fomentando las redes criminales de explotación sexual de mujeres. Concha Delgado afirma que «lo contamos sin clichés, poniendo el acento en ellos, porque son muchos hombres y muy cercanos, muy amigables y que están en nuestra vida».
Las directoras explican que, cuanto más se ahonda en el tema, más incógnitas surgen: «¿Qué le pasa al cuerpo, al alma, a la mente de la niña, de la mujer que es explotada? ¿Qué le pasa al cuerpo, al alma, a la mente del hombre que explota a una niña, a una mujer? ¿Qué nos pasa a la sociedad, qué hacemos con esto? ¿La pobreza deshumaniza? ¿La pobreza nos aleja a millones de kilómetros de la empatía? Muchas preguntas, pocas respuestas. Y la necesidad de compartirlas».
Utopía en llamas es una producción del Centro Dramático Nacional que podrá verse del 20 de marzo al 26 de abril en el Teatro María Guerrero.
Una mujer y cinco hombres para acentuar la desigualdad
Alda Lozano, dramaturga del montaje, interpreta a todas las mujeres esclavizadas en el Utopía. Lo hace con su propio acento y apariencia, dejando clara su situación de privilegio natal, pero reflejando la situación de las mujeres que se ven obligadas a prostituirse. «El personaje de la mujer es una especie de narrador. Yo quería contar la historia de estas víctimas, que son invisibles, y de cómo normalizamos unas prácticas y las escondemos a ellas», explica.
Frente a ella, acentuando la descompensación entre las mujeres esclavizadas en el Utopía y los clientes que acuden allí, hay cinco intérpretes: Roberto Hoyo, Jorge Machín, Rafa Núñez, Txabi Pérez y José Juan Rodríguez. «La obra cuenta los diferentes perfiles de los tipos que habitan estos lugares, que son los que los sostienen. Cuando el feminismo coge cada vez más fuerza, esto es un reducto de masculinidad», explica José Juan Rodríguez.
Los actores interaccionan con el público intentando ganarse su simpatía, mientras se encuentran en el Utopía como clientes. Alda Lozano asegura que en la dramaturgia «lo más interesante es el hecho de cómo el espectador empatiza con los puteros, que son los verdugos. En el fondo creo que es lo más realista que sucede en la obra. Nos reímos con ellos y normalizamos un delito. El hecho de que a mí misma me resulte simpático aquel que es cómplice de esta barbarie es lo que más me gusta de esta pieza».
El público, integrado dentro del montaje
La escenografía de Utopía en llamas, que firma Javier Burgos, traslada a los espectadores al local de alterne desde que cruzan la puerta de la Sala de la Princesa. No ocupan las tradicionales butacas, sino sillas, sillones y taburetes de distintos estilos que podrían estar en cualquier casa. «Hay una inmersión, una acción de quererles implicar y de decir que todos participamos de alguna manera de que esto suceda», cuenta Concha Delgado.
El espacio está formado por varias zonas. El público se encuentra en la más «amable», como explica Roberto Hoyo, donde tienen lugar las fiestas, los bailes y las risas. Tras ella se encuentra otra inspirada en un escaparate, en el que muchas veces la acción no se ve, solo se intuye. «Hay mucha inteligencia a la hora de contar qué ves y qué no», añade el intérprete. En ese escaparate se ponen a la venta las pieles de las mujeres, lo que refuerza la idea de comercio y la deshumanización a la que están sometidas.
La puesta en escena prioritariamente realista presenta elementos conceptuales que enriquecen el significado del montaje con imágenes simbólicas acordes al texto dramático. Son la videoescena inmersiva, también de Javier Burgos; el vestuario de Anna Tusell, alejado de las referencias tradicionales de cómo se viste una mujer que se dedica a la prostitución; la iluminación de Paloma Parra, el sonido de Sandra Vicente y la coreografía de Dácil González, reforzando todos ellos el enfoque más visceral del montaje.
Utopía en llamas se representa, entre el 20 de marzo y el 26 de abril, en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero.





