Tania Brenlle inició el acto dando la bienvenida a los asistentes y presentando el montaje, un texto de Marta Buchaca que, en este caso, también ha dirigido; un texto atrevido ya que plantea un debate extremadamente vigente en torno a la educación ya modo de criar a los hijos.
«Bajo este título tan provocador, Una bofetada a tiempo, queda claro que nos encontramos ante una comedia. Cuando Marta me lo hizo llegar, enseguida pensé que se había puesto en un buen lío, porque la obra confronta dos sistemas educativos, dos maneras de entender la educación de los niños. Es evidente que el debate está servido. Pudimos hacer una primera previa, con maestros invitados, y puedo asegurar que, al terminar, todo el mundo hablaba de ello.
Brenlle confesó recibir la propuesta con mucha ilusión, sobre todo por ser capaz de llevar a escena una confrontación entre dos puntos de vista y hacer que el público vaya cambiando su parecer a lo largo de la función.
Para Marta Buchaca, que firma tanto la autoría como la dirección escénica del montaje, ésta es una obra que trata un tema que le interpela directamente como es la educación de los hijos y los límites de la disciplina. «Yo siempre escribo sobre lo que me preocupa o que estoy viviendo, y ahora mismo mi guerra en casa es yo contra mis hijos y contra mis padres, que constantemente me dicen la suya. Llevo a los hijos a una escuela libre, soy hacen, pero también veo matices, como en todas partes. Esta tensión está muy presente: antes, cuando éramos pequeños y antes me fuimos: antes, cuando éramos pequeños suyo; ahora ocurre justo lo contrario.”
En efecto, el punto de partida de la obra nos sitúa directamente en el conflicto a partir del cual se desarrollará toda la reflexión de la propuesta: un anciano ha dado una bofetada a su nieto. Desde la escuela se convoca una reunión para estudiar qué medidas tomará el centro frente a este hecho. «Durante el proceso de escritura – explica Buchaca – descubrí que, desde 2007, no se puede poner la mano sobre un niño bajo ningún concepto, ni siquiera con fines correctivos. Por suerte, hemos ido evolucionando en la protección de los menores, pero me sorprendió que hubiera una ley que lo explicitara de esta manera».

En su línea habitual, Buchaca utiliza la comedia para abordar importantes problemáticas y que, precisamente por eso, funciona con el público: «La obra es una comedia que articula este debate entre la educación de antes y la de ahora. El público se ríe, hay equívocos, pero también sale pensando. Estoy muy contenta, tengo un equipo de lujo, un equipo soñado. Yo hago comedia, pero me interesa hablar de temas profundos, y para mí la educación es probablemente el tema más importante de la sociedad, junto con la cultura, porque van íntimamente ligados».
Lejos de querer ser moralista o criticar una u otra estrategia a la hora de enfrentarse a un tema tan sensible y poco claro como la forma de educar, Buchaca opta por trasladar un mensaje de sentido común que huya de la sensación de culpabilidad que parece imperar hoy en día: «Creo que, al final, todos hacemos lo que podemos a la hora de educar: somos humanos y actuamos como sabemos. Hay cosas muy valiosas en la nueva educación, pero también detecto carencias. Mis padres, por ejemplo, hay aspectos que no entienden nada, pero a la vez reconocen que hoy hay una voz con una educación emocional que antes no existía. El tramo final de la comedia es especialmente desbordado, casi loco. Yo escribo para plantear preguntas, no para dar respuestas, que podemos”.
El texto también aprovecha para tocar otros temas de actualidad como el cambio en los modelos de pareja y las dinámicas familiares –a través del personaje del padre que ha decidido reducirse la jornada laboral para cuidar al hijo- o del concepto de castigo, un término ya obsoleto que ha sido sustituido por la idea de «consecuencias». Todo ello, en un montaje que transcurre en un solo espacio y en tiempo real, esto la convierte en una pieza muy esencial, mucho texto y actores, mucho teatro puro.” – concluyó la autora.

Ramon Madaula interpreta al abuelo que, con su bofetada, pone en marcha toda la cadena de eventos y alabó tanto la escritura del texto como todo el proceso de ensayos: «El proceso, para mí, tiene algo muy especial: me gusta mucho trabajar con dramaturgos de aquí, porque tienes al autor al lado, y eso es muy valioso. Cuando el autor está muerto o es de otro país, te sientes más desamparado. Me recuerda a las comedias de Frank Capra, donde todos los personajes son buenos, pero cometen errores. Educar es difícil, y cada uno actúa pensando que hace lo mejor para el niño».
En la ficción, la compañera y partenaire de Madaula es Montse Guallar que interpreta a la abuela, de carácter más conciliador, o al menos así es hasta que las cosas cogen una vuelta donde ella se ve obligada a plantarse: «Soy una abuela con un perfil muy reconocible: mediadora, poco amiga del conflicto, siempre intentando que las cosas no estallen. Es un personaje que se mantiene bastante en segundo plano hasta que llega un momento en el que dice «hasta aquí», y eso me interesa especialmente porque me identifico. Al mismo tiempo, es una mujer un poco más moderna que su marido.

La actriz Sara Diego interpreta a la madre del niño agredido y principal antagonista de la forma de pensar del abuelo, ya que tanto ella como su marido defienden firmemente una educación libre y respetuosa, porque creen que es la mejor opción: una educación basada en las emociones, al aprender a compartir, en todo este nuevo paradigma. «Creo que esto también responde a una cuestión generacional: somos una generación que quiere hacer las cosas diferentes de cómo las hicieron nuestros padres. Y, de repente, esta voluntad se concreta en la forma en que educan a su hijo. Ella es una madre que trabaja mucho, en una empresa exigente, y es su marido quien pasa más tiempo con el niño. Eso rompe con los roles más tradicionales.

El director del centro que convoca la reunión es interpretado por Eudald Font quien también ha querido destacar lo importante que es el tema de la educación hoy en día, tanto en casa, como en las escuelas donde, a menudo, los propios educadores se encuentran superados por una perspectiva social que no deja de cambiar. «Para mí, la educación es probablemente el tema más importante. Y creo que actualmente también hay muchos maestros que trabajan con cierto miedo, en este movimiento de «efecto péndulo» en el que todavía nos cuesta encontrar un punto de equilibrio.»
Precisamente esta capacidad de transversalidad de la temática y la manera de abordarla es la que, según el actor, hace que la obra se haga interesante por un lleno sector de la población: “Es una función que apela a mucha gente: a quien debe estado abuelo, a quien es padre o madre… En mi caso, por ejemplo, mi hermano es padre y veo cómo mis padres hacen de ancianos con mi sobrina y eso hace que te puedas sentir muy identificado con lo que ocurre en el escenario. Hoy en día hay mucha información en internet sobre cómo educar a los hijos: qué deben comer, qué deporte deben hacer, cómo gestionar… Recibes mensajes por doquier, y eso también genera cierta confusión. En la obra aparece, por ejemplo, el tema del móvil: es una escuela libre de pantallas, y esto también forma parte del debate.”

Sinopsis
Una comedia sobre la educación y los límites de la infancia firmada por Marta Buchaca.
El abuelo de un niño de ocho años, después de una pataleta de su nieto, le pega una bofetada. La escuela convoca a la familia a una reunión y anuncia la intención de presentar una denuncia contra el abuelo. Y ésta es la chispa que hace que todo estalle. Ramon Madaula y Montse Guallar protagonizan esta comedia que retrata con sentido del humor e ironía lo difícil que es educar a un niño. Un debate de tremenda vigencia sobre los modelos de educación y las herramientas disciplinarias que podríamos considerar aceptables.




