Tania Brenlle, directora artística de La Villarroel, inició la rueda de prensa dando la bienvenida a los medios de comunicación asistentes y a la compañía, formada por tres actores consagrados; Emma Vilarasau, quien participa en una producción en La Villarroel por sexta vez, Mercè Aránega, y Jordi Boixaderas. Todos ellos dirigidos por David Selvas, en su séptima producción en la sala. Brenlle puso en valor la capacidad de Selvas de haber sido capaz de reunir a estas «tres bestias» para llevar a escena un texto de Lucy Kirkwood que, según explica, «habla del cambio climático y la energía desde un lugar muy cercano y cuenta con unos diálogos muy reales y humanos».
Y es que fue a raíz del accidente en Fukushima, que Lucy Kirkwood decidió escribir esta pieza, y escribió Los hijos, que se estrenó en 2016 en el London’s Royal Court Theatre. «La autora habla de algo muy bonito, que es que las grandes decisiones deberían tener en cuenta 7 generaciones, y si las tuviéramos en cuenta, nuestras decisiones harían que el planeta y todos funcionaran mejor», apunta David Selvas, director del espectáculo.
La obra también habla del crecimiento, de ahí el título Los hijos; «Crecemos como planeta y nuestras necesidades también lo hacen, y tenemos que saber dónde está el límite. Y parece justo lo contrario. Lo que la obra en realidad explica es: ¿hasta cuándo tendremos suficiente? ¿Cuándo nos daremos cuenta de que hay un final? Hay que asumir las responsabilidades de nuestras acciones», dijo el director.
Selvas concluyó apuntando que «la autora cree que el teatro y el arte está por ir contra corriente y por hacernos reflexionar y lanzar preguntas. Ella está obsesionada con la metáfora, como lugar, como mecanismo, por poder hablar de todo; no ser pretende panfletario, sino desplegar todas las preguntas posibles».
Los hijos, protagonizada por un reparto excepcional, nos cuenta la historia de una pareja de científicos (Aránega y Boixaderas) que viven retirados en una casa de campo aislada, hasta que un día reciben, de forma inesperada, la visita de Rose (Vilarasau), una antigua compañera de trabajo que llevaban 38 años sin ver. Una visita que trae tensiones no resueltas del pasado y que explotarán en una escena única e hipnótica, según explica la compañía.
Todo el reparto ha resaltado el placer de haber podido coincidir con un mismo proyecto, y bajo la dirección de David Selvas, del que los actores destacan cómo les ha acompañado y guiado a lo largo de todo el proceso de creación. Emma Vilarasau, en la que es la segunda vez que trabajaba con Selvas (la primera fue en Todos eran hijos míos), destacó la complicidad que se ha generado en la sala de ensayo. Sobre la obra, explicó que lo que más le gustó fue «la complejidad, humanidad y patetismo de estos personajes; son muy humanos, muy contradictorios, pero siempre lo intentan hacer bien. Todos vienen con mochilas de muchos años y eso aporta una profundidad que no tienes a los 30. No es una edad para estar con tonterías, ya empieza la cuenta de asumir todas las malas decisiones que han hecho a lo largo de su vida. Se deben perdonar, la vida consiste en esto”.
Por otra parte, Mercè Aránega reflexionó sobre el trasfondo que existe en la obra de Kirkwood: el mundo que estamos dejando a las futuras generaciones, y cómo logra mezclarlo con historias personales y humanas haciendo que, teatralmente hablando, no sea una lección; «eso como actriz te permite un recorrido mucho más interesante, porque, por un lado, defiende puntos de vista de la vida, pero por otro tienes una lucha interna, hay muchas culpas, muchas cosas escondidas, y por tanto todo esto también te modifica». Sobre su personaje, Jordi Boixaderas resaltó la complejidad de su personaje «es un personaje muy interesante; una persona brillante, simpática, optimista, pero que después se encuentra que todo lo que ha construido ha acabado rodeándolo de destrucción, pero de repente se le presenta una posibilidad de redención y eso me encanta».
Sinopsis
¿Qué mundo queremos dejar a las futuras generaciones? Una inquietante historia sobre nuestra responsabilidad individual y colectiva.
Hazel (Aránega) y Robin (Boixaderas) son una pareja de científicos nucleares retirados que viven juntos en una casa de campo, aislada del resto del mundo. Desde allí, observan los efectos de un reciente accidente en la central donde trabajaban cuando se presenta, de forma inesperada, Rose (Vilarasau), una antigua compañera de trabajo de la que llevaban unos 30 años sin noticias. Esta visita, que se revela nada casual, desencadena una serie de tensiones y revelaciones. Bajo la sombra de la radiación, secretos y culpas saldrán a flote mientras deciden quién debe sacrificarse por el porvenir.
Lucy Kirkwood nos presenta un drama íntimo y desgarrador sobre la deuda generacional, la responsabilidad ética y el mundo que dejaremos a nuestros hijos.
Porque todos somos responsables de lo que vendrá.
Y todos tenemos el poder de reescribir el futuro.
Mejor Obra en los Writers’ Guild Awards del Reino Unido de 2018
Nominada a 2 premios Tony en 2018




