Ángela Ibáñez Castaño, primera directora sorda al frente de un montaje en el Centro Dramático Nacional, concibe el montaje desde la lengua de signos y la cultura de la comunidad sorda
Con dramaturgia de Iker Azkoitia y dirección asociada de Julián Fuentes Reta, la obra está inspirada en Bodas de sangre y otros fragmentos de obras de Federico García Lorca
Grito, boda y sangre es un montaje concebido en lengua de signos y que combina elementos visuales con música y lengua oral. Un proyecto que Ángela Ibáñez Castaño, primera directora sorda en dirigir un montaje en el Centro Dramático Nacional, espera que suponga un antes y un después: «La primera vez que se hace algo en cualquier sitio crea un precedente. Espero que vaya bien y surjan oportunidades para otras personas sordas». Pero no solo es un espectáculo para que «las personas sordas disfruten en igualdad de condiciones», sino que espera que además pueda marcar al público oyente: «Que el mundo y la cultura de las personas sordas sean un descubrimiento y que vean que la lengua de signos tiene riqueza».
Cuatro protagonistas víctimas de la violencia
La estructura del montaje arranca en el mundo real, con las dos jóvenes sordas que tienen que enfrentarse a la injusticia de crecer sin referentes, creyendo que su futuro soñado como actrices de teatro no es posible. Posteriormente, la acción se traslada al plano imaginario, con la representación de Bodas de sangre de Lorca, una historia de amor, celos, traición y opresión. «Las cuatro mujeres protagonistas del montaje viven unas violencias que las condicionan. La Madre una violencia física, ya que su marido y su hijo fueron asesinados. La Novia, una violencia más estructural, que le impide casarse con un hombre de una familia más pobre. Y en el de las dos adolescentes sordas, una violencia normalizada e invisibilizada que les impide poder desarrollarse en función de lo que desean y sueñan», explica el dramaturgo, Iker Azkoitia.
La experiencia sensorial de Grito, boda y sangre
Sobre las tablas, la lengua de signos se fusiona con otras formas de expresión como visual vernacular, poesía visual, danza signada, sombras chinescas y títeres, entre otros. Mari López y Emma Vallejo, las actrices que dan vida a los 11 personajes del montaje, explican qué ha supuesto para ellas trabajar con un amplio abanico de artes escénicas: «Son cosas que no hemos hecho nunca antes. Interpretar y formarnos en ello a la vez ha sido nuestro principal reto».
La propuesta se desarrolla en una escenografía viva, firmada por Laura Ordás y José Luis Raymond, que comienza en un aula que va transformándose y en la que la poesía cobra vida. La pared en su totalidad es una pizarra, en la que se van revelando instrumentos musicales, ilustraciones de Lorca y guiños a su obra, como los títeres de Cachiporra. Asimismo, se observa cómo los objetos se metamorfosean y los límites entre realidad y ficción se desdibujan, gracias al trabajo de Nuria Henríquez Navarro en la iluminación, Marta Muñoz Sigüenza en vestuario, Berta Frigola Solé en vídeo, Lucile Préat en coreografía y la técnica de títeres de Zero en Conducta.
La música es un elemento fundamental en Grito, boda y sangre. Diego Illán y Josete Ordóñez, que se ha encargado de la dirección y composición musical, acompañan sobre el escenario a las dos actrices e interpretan la banda sonora de la obra, que incluye guitarras, pandereta, cajón o batería. «La inclusión de la música nos ayuda a entender emocionalmente lo que la persona sorda está viendo. Los músicos han tocado sobre un trabajo de movimiento preexistente. A los oyentes nos ponen música y bailamos, pero en este caso ha sido al revés», explica Julián Fuentes Reta, director asociado.
El compromiso del Dramático con la accesibilidad
El estreno de Grito, boda y sangre en el Dramático se enmarca en su compromiso con la accesibilidad. En su condición de teatro público, se asume la responsabilidad de garantizar el acceso a la cultura en condiciones de igualdad, en coherencia con el marco normativo vigente que reconoce la accesibilidad y la participación en la vida cultural como derechos fundamentales.
En aplicación de este compromiso, la exhibición del espectáculo incorpora una serie de medidas de accesibilidad orientadas a facilitar el acceso, la comprensión y el disfrute de la obra por parte de públicos diversos. Con estas medidas, el Dramático refuerza su compromiso con el desarrollo de políticas culturales inclusivas y con el acceso universal a la cultura, en línea con su función de servicio público y con las obligaciones recogidas en la normativa estatal en materia de accesibilidad y no discriminación.
Las medidas de accesibilidad asociadas a la exhibición del espectáculo incluyen audiodescripción diaria y con elementos creativos que han desarrollado Esmeralda Azkarate-Gaztelu e Iker Azkoitia. Este recurso se complementa con visitas táctiles, dirigidas preferentemente a personas con discapacidad visual y que están incluidas con la entrada a la función. Tendrán lugar los días 31 de enero y 15 de febrero a las 17:00, y el 24 de febrero a las 11:00. Estas visitas permiten conocer previamente el espacio escénico, la escenografía y elementos de utilería y vestuario, entre otros.
Además, se pone disposición del público un programa de mano en lectura fácil, concebido para facilitar la comprensión de los contenidos a personas con discapacidad intelectual, y un programa en braille, que incorpora un código QR desde el que se puede acceder a una versión digital accesible del programa.
Grito, boda y sangre es una producción del Centro Dramático Nacional que podrá verse entre el 23 de enero y el 1 de marzo de 2026 en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero.



