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Milenial The Show: La generación más preparada y castigada convertida en espectáculo

Siguiendo con las propuestas modernas, alternativas y actuales de este teatro, Alberto Frías –como director de escena y letrista– y Alberto de la Rosa –como compositor y director musical– nos invitan a viajar a finales del siglo pasado para revivir aquellos maravillosos años (los seriéfilos entenderán la referencia) donde la vergüenza no entraba en el vocabulario, el internet y la redes sociales empezaban a emerger y las series marcaban la moda; en definitiva, un viaje al interior de la denominada generación milenial. Para esta aventura, nadie mejor que dos milénicos (por muy mal que suene en español) como Ger y Tamara, rodeado de un montón de compañeros, para capitanearla. Juntos, incluido los espectadores, seremos testigos de un completísimo espectáculo de baile, música, canciones y mucho humor.

Son pocas las pistas dadas antes de acudir y espero que así siga ocurriendo, porque el deseo y las ganas de conocer multiplican la capacidad sorpresiva del espectador. Esta es una de las primeras virtudes de la producción de Sing Us, creada en 2019 por Eva Marco y Alberto Frías con el objetivo claro de adaptar la música, su pasión, a “los diversos formatos y exigencias que requiere su producción, creando espectáculos únicos para promover la cultura musical con una política basada en la calidad y el apoyo a los compañeros y compañeras que forman parte de esta industria”; y vaya si han cumplido con éxito este axioma, al crear un late night donde la comedia, música, baile, interpretaciones excelentes, interacción con el público y mucho sentido del humor son los ingredientes para triunfar y conseguir la ovación de todos los asistentes.

La dirección de escena recae en el polifacético actor, cantante y creador, Alberto Frías, capaz de ordenar los diferentes estilos teatrales expuestos –desde el teatro clásico a la improvisación–, crear un show innovador y muy divertido y dotarle de un relato propio y con sentido. Vayamos por partes. En su faceta de dramaturgo, este joven y experimentado académico de las Artes Escénicas, construye un libreto ágil, dinámico y ligero que parece desaparecer y pasar desapercibido dada la naturalidad del reparto y la buena inclusión de todos los elementos, salvo cuando, por exigencias de la obra, el error y la fatalidad se adueñan de la acción con la consiguiente risa del público. La base de su texto es la generación Y, la cual no hay un consenso respecto a las fechas de inicio y fin, algo no demasiado relevante, pues lo importante, como bien queda reflejado en la hora y media de duración, no es nacer milenial sino sentirlo.

Con una precisión quirúrgica, que ni el doctor Hibbert –los seguidores de la familia amarilla lo entenderán–, para no desvelar nada, Frías no se conforma con crear pequeños sketches, momentos musicales, la adaptación de clásicos teatrales con el vocabulario de la mencionada generación o instantes de improvisación; su mayor genialidad radica en convertir el espectáculo en un ritual de iniciación, donde tanto adeptos como advenedizos, quedarán atrapados en su proselitismo y conocerán la revelación y mandamientos de esta forma de concebir el mundo. Y hasta aquí puedo leer. O ¿acaso la primera edición de Operación Triunfo, los anuncios infantiles o las verbenas en formato de botellón no marcaron un antes y un después? En definitiva, Frías sale de su zona de confort de una obra musical al uso para sorprendernos con este carrusel de géneros y estilos teatrales que no dejará indiferente ni al más boomer (término burlesco para referirse a los integrantes de la generación de los baby boomers) de la sala.

Como he expuesto, la música es la base de esta producción, de ahí que hablemos de un musical. Al frente de este cometido está Alberto de la Rosa, talentoso compositor y director musical, quien dota a la obra de un aire glamuroso y hollywoodiense, cercano a los espectáculos de variedades y, a su vez, patrio y castizo recordándome a las famosas revistas musicales. Al mismo tiempo, es capaz de capitalizar todo el contenido del libreto, crear ritmos pegadizos, y recrear exitazos de finales del pasado siglo. Con su música consigue llenarnos de nostalgia y retrotraernos a unos años donde el mayor de nuestras preocupaciones era elegir el sabor del bocadillo o las respuestas a los test e las revistas. De la Rosa ameniza esta velada con momentos puros musicales y otros centrados en performances, apoyándose en vistosas coreografías de apariencia simple pero complejas en ejecución creadas por Mercè Granè.

En este tipo de espectáculos, por muy gracioso e ingenioso que sea el libreto, lo es, por muy buena dirección que haya, la hay, o por muy pegadizas que sean las canciones y melodías, lo son, el punto de inflexión lo otorga la calidad artística del reparto, en esta ocasión objetivo también cumplido. Los encargados de abrirnos las puertas al universo milenial son dos maestros de ceremonias –guías espirituales de un movimiento que siempre nos hace recordar que todo tiempo pasado fue (o no) mejor– acompañados de seis correligionarios como los mejores exponentes (o quizá los únicos dispuestos a la causa) del milenarismo (con voz de Fernando Arrabal), digo de los mileniales, perdón.

Recién salido de las redes, Ger (@gersanc_) se convierte en uno de los conductores de Milenial The Show y, como nos tiene acostumbrados, deslumbra por su naturalidad, espontaneidad y “mamarrachismo”, corriente creada por él mismo en multitud de videos con millones de visualizaciones. Su carisma, sumado a su afán de protagonismo con delirios de grandeza, por requerimiento de su papel, desata las risas de los presentes o, por el contrario, la sorpresa cuando alguno de ellos osa llevarle la contraria. A su lado y sin despegarse, cuando no es empujado por su compañero, Tamara (@GRTAMARA) aporta cierta lucidez ante tanto desconcierto, demuestra sus quince años de formación en danza y también da muestras de su gran sintonía con los presentes, los mismos que seguro le han ayudado a convertirse en una de las mejores creadoras de contenido. La popularidad de ambos artistas, los cuales demuestran gran complicidad y sintonía, viene de crear un contenido de calidad y fácil de consumir y saber descifrar los gustos y tendencias de sus seguidores conectando con ellos. La mejor muestra de creatividad, aprendizaje activo, pensamiento crítico y competencias digitales; todas ellas habilidades compartidas por muchos de su (nuestra) generación.

Arropando y potenciando todo lo descrito anteriormente, destacan los demás intervinientes de este show: Diego Santo-Tomás, Sandra Canals, Alberto Misud, Vanesa Fernández, Rubén Casteiva y Marina Espíldora, protagonistas todoterrenos en muchos de los instantes con habilidades varias en interpretación, improvisación y coreografías. Como no podía ser de otro modo, todos van vestidos con el outfit (como dirían los modernos) indescriptible de aquellos años diseñado para la ocasión por Sabina Atlanta. Aconsejo a los más curiosos cotillear (otra gran habilidad heredada y desarrollada por esta generación) sus gustos y biografías en la página web del espectáculo.

La escenografía diseñada por Juan Sebastián Domínguez es un buen ejemplo de que menos es más y, con pocos elementos en escena, consigue dar protagonismo al reparto y no embarrar la acción. Los diseños de iluminación, Enrique Toro, y sonido, Santiago Muñoz, nos dan algunos disgustos, pero en líneas generales acompañan de forma notable al espectáculo. Un espectáculo innovador, distinto a lo acostumbrado a ver en los teatros, inclusivo para todas las edades y un orgullo para todos los que formamos parte de la generación más preparada y castigada de la historia.

 

En Milenial The Show disfrutarán de un baticao de baile, música, canciones, improvisación y mucho humor de la mano de dos populares maestros de ceremonias, con cohorte incluida, para demostrar porqué somos la mejor generación de todos los tiempos.

 

Dramaturgo: Alberto Frías

Director Artístico: Alberto Frías

Director Musical/Compositor: Alberto de la Rosa

Reparto: Ger, Tamara, Diego Santo-Tomás, Sandra Canals, Alberto Misud, Vanesa Fernández, Rubén Casteiva y Marina Espíldora

Coreografía y Ayudante de Dirección: Mercé Grané

Escenografía: Juan Sebastián Domínguez

Diseño de iluminación: Enrique Toro

Diseño sonido: Santiago Muñoz

Vestuario: Sabina Atlanta

Producción: SingUs

 

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