La espectacularización de la política está instalada en la realidad, donde el discurso público adopta cada vez más códigos propios del entretenimiento y la actualidad se consume casi como un espectáculo más. En ese contexto, “Bota Antonia”, el nuevo montaje de Los Morancos en el Teatro Capitol, lleva esa idea al escenario a través de la parodia.
La propuesta sitúa a Antonia al frente de un nuevo partido político, “Sentido Común”, construido desde el enfado con la clase dirigente y convertido en eje del espectáculo. A partir de ahí, la negación de una paga desencadena un contexto en el que el mundo parece atravesar uno de sus momentos más críticos y alguien tiene que tomar las riendas. Frente a eso, los líderes actuales tratan de frenar su avance, mientras Antonia, junto a Omaita, busca la forma de erigirse como una posible alternativa. La pregunta es inevitable: ¿podrá llegar a gobernar este país?
Tras el éxito de Bis a Bis, Jorge y César Cadaval regresan con una nueva propuesta que refuerza una de sus claves: la capacidad de conectar con el público desde un humor muy pegado a la actualidad. Con los años se han consolidado como una de las parejas cómicas más exitosas de nuestro país, con un olfato afinado para detectar qué funciona y llevarlo al escenario. Su fórmula combina lectura del contexto, ritmo y una interpretación muy medida de sus propios códigos, con la música como apoyo. En esta ocasión, el punto de partida es la desconfianza hacia la clase política, señalada de forma recurrente en el barómetro del CIS. Sobre esa base, la propuesta avanza hacia una idea clara, presentarse a las elecciones como respuesta a ese malestar.
A partir de ahí, el espectáculo deja de lado la idea de una historia cerrada y avanza encadenando situaciones rocambolescas, números musicales y la irrupción continua de líderes políticos, tanto nacionales como internacionales —Donald Trump, Vladimir Putin, Pedro Sánchez, María Jesús Montero, Javier Milei o Isabel Díaz Ayuso— expuestos sin miramientos ni concesiones. Es en ese registro donde Los Morancos demuestran su maestría en la imitación y la parodia. Da igual el color político, rojos, azules, verdes o morados, nadie se salva.
Otro de los pilares de Bota Antonia son los números musicales, apoyados en canciones nacionales e internacionales muy reconocibles con letras adaptadas al contexto. Son la herramienta más directa para señalar egos, incoherencias y fallos en la gestión política, y el vehículo que mantiene el ritmo del espectáculo, pasando del flamenco al reguetón con naturalidad. El cante de Javier Heredia, la guitarra de Raúl Perla y un cuerpo de baile constante en escena acompañan cada número con coreografías muy vistosas.
La dirección de Lolo Seda marca el pulso del espectáculo y ordena un formato que apuesta claramente por lo visual, una línea que ya ha desarrollado en otros montajes del dúo como Todo por la Matria o En Positivo. A falta de una escenografía especialmente compleja, el montaje se apoya en recursos que sitúan la acción y dan forma a los espacios, en un lenguaje cercano a lo cinematográfico. Las proyecciones y los vídeos adquieren un papel central, aportan contexto y amplían lo que ocurre en escena. En algunos momentos, además, implican directamente al público desde un formato cercano al karaoke. El resultado mantiene un ritmo constante y una energía que no decae.
Sin ánimo de destripar el espectáculo, hay un momento especialmente significativo donde Antonia articula un discurso que llega a levantar al público de sus asientos. Tiene que ver directamente con el propio nombre del partido, “Sentido Común”, y conecta con una serie de reivindicaciones fácilmente reconocibles por todos. Dejando a un lado la teatralidad y cierto tono demagógico, el contenido apunta a cuestiones muy presentes en la realidad, como el estado de los servicios públicos o la dificultad de acceso a la vivienda. Más de un servidor público podría tomar nota porque lo que empieza como broma deja de serlo tanto.
A estas alturas, Los Morancos son sencillamente únicos. Han construido una forma de hacer humor propia e irreplicable, que transita con igual naturalidad entre Sevilla, su origen, y Madrid, su ciudad de acogida, dos espacios que forman parte de su recorrido y de su manera de entender el espectáculo. Como ellos mismos afirman, no son «demonios ni tampoco santos». Son, simplemente, «Los Morancos».





