Masescena - Animales de compañía: amistades, engaños y lealtades a la sombra de la mentira

AÑO VII  Número 341

02 MARZO 2024
EN EL TEATRO BELLAS ARTES DE MADRID

Animales de compañía: amistades, engaños y lealtades a la sombra de la mentira

Imagen de una escena de la obra

En el corazón de la amistad, se plantea un dilema intrigante: ¿es aceptable mentir para proteger o ayudar a un amigo? Este cuestionamiento ético nos lleva a explorar los diferentes tipos de mentiras y sus consecuencias en un grupo cercano. Las complejas dinámicas entre la verdad y el engaño se convierten en un fascinante escenario donde la lealtad y la honestidad se ponen a prueba. En este contexto, surge una reflexión sobre los límites de la mentira en el nombre del amor y la amistad, desafiándonos a considerar si las acciones engañosas pueden ser justificadas en aras de proteger a quienes más valoramos. Si desean profundizar en esta y otras cuestiones deben asistir al Teatro Bellas Artes.

Animales de compañía nos invita a pasar una velada con cuatro amigos que se conocen desde hace tiempo y se reúnen para celebrar una cena de bienvenida. Belén regresa a casa tras un tiempo en un psiquiátrico, ajena a que su expareja Javi se ha mudado a Australia con otra persona debido a sus problemas emocionales. Antes de su llegada, Alex, quien ha estado enamorado de Belén, confiesa que se ha hecho pasar por Javi durante el tiempo de su ausencia, haciéndola creer que su relación continúa. La situación se complica cuando Belén está a punto de descubrir la verdad, obligando a Alex a implicar a todo el grupo en su engaño, desencadenando una serie de eventos reveladores y desgarradores sobre las relaciones y la verdad.

El libreto, escrito por la talentosa actriz, poeta y dramaturga Estel Solé, presenta una trama aparentemente complicada en su sinopsis, pero se desenvuelve de manera sorprendentemente sencilla y cautivadora en el escenario. A medida que los personajes y sus complejas relaciones son revelados, el contenido se vuelve fácil de seguir para el público. La historia engancha con su intriga, entretiene con su desarrollo y añade dosis de diversión, creando así una experiencia teatral envolvente. Estamos, por tanto, ante una comedia corrosiva, donde las palabras actúan como cuchillos envenenados que cortan a través de las apariencias pulcras, sacando a la luz los oscuros secretos que yacen bajo la superficie de un grupo de amigos en apariencia perfecto. La trama expone los trapos sucios de cada personaje, revelando sus peores instintos y desencadenando una serie de eventos que cuestionan el valor de la amistad y la sinceridad. En este escenario, los egos y las envidias chocan y se entrelazan, creando un ambiente tenso y lleno de conflictos. La obra nos sumerge en un mundo donde las relaciones se desmoronan, las verdades se distorsionan y la fachada de la armonía se desvanece, todo ello mientras el público es testigo de cómo los lazos entre estos amigos se desgarran en pedazos afilados y dolorosos.

Esta comedia, aguda y mordaz, nos divierte con sus diálogos afilados y situaciones hilarantes. Sin embargo, bajo esta capa de humor se esconde una profunda exploración de la condición humana y las complejidades de las relaciones. La obra se convierte en un espejo inclemente que reflexiona sobre el lugar que ocupamos en la vida, tanto literal como metafóricamente, y cuestiona si estamos donde queremos estar o donde se espera que estemos. Trata temas como la tristeza, la amistad y el proceso de evolución a lo largo de los años. Se adentra en el egoísmo, la culpa, la miseria y la mentira, mientras revela la capacidad humana para soportar a los demás y cómo algunos están dispuestos a llegar lejos para mantener las apariencias y ocultar las verdades incómodas. En esencia, la obra captura la lucha por la supervivencia emocional de los implicados, quienes, a pesar de sus engaños y fallas, anhelan nada más que ser comprendidos y abrazados, una necesidad que todos comparten, pero pocos reconocen. En definitiva, nos recuerda la importancia de la empatía, el apoyo y la compañía en un mundo donde a menudo nos encontramos solos en medio de la multitud.

La destreza de Fele Martínez en la dirección brilla con intensidad al capturar la esencia de la sinopsis y clarificar la representación en el escenario. Con maestría, ha orquestado las entradas y salidas de los actores como un juego de pillapilla meticulosamente coreografiado. Este enfoque cuidadosamente medido no solo aporta una dinámica fresca y enérgica a la obra, sino que también mantiene la tensión narrativa de manera magistral. Bajo su batuta, el ambiente aparentemente distendido y cómico se convierte en un escenario vibrante donde las verdades ocultas y las complejidades humanas se despliegan con agudeza.

Martínez, con una carrera que abarca más de medio centenar de películas y cortometrajes, logra tejer una trama intrigante, donde la comedia se convierte en un medio para explorar las profundidades del alma humana. Su habilidad para guiar a los actores a través de los matices emocionales de sus personajes, combinada con su aguda percepción de la narrativa, crea una experiencia teatral envolvente y conmovedora. Al frente de su primera dirección, los personajes cobran vida, las emociones se intensifican y la trama se desarrolla de manera cautivadora, dejando una huella indeleble en el espectador.

Los encargados de pasar de las musas al teatro son un talentoso y entregado reparto. Cada miembro del elenco deslumbra con su habilidad actoral, llevando consigo una energía contagiosa que ilumina el escenario. Su entrega a los roles se traduce en interpretaciones llenas de matices, profundidad emocional y autenticidad. La química entre los actores crea una dinámica fascinante, enriqueciendo la trama y elevando la calidad de la representación. La interpretación de Carmen Ruiz en el papel de Belén es una actuación de gran profundidad y sutileza. Su personaje es una mujer inteligente y sensible, pero lucha con problemas sociales y de autoestima. Ruiz logra transmitir esta complejidad con maestría, infundiendo vida al personaje a través de miradas y movimientos que hablan por sí mismos. Su capacidad para contenerse dentro del rol y expresar tanto con tan pocas palabras es un testimonio de su habilidad como actriz.

Iñaki Ardanaz interpreta magistralmente a Álex, el arquitecto detrás del intrincado plan. Siente un afecto profundo por Belén y, con cariño, bondad y amor, ha tejido esta elaborada mentira para protegerla. Aunque la falsedad es compleja y difícil de entender, Ardanaz logra transmitir la sinceridad y el cuidado que motivan las acciones de Álex. Su actuación agrega una capa conmovedora a la trama, revelando el sacrificio y la lealtad detrás de esta engañosa fachada, lo que hace que el público empatice profundamente con el personaje.

Por su parte, Mónica Regueiro brilla interpretando a Laura, una periodista de éxito, capturando la asertividad y determinación de su personaje. Laura se presenta como alguien directa y franca, sin temor a expresar sus pensamientos con claridad. Regueiro añade profundidad al personaje al mostrar las capas emocionales detrás de su seguridad aparente, contribuyendo significativamente a la dinámica y la autenticidad de la obra. La interpretación de Jorge Suquet como Marcos es un retrato fascinante de un hombre acomodado en su vida, aunque a menudo se muestra como un avestruz que prefiere ignorar las verdades incómodas que lo rodean. Casado con una de las mujeres del grupo y con un trabajo aceptable, Marcos elige mantenerse en una burbuja de confort. Suquet logra capturar magistralmente esta complacencia y, al mismo tiempo, la vulnerabilidad del personaje cuando las verdades ocultas emergen a la superficie. Por último, Laura Galán encarna a Clara con una mezcla encantadora de ingenuidad y determinación. La actriz infunde al personaje una luz y energía cautivadoras, mostrando la dualidad de su naturaleza mientras explora su identidad y lugar en el mundo. Clara se convierte en un personaje vibrante y complejo gracias a la magnífica interpretación de Galán.

El diseño de escenografía de Mónica Boromello es sensacional. La disposición diáfana del escenario facilita las entradas y salidas del reparto, creando un espacio que se asemeja a un cuadrilátero de boxeo, donde los personajes deben aprender a encajar los golpes de la vida. Esta elección escenográfica no solo es funcional, sino que también aporta una capa simbólica a la obra, resaltando la lucha interna y los conflictos emocionales de los personajes. Por último, el diseño de iluminación de Rodrigo Ortega juega un papel crucial en la narrativa, capturando momentos significativos de la obra. Sus destellos de luz se convierten en los destellos de pensamiento de los personajes, iluminando sus emociones y conflictos internos.

 

En Animales de Compañía, la brillante dirección, el elenco apasionado y el diseño escénico cautivador se unen para explorar las complejidades de las relaciones humanas y la lucha por la autenticidad. La obra, iluminada por momentos emotivos y destellos de verdad, invita a reflexionar sobre la sinceridad y la supervivencia emocional en un mundo lleno de engaños

 

Dramaturga: Estel Solé

Dirección: Fele Martínez

Reparto: Carmen Ruiz, Jorge Suquet, Mónica Regueiro, Iñaki Ardanaz y Laura Galán

Ayudante de dirección: Lucía Barrado

Diseño de escenografía: Mónica Boromello

Diseño de iluminación: Rodrigo Ortega

Diseño de vestuario: Elda Noriega

Diseño de espacio sonoro: Sergio Sánchez Bou

Composición musical: Juanjo Reig

Movimiento: Elena Lombao

Fotografía y diseño de cartel: Sergio Parra / Eva Ramón

Diseño gráfico: Rubén Salgueiros

Producción/administración: Andrea Quevedo

Dirección de producción: Ana Guarnizo

Producción ejecutiva: Mónica Regueiro / Carles Roca

Una producción de Producciones Off, Vania en coproducción con Pentación Espectáculos y Bitó

 

 

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