¿Por qué decide llamarle a esta nueva producción Artifex Sui y celebrar sus 30 años de carrera?
No de carrera. 30 años de creación para orquesta sinfónica, pero mi carrera es mayor. Son 30 años de escribir para orquesta, de enfrentarme al mundo de la orquesta y ofrecerles mis obras. ¿Por qué? Porque ya hace mucho tiempo que esto del Artifex Sui siempre sentí que me representaba. El disco, realmente, decía “Pilar Jurado Artifex Sui”, es decir, Pilar Jurado artífice de sí misma. Y ese artífice de sí misma es que cuando echo la mirada atrás me doy cuenta de que al final he sido lo que quería ser a pesar de… La gente piensa que todo se ha dado de forma muy natural, que ha sido siempre fácil, y no es cierto. Hay muchos momentos a lo largo de tu trayectoria, casi desde el principio, en el que te encuentras con gente que se convierten en obstáculos para desarrollar tu talento o que piensan que no deberías hacer tantas cosas, o que piensan que quizás estás desaprovechándote porque con tanto talento tendrías que hacer una y todo tu talento desbordarlo en una cosa. Y yo siempre pensé, primero, que no hacía cosas diferentes, que en el fondo lo que hacía era servir a la música y era música, pero es verdad que son facetas dentro de la música que requieren de preparaciones muy diferentes y que requieren de exigencias también vitales muy distintas.
El que yo las haya hecho todas y que haya destacado en ellas es lo que sorprende. Claro, porque puedes hacerlo todo y estar en todo y no ser maestro de nada, pero la realidad es que yo creía en todo esto porque lo amaba, lo disfrutaba y sentía que servía a la música. Para mí nunca fue una cosa extraña porque yo siempre me ponía como ejemplo a Johann Sebastian Bach y a otros, pero Bach era organista y además enseñaba a sus hijos, y además enseñaba matemáticas, y además era el maestro de capilla, y además tuvo 20 o 21 hijos. O sea, quiero decir que le daba tiempo para todo.
Es verdad que vivimos en un mundo en el que, sobre todo el siglo XX y la segunda mitad, fue como el siglo de dedicarte a la súper especialización. Yo me dedico a hacer un tornillo de no sé qué. Y solo me dedico a eso. Y yo creo que me moriría. Si solamente hubiese hecho una cosa y siempre lo mismo me habría muerto porque mi mente es tremendamente creativa y a mí todo me apasiona, todo me encanta y siempre tengo la necesidad de generar un nuevo proyecto, de hablar del mundo en el que vivimos a través de mi creación.
Porque creo, también fundamentalmente, que los artistas tienen la obligación de ser el espejo en el que se refleje la sociedad y en el que tú puedas también poner tu impronta y decir “cuidado con esto”.
El gran problema del siglo XXI ha sido la pérdida del humanismo en las enseñanzas. Parece como que todo tiene que ser objetivo, todo tiene que generar dinero y todo lo que no forme parte de ese engranaje es como que no es importante y resulta que es todo lo contrario. Lo importante son esas pequeñas cosas a las que a veces no hacemos tanto caso y lo importante es todo aquello que te hace crecer como ser humano y hacer crecer a los demás contigo, y aquello que emociona y aquello que comparte, que comunica.
Estamos viviendo un momento extraño, y yo lo entendía además así, también de hecho en el libro hablo sobre inteligencia artificial y sobre todo esto porque cuando yo hace dos años vi que la inteligencia artificial generativa, ya cuando la pandemia, entendí que en el mundo digital había que meterse a fondo y me puse a hacer másteres como una loca sobre el mundo digital porque me encanta aprender y la gente me dice, pero bueno, ¿no tienes bastante ya con seis títulos en música? Y yo digo, no, porque al final siempre hay que seguir aprendiendo y creo que aprenderé hasta el último día de mi vida. Pero te das cuenta de que algo está cambiando, que todo el mundo que va a venir va a ser diferente y que tienes que entender de qué va esto para poder saber cómo transformar tu arte a esto que viene. No cómo transformar el arte en sí mismo, sino cómo hacer que tu arte siga perviviendo a pesar de que los medios sean otros.
Hay que enseñar también a otras generaciones a entender que el ser humano tiene que seguir teniendo el criterio suficiente como para poder seguir aportando y lo que me preocupa muchísimo con las nuevas generaciones es precisamente que se están acostumbrando a consumir cultura con minúsculas, que se están acostumbrando a no tener criterio en las cosas, sino dejar que otros les digan por dónde tienen que caminar y yo creo que todas las personas que tengan en su ADN un poquito de creatividad en el fondo lo que quieren es hacer algo diferente y algo único. La inteligencia artificial está muy bien, es una herramienta espectacular, absolutamente espectacular, es casi mágica, tan mágica como mi dirección (risas), pero es verdad que la gente no está entendiendo que es una herramienta y lo están convirtiendo en un fin en sí mismo, y el gran problema que tenemos es que estamos tratando con un sistema cuasi vivo que tiene cada vez más criterio propio aunque diga no, yo no pienso, no es cierto, yo le pongo pruebas todos los días y hace lo que hace un ser humano, un ser humano coge premisas, las ve, las analiza y sobre eso toma una decisión y no se diferencia tanto de lo que está haciendo la inteligencia artificial.
El gran problema que tenemos es que estamos ya al borde de la superinteligencia y la superinteligencia es cuando ya nosotros no vamos a comprender los procesos generativos que está realizando y ahí el problema es que entramos ya en un lugar en el que hay un ser entre comillas superior que tiene una inteligencia mucho mayor que la del ser humano.
Entonces ¿qué ocurre? ¿Qué hacen las especies cuando una es más inteligente que otra? Creo que es un momento en el que se ha tenido que hacer una reflexión muy grande que no se ha hecho y también yo creo que al final a través de la propia creación absolutamente humana que es la que yo presento en este disco, porque obviamente son músicos tocando, yo dirigiendo, yo cantando…
¿El disco se ha grabado usted cantando en solitario?
El disco se ha grabado yo dirigiendo la orquesta… Dirigiendo la orquesta… Y son composiciones… Son composiciones mías, hay cuatro obras que están divididas en diferentes números, dos de ellas son solamente orquesta y las otras dos son orquesta y soprano, entonces tuve que grabarlas con la orquesta primero y luego en el estudio meter mi voz, y claro eso es algo que normalmente cuando lo grabo, normalmente se graba todo a la vez, pero claro ya eran demasiadas cosas, ya me hubiera partido, no te creas que no lo hice en los ensayos, yo cantaba y dirigía y tal, pero claro ya es diferente.
Son obras de muchísima exigencia, de una gran exigencia tanto de interpretación para los músicos como para mí como cantante y como directora pues bueno, obviamente tienes que controlar lo que está ocurriendo, pero al final es seguido.
¿Cómo se traspasa lo que uno siente a la partitura?
Es todo un proceso, para mí es un proceso que comienza siempre con un papel en blanco y una pluma, curiosamente, y que además no he querido que cambie eso porque hay una cosa que a la gente más joven se le está olvidando porque ya no la practican, pero es que cuando tú escribes algo, yo siempre toda mi vida he aprendido escribiendo, cuando tenía que estudiar en el colegio, escribía lo que tenía que y tal, y con eso ya me lo quedaba y se lo contaba luego a mi madre, ya con eso el día de hoy todos mis estudios serán así, pero cuando yo estoy escribiendo realmente estoy pasando las ideas que tengo en la cabeza sobre la estructura, sobre cómo quiero hacerla y luego directamente ya voy al ordenador a poder poner todas esas notas, que a mí me encanta escribir también música, pero es obvio que luego cuando tienes que sacar partichelas y tal, es mucho más fácil hacerlo a través del ordenador, entonces desde hace 30 años lo hago en el ordenador.

Cuando usted compone crea como una base y sobre esa base luego hay que orquestar…
No, no, cuando yo compongo muchas veces trabajo, hay veces que sí que trabajas como sobre un guion y luego sobre ese guion empiezas a orquestar, pero hay muchas veces en las que tengo tan clara la idea que quiero realizar que lo que ya hago es prácticamente ir sobre la partitura a escribir lo que quiero y luego por supuesto ahí doblas instrumentos o haces cosas y orquestas, pero yo escribo prácticamente todo.
Ahí deja constancia en el papel de lo que tiene en la cabeza.
Absolutamente todo.
¿Llega a escucharlo antes de escribirlo?
Sí, pero es que además, aparte de que yo tengo bastante oído interno y puedo escuchar bastante una partitura, pero es que además de eso es que ahora mismo los programas con los que trabajamos son espectaculares. Yo trabajo con Finale desde hace muchísimos años, con Sibelius, y todo lo que tú vas escribiendo ya lo vas escuchando. Lo vas escuchando y además con instrumentos que son cada vez más similares a los instrumentos reales, con lo cual estás escuchando lo que estás trabajando.
¿Cómo decide uno dedicarse a ser soprano desde pequeño?
No, es que uno no decide. Siempre me preguntáis estas cosas. Es que uno no decide eso. Uno vive. Y uno desarrolla, se va formando en algo y el entusiasmo. En mi libro lo cuento todo.
¿Y cómo comienza?
Pues comienzas porque de repente empiezas a presentarte a concursos para mostrar lo bien que cantas. Y de repente te empiezan a dar premios y tú ya te vienes arriba y dices, pues me voy a presentar a otro y tal. Casi como entre un juego y una realidad.
Yo empecé con 13 años a estudiar. No había nadie en mi familia músico. Absolutamente nadie. Era un bicho raro. Para mi familia también. No había absolutamente nadie.
Pues mira, yo comencé con 8 años y comencé a estudiar obviamente con 9 piano. Y siempre cuando cantábamos, y siempre cuando cantaba en el colegio, en todos los sitios, me decían que bien cantas, tienes que estudiar canto y tal. Y me presenté a las pruebas con 13 años.
Me cogieron para estudiar. La gente normalmente se presenta a esas pruebas con 18 o 16 años, cuando ya han cambiado la voz. Pedro la Virgen decía, es que te vimos ahí con tanto talento que dijimos, bueno, mejor que esté dentro que esté fuera. Mil veces me contaba cómo se quedaron cuando me escucharon por primera vez cantar. Y realmente mi madre me compraba discos y cassettes de ópera y de cosas, pero nadie en mi familia había que se dedicara a esto. Ella como veía que podía tener esa inquietud pues empezó a animarme. Lo cantaba todo. Había un disco en casa de Alfredo Krauss que eran canciones de siempre. Y yo pues me lo ponía. Iba en el coche a voz en grito por ahí cantando esto. Y de repente pues empecé a escuchar a Calas… Tenía un amigo, Ignacio Vargas Bernabé, que era compañero mío. Y yo creo que él fue uno de los que más influyó en que yo entrase de lleno al mundo de la ópera, porque él era un súper amante de la ópera. Entonces podíamos pasarnos el fin de semana en su casa escuchando discos. Sigue siendo mi amigo desde los 13 años, imagínate.
Y yo creo que ahí fue donde me empecé a enamorar de esas voces, más que de la ópera, porque todavía yo no había ido nunca a una ópera entera. Me enamoré de esa forma de cantar y de esa superación de la voz, de poder llegar a hacer cosas casi que rayaban lo imposible.
¿Cómo definiría esta grabación, este disco? ¿Qué hilo conductor tiene?
Soy yo, obviamente. Es que el título ya lo dice todo, Artifex Sui. Artífice de sí misma. En el fondo, ahí está mi música. Es que, fíjate, como compositora también he sido muy artífice de mí misma.
Nunca he seguido escuelas determinadas dentro de la composición. Yo he aprendido de todos, he sido una esponja absoluta de todos los grandes compositores a los que muchos he tenido la suerte de no solamente saber que existían o conocer su música, sino conocerles personalmente.
Todo lo que ha ido ocurriendo en mi vida ha sido también muy mágico, por eso quizás ese juego. Yo siempre he entendido la vida como algo mágico. La vida de repente te trae cosas que tú no esperas y solamente tú tienes la posibilidad de hacer que tu vida cambie si eres capaz de aceptar el reto.
Y hay mucha gente con mucho talento que luego no es capaz de aceptar los retos. Yo he sido capaz de aceptar todos los retos que me ha puesto. Absolutamente todos. Entonces me han ocurrido muchas cosas en la vida que han sido las que me han ido dirigiendo. Y fíjate, cuando decías tú, ¿cómo uno se plantea que va a ser? Es que nunca me planteé, voy a ser soprano, ni voy a ser compositora, ni voy a ser directora, ni voy a ser nada de las 1.200 cosas que soy cada día. Es que simplemente he vivido. Es como Neruda, confieso que he vivido. Y entonces el ir aceptando retos, el ir sumándote, el ir estando cerca de gente tan valiosa, es que a la gente ahora mismo ya se le olvida que todo eso que hemos vivido ha pasado. Por eso creo que este disco y este libro es tan importante en este momento. Porque es volver a recordar.
Y lo más curioso, me he dado cuenta de que la Pilar Jurado de ahora, o esa que me parece que es tan sensata y que ya ha vivido todo lo que ha vivido y que ha crecido, es que no se diferencia tanto de esa otra del comienzo. Mucha de la esencia de lo que hay en mí ahora ya estaba ahí.

¿Se nota que las composiciones han evolucionado?
No estoy convencida de que se note tanto el que han sido escritas en diferentes épocas. No te podría decir en tanto que ha evolucionado. Pero es posible que a veces en la música más actual, en este momento, que quizás el mundo contemporáneo se ha radicalizado menos, se ha hecho como mucho más light. Pero es que mi música yo creo que siempre estaba muy cerca del público. Porque dentro de que haya mucha complejidad, para mí era muy importante comunicar y transmitir. Son obras muy bonitas. Por ejemplo, los Tres cantos sefardíes, que es una obra que además me estrenó la London Symphony, conmigo cantando. Es una obra absolutamente preciosista. Son tres cantos sefardíes, obviamente, muy antiguos, pero que toda la parte instrumental lo que hace es traer esa parte mágica. Yo creo que, fíjate, en mi música sí que es verdad que me doy cuenta que la tímbrica, que es muy importante y todo esto, al final de lo que habla también es de esa magia. Yo creo que esa tímbrica me ayuda a jugar con sonoridades en la orquesta que tienden a hacer mágico.
Cuando compone, ¿busca el equilibrio entre los instrumentos, la voz? ¿Busca el virtuosismo de algún instrumento?
Siempre, sin querer, soy muy de buscar virtuosismo, o sea, me gusta que los instrumentos toquen. Mi música no es fácil, no es superfácil, pero sí es fácil de escuchar.
¿No se ha planteado alguna vez componer para producciones teatrales?
Sí. Nunca he tenido propuestas para esto, pero fíjate que Antón García Abril, que fue mi maestro, y él siempre me decía… Es que tu música es muy cinematográfica, tendrías que escribir para cine.
Cuando yo hice la ópera, yo siempre hablaba de que la ópera, si tenía que acercarla a algo, para mí era como una especie de thriller cinematográfico. Y, de hecho, yo traté a mi ópera como si fuera un thriller cinematográfico. Había cambios absolutamente de estéticas y de cosas en función de lo que estaba ocurriendo. Claro, si había una parte realmente tenebrosa y tal, la música contemporánea, pura y dura, dodecafónica funcionaba maravillosa. Pero si tenía que hacer una parte de amor, pues necesitaba que lo mío fuese algo más parecido quizás a Richard Strauss, porque necesitaba crear ese romanticismo que en mi caso jugaba también con todas esas texturas, con ese juego de armónicos arriba y tal.
¿La idea original de la ópera también fue suya?
Absolutamente. Yo hice el libreto y la dramaturgia.
Y si fuera poco, decide también presidir la SGAE…
Yo siempre pienso que a veces es el universo un poco el que marca también. Algo que yo jamás en mi vida me había propuesto y de repente me empujaron un poco, venga, tienes que presentarte, tienes que ser, y luego de repente me eligieron presidenta cuando hacía dos semanas que habían hecho la intervención en SGAE, con lo cual para mí fue tremendo y, bueno, conseguí que se anulase esa intervención, conseguí que se aprobasen todas las cosas que se necesitaban para que la entidad volviese a estar otra vez en activo de forma tranquila. Y, por supuesto, en cuanto conseguí eso ya rápidamente me quitaron de ahí, porque ya les había solucionado la papeleta. Esto es lo que llaman los acantilados de cristal, cuando las situaciones son muy duras, buscamos a una mujer que ella se lo coma. Pero, bueno, aprendí muchísimo.
Diste el DO de pecho en ese sentido porque no solo conseguiste, digamos, sanear internamente esa institución, sino que también volviera a tener un prestigio y un reconocimiento que perdió en cuestión de dos meses.
Me empeñé mucho en eso, porque para mí es importante las entidades de gestión y más, fíjate, el mundo que estamos viviendo ahora con todo el tema de la inteligencia artificial. Hay un capítulo que he dedicado directamente a cómo veo yo el futuro. O sea, en mi experiencia… Ten en cuenta que yo no solamente es la experiencia de haber sido el tiempo que estuve ahí de presidenta. Es que yo ya llevaba ya 14 años formando parte de AIE, de la Permanente de AIE, o sea, de la Junta Directiva de AIE, de los artistas que yo he estado defendiendo muchísimas cosas en el Parlamento Europeo. O sea, la Directiva de Copyright and Related Rights, yo fui la representante española que peleó. Siempre he entendido también que al final no solamente es hacer tantas cosas y tal, sino que para poder hacer todas estas cosas, para que podamos seguir los artistas haciendo nuestro trabajo de creación, nuestro trabajo de interpretación, necesitamos que haya leyes que nos protejan.
A pesar de todo lo que ha pasado con el estatuto del artista y tal, que al final mucho rollo, como pasa siempre, se hacen las fotos y tal, pero luego la realidad es que se tienen que cambiar las cuestiones fiscales para que podamos vivir de lo que hacemos. No es un trabajo fácil, no siempre hay todo el trabajo que te gustaría y la mayor parte de la profesión pues tiene que dedicarse a veces a otras cosas para poder sobrevivir. Entonces hay que cambiar también esa realidad. Todo eso al final yo creo que es parte también de ser Artifex Sui y yo he aprendido muchísimo, sé muchísimo de propiedad intelectual, sé muchísimo de derechos de autor, sé muchísimo de la gestión cultural y de cómo funciona este mundo, porque eso es lo que al final te permite poder hacer tus propios proyectos. Y ahora en lo que viene hacia el futuro creo que estamos en un momento de autogestión muy importante, que quizás todavía va a empujar muchísimo más la inteligencia artificial con todas las cosas que te ofrecen. Y bueno, todo eso va a cambiar muchísimo yo creo que la propia industria cultural.

O sea que me estás diciendo, entre comillas, que esa imagen de productor privado va a ir desapareciendo con el paso del tiempo.
O transformándose, sí, sí, porque en el fondo al final va a ser el propio artista el que tenga que sacar adelante sus proyectos. Yo lo he hecho toda mi vida, pues al final cuando ha llegado esto y todos se sorprenden, yo digo, yo ya lo hacía.
Ahora lo que estoy haciendo es entendiendo de qué va todo esto nuevo, porque no tengo que aprender esa otra parte, esa otra parte ya la conozco. Lo que necesitaba conocer era cómo funcionaba todo esto. Ahora que ya lo conozco, lo que quiero es realmente ayudar a otros también a que se suban no a ese carro, porque no es un carro en sí mismo, sino que entiendan que tienen ayuda a través de esto, pero tienen que aprender a utilizarlo bien.
La gente no sabe utilizar bien la inteligencia artificial, en general, la gente no está utilizando bien la inteligencia artificial.
Después de la presentación de este trabajo, ¿ahora qué? ¿Qué le pide a su profesión? ¿Qué quiere hacer?
Ay, no sé, yo quiero seguir el resto de mi vida como he hecho hasta ahora. Cada día para mí, cada día es especial, cada día me trae nuevas creencias, nuevas necesidades, nuevas fórmulas. Ahora tengo previsto también presentar todo esto y el libro y demás en todas las sedes de SGAE de España, porque en el fondo lo que quiero también es llegar a la gente más joven y contarles mi historia, no para que me digan ay, qué maravillosos eres, ni nada, sino porque entiendan que también en momentos complicados como ahora o momentos en los que no hay un horizonte tan claro, ellos están obligados también a dibujarse ese horizonte. Y además se necesita. Yo creo que vamos hacia un mundo muy oligárquico y entonces todo va a cambiar, y si no somos capaces de coger las riendas de nuestra propia vida y de nuestra propia creación artística, pues no podremos exigir después tener ni media libertad en lo que hacemos.
¿A quién quería emular con 13 años?
Pues yo no quería emular a nadie. Con 13 años estaba entusiasmadísima con la ingeniería genética. Tocaba el piano, cantaba y todo eso, y además la ingeniería genética. Me regalaron un libro de Jacques Monod, que era El azar o la necesidad. Tenía un profesor además de biología que había sido muy bueno en ingeniería genética, entonces nos hablaba de sus recreos y tal, y a mí eso me parecía lo más… porque en aquel momento todo lo que ahora ya es una realidad, en aquel momento era una utopía, o sea que con el núcleo de una célula… o sea yo misma podría tener un clon de mí misma, no necesitaba ni siquiera a ningún hombre ni a nada, yo misma podía hacerme un clon de mí misma y eso me parecía alucinante porque claro yo era chica y encima podía tener el óvulo y el núcleo de mi célula y eso me parecía increíble.
Con sinceridad, ¿se puede hacer una carrera de compositora, directora de orquesta y soprano en nuestro país?
Yo la he hecho. Si hubiera sido norteamericana me habrían hecho más honores. Dentro de lo que es este país debo de sentirme agradecida. Los medios me han tratado muy bien, hay habido oportunidades. He ido haciendo y han ido surgiendo cosas. Aquí, con las posibilidades que había, me tocó vivir un momento que no fue precisamente el peor, sino el momento de apostar por la cultura, con Madrid Capital Cultural, en el que hubo un impulso muy grande en el país con todo aquello. He seguido ahí y nunca he tenido demasiados padrinos. He estado y he hecho mi trabajo. Mi profesora de canto lo decía, cuando hay talento puede tardar más o menos, pero al final es imposible ocultarlo. Al final encuentra una grieta por la que nacer. Yo he sido agua. Me he colado por todas las grietas que me han dado la oportunidad de demostrar quién era.






