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Mi príncipe azul, una apuesta arriesgada de danza para abrir el 6º certamen Barroco Infantil del Festival de Almagro

La compañía ha propuesto un espectáculo de danza contemporánea para toda la familia. La música en directo, dato a tener muy en cuenta, ha contado con la interpretación y ejecución de partituras con una vihuela de mano y una guitarra barroca por parte de Jaume Bosser.

En cuanto a la escenografía, obra de Francesco della Mirandola, nada más levantarse el telón vemos varios biombos y el suelo de espejo. Los personajes que aparecen se mirarán y reflejarán en ellos. La iluminación, el vestuario y el atrezzo están muy conseguidos, logrando mantener a los espectadores, incluidos los niños, con una atención máxima en cuanto a lo que ocurre en escena.

Aparecen varios elementos en escena dignos de destacar, como las máscaras y títeres de Martí Doy.

En escena sólo aparecen dos bailarinas y el músico Jaume Bosser. Las bailarinas, Beatriz Macías y Gemma Güell acaparan todos los personajes que aparecen. Al inicio, un gorila aparece en escena vestido con un chaleco azul. Se mira en ellos. Aparece una voz en off que nos pregunta ¿qué es el amor? Al girar los paneles de cristal, aparecen forrados de madera. Una princesa y una lavandera también entran en escena. Un príncipe, con flores incluidas. Pero al final son secuestradas en una jaula. Consiguen escapar. Se presentan una serie de profesiones reconocibles, tales como maestra, juez, director de cine, ingeniero, médico, científico, piloto… Uno de los momentos más intensos, cuando aparece la marioneta del príncipe manejada, también, por una de las bailarinas. Al final el gorila es destapado, y debajo de él, aparece otra bailarina.

Todo esto para hacernos ver que el ser humano buscará desconectarse de las pantallas de la modernidad para encontrar el latido auténtico de la vida. Buscará el espacio para la reflexión y la calma que nos trae, por ejemplo, una noche de tormenta cuando se va la luz. El silencio de una casa sin electricidad es de una pureza tan afilada y temblorosa que podría abrir una puerta en el tiempo y situarnos, imaginariamente, en el mundo de hace cuatrocientos años para descubrir, que hoy, vivimos en un espejismo. Y si, por ejemplo, aguzamos el oído y escuchamos la música de vihuela de este tiempo, descubriremos una música tranquila, delicada, inteligente y llena de sensibilidad que nos dará la esperanza de que otro mundo es posible porque fue posible.

Los niños aguantaron bastante bien el tirón y estuvieron entretenidos con la danza contemporánea y la música que en escena aparecía. Gracias Natalia por acercar la danza y los clásicos a los más, más pequeños. Ellos lo merecen y te lo agradecerán.

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