En un día tranquilo de la vida de Carlos, aparece Luis y ya nada volverá a ser como antes. Después de compartirlo todo y de haber pasado la noche de sus vidas, Luis, desaparece sin dejar rastro.
¿Cómo repercutirá esta decisión en la vida de Carlos? Ir a un restaurante, a una discoteca o un parque podría convertirse en el mayor error de su vida.
La obra se representa con músicos en directo, se inspira en hechos reales y ha contado con asesoramiento psicológico para su desarrollo narrativo.
Elenco
Carlos: Fernando Manso / Luis Morón – Luis: Aaron Cobos / Sergio Campoy – Diva: Elena Cárdenas –Ensamble: Gerard Jiménez – María: María Marín
Músicos: Pablo Gómez / Teclado – Juan Torresi / Guitarra – Darío Bata / Batería
90 Minutos en palabras de Daniel Garvi de Castro (Psicólogo)
Mi implicación en “90 minutos” nace del interés de su autor, Fernando, por crear una obra que no solo hablara de la falta de responsabilidad afectiva, sino que reflejara cómo se manifiesta realmente y qué consecuencias puede tener en la vida de las personas. Desde mi posición como psicólogo —pero también como alguien que ha experimentado la falta de responsabilidad afectiva, y como persona que no siempre ha sabido ser responsable afectivamente—, sentí que era importante apoyar un proyecto que busca generar conciencia. Una obra que, en el fondo, nos invita a ser más personas en el mundo, y menos un mundo para las otras personas.
Durante las conversaciones con Fernando, uno de los puntos clave que quise transmitirle es que quienes no son claros de primeras o quienes desaparecen sin dar explicaciones no son “monstruos”, sino personas. Personas corrientes e, incluso, cercanas a nosotros. Precisamente ahí está la clave de todo esto: en entender que cualquiera podemos ser esa persona en un momento dado. No siempre nos han enseñado a ser claros, a sostener conversaciones incómodas o a no dejarnos llevar por el impulso. A veces, incluso, normalizamos ciertas formas de actuar porque “todo el mundo lo hace”.
También hablamos de las consecuencias de la falta de responsabilidad afectiva: el miedo a vincularnos, la desconfianza, la sensación de que el problema somos nosotros e, incluso, el intento de escapar del sufrimiento escapando de la vida…. En este sentido, recuerdo que a Fernando le preocupaba que el público pudiera percibir el suicidio como una exageración, como algo alejado de la realidad. Sin embargo, la cierto es que, aunque no sea lo más frecuente, sí es algo que sucede. Cuando la herida no para de abrirse, cuando las ilusiones se rompen una y otra vez, algunas personas pueden llegar a convencerse de que su vida “será siempre así” o incluso de que “no merece la pena”.
“90 minutos” supone algo más que visibilizar un problema: es colocarnos frente a un espejo. Nos invita a reflexionar acerca de quiénes somos para los demás porque no solo es probable que hayamos sufrido la falta de responsabilidad afectiva, sino que también, en algún momento, hayamos sido nosotros quienes no hayamos sido los más responsables.
Esta obra plantea una pequeña disidencia frente a la normalización de estas formas de relacionarnos. Nos recuerda que la persona que tenemos delante siente igual que nosotros y, desde ahí, nos motiva a hacer pequeños gestos que, aunque incómodos, marcan la diferencia: expresar lo que sentimos en lugar de desaparecer, respetar los límites del otro o ser honestos con nuestras intenciones. “90 minutos” es una oportunidad para que cada uno de nosotros nos preguntemos qué papel queremos tener en la vida de los demás.





