Y es que el flamenco, en el lugar que sea, siempre acapara los esenciales de la verdad que se busca en un arte como éste. La pureza del jondo, la mezcla con los artificios de los nuevos palos bailando al ritmo de una guitarra que llora y que se hace grande entre los silencios de unas cuerdas que dejan de vibrar por instantes y de un público que mira embobado a lo que está pasando justo enfrente de sus ojos.
Todo eso ocurre cada día en los diversos pases de “Esencia” en el Teatro Flamenco de la calle Lazcano de Málaga, ajeno al ruido, abierto a quienes llegan a la ciudad del sol dispuestos a empaparse de esas raíces que traspasan continentes y que dan significado a Andalucía, en una atmósfera intimista que invita a la magia, gracias a la cercanía entre los artistas y un público que los siente cerca, como si fuesen parte de la trama.
En una hora, que es lo que dura el espectáculo, todo cambia. Puede que al principio se acepte la incertidumbre entre quienes no conocen el flamenco y un elenco que mira concentrado al tendido para inundarlo todo, sabiendo que deberán conectar con un puñado de personas que buscan vivir la experiencia flamenca, pero que en su mayoría desconocen el significado de pureza.
Y es ahí, en esa intensidad que va brotando sobre la platea sobre la que se cimenta una relación que habla de caras concentradas, de talento condensado y de un elenco que derrocha posibilidades para calar hondo en el espectador itinerante.
Para ello es vital la selección interpretativa que cabalga entre la soleá, las alegrías, o el cierre vitalista de las bulerías que mecen la liturgia por los cuatros puntos cardinales del flamenco, presentándose ante los ojos nobeles, pero también para quien busca disfrutarlo de cerca desde la posición de quien ya estuvo ahí alguna vez.
“Esencia” sirve como una breve introducción al flamenco, pero también como cuestión de permanencia.
Llenar el patio de butacas del Teatro Flamenco Málaga Club cuatro veces al día desde que se lanzó al público este espectáculo no es casualidad, porque de alguna forma lo que ocurre entre las cuatro paredes del pequeño teatro dibuja el significado de Andalucía, del flamenco y de una pasión enraizada que supera las expectativas del visitante.
“Esencia” es música en directo, son voces amargas buscando el quejío sensible, son palmas que marcan y rompen el ritmo para cambiar de palo, son taconeos despertando los sentidos para que nadie salga indiferente de nuevo a una ciudad que espera a ser redescubierta.



