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Año IXNúmero 446
03 MARZO 2026

No corten nunca el cable rojo

Imagen de una escena del espectáculo
Imagen de una escena del espectáculo
En la Gran Vía de Madrid permanecen las luces navideñas encendidas; en las calles aledañas el mismo trasiego de siempre, imperecedero durante cualquier época del año. Tal vez un poco más de alboroto, pero la misma velocidad de siempre en unos viandantes que a veces se detienen a mirar escaparates y algunos turistas que paran a hacer fotos que más tarde compartirán en redes, para que sepan que han estado ahí.

También perenne queda a la altura del 66 de Gran Vía un cartel anunciador: ‘Corta el cable rojo’, con tres tipos amarrados con una soga que anticipan una tarde noche de humor, aunque no se sepa muy bien de qué tipo de espectáculo se va a tratar, porque como ellos mismos van a confesar en los primeros minutos, tampoco lo saben. Todo queda abierto a la demanda del público sobre las que se va a tejer lo que pase a continuación.

Durar trece temporadas en cartelera en pleno corazón de la capital explica por sí sólo el éxito de esta propuesta cómica sin que ninguna crítica vaya a descubrir América a estas horas. El público es cada vez más exigente y más experimentado en los guiones abiertos como éste, donde la improvisación obliga a un ejercicio de virtuosismo de los cómicos en escena que se acompañan por una banda sonora cambiante que se interpreta en directo, adaptándose a las escenas improvisadas.

Detrás de ‘Corta el cable rojo’ se esconde la verdad de una carcajada de toda la vida, sin necesidad de etiquetas. A lo largo de todo el espectáculo el espectador es claro protagonista de lo que sucede bajo los focos; por eso y por el ritmo con el que pasa todo, no caben los silencios, los momentos de tregua en las butacas.

La risa se sucede, a veces a chorro, otras tras un leve respiro mientras se tejen los breves sketches a demanda de una tribuna que se va entregando poco a poco y que acaba conectando rápido con Salomón, Carlos Ramos y José Andrés que se relevan en la conducción de la improvisación y en la interpretación de los personajes que dan vida a las escenas delirantes que crecerán sobre las tablas del Pequeño Teatro Gran Vía.

Corta el cable rojo’ es sin duda un plan perfecto para quienes busquen reírse, para quienes acepten el humor costumbrista, para quien tenga la capacidad de encajar en su mente que en una misma tarde pueden ver desde una rusa desmelenada vendiendo cajetillas de cerillas a una amiga perfecta sin nada que mejorar en su personalidad, siendo el nexo de unión entre la bachata y una tipa random de Puertollano que pasaba por ahí para celebrar su cumpleaños.

Pase lo que pase, lo cierto es que serán 90 minutos aprovechados si la pretensión con la que bajas al sótano de este encantador teatro de Gran Vía es disfrutar de una tarde de risas en las que no hay nada fijado con antelación. Siéntate, participa y ríete con esta obra salvajemente intensa.

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