• Inicio
    • Carles Benlliure y Rebeca Castro
      Gloria Muñoz posa para Masescena en una de las salas del Teatro La Abadía de Madrid
      Imagen promocional de la actriz María Adánez
      Imagen promocional de Manuel Liñán
    • Fachada Teatro Real de Madrid
      La tecnología teatral del Siglo XX - Sección de un teatro
      Maquinaria escénica del siglo XIX
      Eduardo Vasco en la presentación de temporada 2025/2026
    • Últimas noticias

      Un instante de "La vida extraordinaria"
      Imagen promocional del concierto
      Una escena de la obra
      Imagen de una escena de la obra

      Lo más visto

      Imagen promocional de la obra
      Dolores
      Danza_a_escena_2024
      (De izq. a dcha.) María José Goyanes, Emilio Gutiérrez Caba y Marta Gutiérrez Abad
  • Podcasts
  • Anuarios
  • Revistas en papel
  • Boletines
  • Bazar
  • Suscríbete
  • Inicio
    • Carles Benlliure y Rebeca Castro
      Gloria Muñoz posa para Masescena en una de las salas del Teatro La Abadía de Madrid
      Imagen promocional de la actriz María Adánez
      Imagen promocional de Manuel Liñán
    • Fachada Teatro Real de Madrid
      La tecnología teatral del Siglo XX - Sección de un teatro
      Maquinaria escénica del siglo XIX
      Eduardo Vasco en la presentación de temporada 2025/2026
    • Últimas noticias

      Un instante de "La vida extraordinaria"
      Imagen promocional del concierto
      Una escena de la obra
      Imagen de una escena de la obra

      Lo más visto

      Imagen promocional de la obra
      Dolores
      Danza_a_escena_2024
      (De izq. a dcha.) María José Goyanes, Emilio Gutiérrez Caba y Marta Gutiérrez Abad
  • Podcasts
  • Anuarios
  • Revistas en papel
  • Boletines
  • Bazar
  • Suscríbete
Año IXNúmero 450
06 ABRIL 2026

La vida extraordinaria: el teatro como milagro discreto

Un instante de "La vida extraordinaria"
Un instante de "La vida extraordinaria"
Dos amigas, una vida compartida y una escritura que convierte lo cotidiano en relato escénico, desde el tiempo, la memoria y la palabra.

Hay obras que no avanzan, sedimentan. La vida extraordinaria, en la Sala Verde de Teatros del Canal, pertenece a esa categoría poco frecuente en la que el teatro renuncia al conflicto como motor y apoya su desarrollo en la palabra y el tiempo. Lo que despliega no es tanto una historia como una acumulación de vida: recuerdos, lecturas, afectos, pérdidas. El propio título introduce una clave que la función no subraya, pero confirma: lo extraordinario surge de la forma en que lo vivido acaba convertido en relato. En ese desplazamiento —casi imperceptible— lo cotidiano gana densidad.

Aurora (Malena Alterio) y Blanca (Carmen Ruiz), amigas desde la infancia, recorren sus vidas desde el recuerdo. La escena avanza por episodios y fragmentos: relaciones, pérdidas, maternidad, decisiones… No hay hilo narrativo continuo ni clímax por resolver. El recorrido salta entre momentos y edades siguiendo la lógica de la memoria; los recuerdos se organizan por su peso y el sentido aparece en el modo en que se cuenta. Ahí la obra encuentra su centro de gravedad.

La escritura de Mariano Tenconi Blanco (Las cautivas, Las Ciencias naturales), uno de los nombres más reconocibles de la dramaturgia argentina contemporánea, se inscribe en una línea donde teatro y literatura confluyen hasta volverse indistinguibles. La vida extraordinaria, estrenada en 2018 en el Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires, forma parte de un recorrido de más de una década en el que el autor ha consolidado una poética propia dentro del teatro iberoamericano. El texto articula la obra a partir de materiales diversos —cartas, diarios, monólogos, pasajes de carácter lírico— y construye una arquitectura fragmentaria con ritmo propio. Ese juego de cambios de narrador introduce una oscilación entre primera y tercera persona, donde el personaje alterna entre la experiencia y su propio relato. La palabra organiza la escena y marca la cadencia del espectáculo, con una musicalidad interna que lo atraviesa.

ECG_La vida extraordinaria-05
Un instante de la representación

Esa concepción sitúa el lenguaje en el centro y abre el espacio donde aparecen sus temas: el paso del tiempo, la amistad, el sexo, la muerte entendida como pregunta y una mirada construida desde lo íntimo. En La vida extraordinaria esa lógica permea desde el arranque, con una voz en off —la de Alicia Borrachero— que introduce una reflexión sobre el origen de la vida en la Tierra y fija el marco del relato. La obra establece desde ahí una relación entre lo ínfimo y lo vasto, entre el tiempo del universo y el milagro de una vida, con una claridad que interpela. En ese tránsito, la escritura funciona como forma de conocimiento: la experiencia adquiere sentido al ser narrada.

Mariano Tenconi Blanco dirige su propio texto y la coherencia entre escritura y puesta en escena es clara, con una dirección que lo habita. El espacio escénico —diseño de Ariel Vaccaro— trabaja desde una sobriedad precisa, con pocos elementos, bien elegidos, capaces de evocar décadas con gestos mínimos. La iluminación de Matías Sendón modela el tiempo con la misma lógica del texto y permite que las escenas se encadenen con fluidez. El diseño audiovisual de Agustina San Martín introduce una dimensión cinematográfica al ampliar el espacio interior y abrir nuevas capas de lectura. Pero el elemento más determinante es el dúo de piano y violín, con música original de Ian Shifres y dirección musical de Jorge Naveros, interpretado en escena por Diana Valencia y el propio Naveros al piano. Su presencia atraviesa la función, se integra en la acción y acompasa el paso del tiempo, marcando los momentos de mayor tensión.

El resultado es un espectáculo que avanza como avanza la memoria: sin prisa, sin linealidad estricta, pero con una lógica interna tan sólida que el espectador no se pierde, aunque tampoco sepa muy bien adónde va. Y llegar sin saber cómo es, a veces, la mejor forma de llegar.

ECG_La vida extraordinaria-03
Un instante de la representación

Malena Alterio y Carmen Ruiz firman un trabajo conjunto de gran precisión, difícil de encajar en un género único. La obra transita entre registros —comedia, drama y momentos cercanos a la farsa— sin fijarse en ninguno. Aurora y Blanca funcionan como dos formas complementarias de estar en el mundo, atravesadas por el paso del tiempo. De esa evolución surge una mirada íntima, centrada en los vínculos y alejada de cualquier énfasis. En un momento clave, cada una ocupa la escena en solitario a través de un monólogo en forma de diario íntimo, donde la palabra adquiere mayor claridad. En el centro queda la amistad, entendida como eje que articula la obra. Como dice el texto: “quien tiene una amiga, tiene dos vidas”.

Malena Alterio construye a Aurora desde la conciencia: una mujer que necesita ordenar su historia y dotarla de sentido a través de la palabra. En ella el tiempo pesa y obliga a volver sobre el pasado. Alterio trabaja esa tensión desde la contención, con un poso de culpa apenas visible que aflora en los momentos menos esperados y reabre lo que parecía cerrado.Por su parte, Carmen Ruiz da vida a Blanca desde la intuición: una mujer anclada en lo inmediato, con una forma de decir ligera en apariencia, pero muy precisa. Su espontaneidad, casi sin filtro, permite enunciar con claridad lo que otros rodean. Bajo esa apariencia más ingenua emerge una inteligencia emocional muy afinada, capaz de equilibrar y cuestionar la mirada de Aurora. Avanza desde la emoción. Ruiz evita la caricatura y acierta en esa naturalidad.

La vida extraordinaria recuerda que el teatro no necesita grandes gestos para decir cosas importantes. Una vida sin épica también merece una obra. En un momento en que la escena tiende al impacto y a la inmediatez, esta propuesta elige la paciencia. La función parte de una pregunta imposible: cómo explicar que la vida existe. Sucedió una vez, y desde entonces no ha dejado de suceder. Tenconi Blanco, Alterio y Ruiz construyen un espectáculo que trata al espectador como adulto y confía en su capacidad de emocionarse. Salir del teatro pensando en eso no es poco.

Texto y dirección: Mariano Tenconi Blanco
Reparto: Malena Alterio, Carmen Ruiz
Voz en off: Alicia Borrachero
Música en directo: Diana Valencia (violín), Jorge Naveros (piano)
Música original y dirección musical: Ian Shifres
Dirección musical residente: Jorge Naveros
Escenografía: Ariel Vaccaro
Vestuario y adaptación escenográfica: Igone Teso
Caracterización: Roberto Siguero
Iluminación: Matías Sendón
Audiovisual: Agustina San Martín
Ayudante de dirección: María García de Oteyza
Coreografía: Josefina Gorostiza
Comunicación: Ángel Galán
Fotografía de escena: Elena C. Graiño
Fotografía y diseño gráfico: Javier Naval
Ayudante de producción: Desirée Díaz Henares
Asesoría de producción: Ana Jelin
Producción asociada: Carolina Castro
Jefe de producción: Carlos Montalvo
Producción ejecutiva: Olvido Orovio
Gerente regidor: Carlos Montalvo
Técnico de iluminación / maquinaria: David Vizcaíno
Técnico de audiovisuales / maquinaria: Luis Álvarez
Vestuario: Sastrería Cornejo
Escenografía: Mambo Decorados

Noticias relacionadas
Imagen promocional del espectáculo
Un instante de la representación
Un instante de la representación
Un instante de la representación
Imagen promocional de "La verdad"
Imagen promocional del musical
Últimas noticias
Imagen promocional del concierto
Una escena de la obra
Imagen de una escena de la obra
Imagen de una escena de la obra "Dentro de los cuentos"
La formación Basso Nova, dirigida por Ismael Campanero
Uno de los documentos que compone la exposición