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Año IXNúmero 438
11 ENERO 2026

Género de dudas: una comedia de máscaras, risas y contradicciones

Imagen promocional del espectáculo
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Una tragicomedia contemporánea de humor y reflexión, sostenida por un reparto entregado que encarna secretos y dobles discursos familiares.

¿Y si quien dice ser no es exactamente quien creías que era? En el Teatro Infanta Isabel, una comedia hace de la duda un territorio inesperadamente fértil, donde las certezas agrietan, las identidades se desplazan y la risa aparece como respuesta ante aquello que deja de encajar.

Una pareja aparentemente sólida, con décadas de convivencia a sus espaldas, ve cómo su estabilidad queda sacudida cuando Julia recibe una carta con una noticia poco común. Su vida, que gira en gran parte en torno a su esposo Francisco, político en plena campaña electoral, se ve profundamente golpeada. Aún más revelador resulta el regreso de Lucía, su hija adoptiva, con noticias que complican todavía más la situación. Este torrente de secretos y confrontaciones pondrá a prueba sus certezas y mostrará finalmente quiénes son realmente.

La joven autora francesa Jade-Rose Parker, conocida por su agudeza en explorar las paradojas de la identidad contemporánea, ofrece un libreto que fusiona con ambición lo cómico y lo dramático. A pesar de la intención, los gags y juegos de palabras no logran generar la risa sostenida que cabría esperar. La comedia actúa más como acompañamiento del drama que como motor propio, dejando la sensación de que el libreto podría haber potenciado sus momentos humorísticos para equilibrar mejor la intensidad de los conflictos.

Lo más relevante del texto es su capacidad de generar una reflexión sobre identidad, coherencia personal e hipocresía social. Los personajes parecen seguros hasta sus certezas se desmoronan: lo que dicen, lo que aparentan y lo que realmente son. La obra pone de relieve cómo las convicciones pueden resquebrajarse y cómo las contradicciones internas y externas se entrelazan. La duda funciona como motor principal de la acción y desafía al espectador a examinar sus propios valores, a aceptar la diversidad y a cultivar la empatía hacia quienes piensan o actúan de manera distinta.

Con más de cien montajes dirigidos, Gabriel Olivares ha consolidado su posición como uno de los grandes nombres de la comedia contemporánea. Los actores desarrollan sus personajes con autenticidad, sin caer en la sobreactuación ni en el histrionismo que a menudo entorpecen este tipo de obras. La dirección destaca por la fluidez del movimiento escénico y la precisión en los tiempos cómicos. Además, incorpora un elemento metateatral, que convierte al espectador en confidente y refuerza la reflexión sobre las relaciones y secretos que tejen la vida de los personajes. El ritmo controlado y el tempo ajustado consiguen que la obra respire, impacte con naturalidad y deje claros tanto la intensidad de los conflictos como el trasfondo reflexivo ya mencionado.

El montaje exige un reparto enérgico y vibrante, capaz de sostener la trama y de impulsar la comedia, una exigencia que aquí encuentra una respuesta eficaz. Pablo Carbonell (“Sin paga, nadie paga”, “Venecia bajo la nieve”) interpreta con desparpajo y mordacidad a Francisco Requena, un político en plena campaña electoral cuya actitud machista aflora en la intimidad, lejos de su discurso progresista cuidadosamente construido. Carbonell muestra esa discrepancia con ironía y precisión, apoyándose en un humor incómodo que convierte a Francisco en un reflejo reconocible de ciertas prácticas políticas y sociales.

Pastora Vega (“La asamblea de mujeres”, “Una relación pornográfica”) da vida a Julia con una interpretación sobria y elegante. Es una mujer acostumbrada a sostener a su familia y a colocarse en segundo plano, siempre al lado de su marido. Vega transmite con claridad esa contención inicial y acompaña con acierto la evolución del personaje cuando las certezas empiezan a tambalearse. Sin recurrir al exceso dramático, construye una Julia creíble y cercana, que acaba convirtiéndose en uno de los pilares emocionales de la obra.

Ariana Bruguera (“Burundanga”, “Berlín, Berlín”), a quien hacía tiempo que no veía sobre las tablas, vuelve a mostrarse sobresaliente. Su personaje gana presencia de forma progresiva y acaba sosteniendo el foco con seguridad y convicción. A su lado, Abraham Arenas (“Robots”, “Our Town”) encarna a Javier, un personaje del que conviene no desvelar demasiado. Habitual en registros más dramáticos, demuestra aquí que la comedia tampoco le resulta ajena, integrándose con solvencia en el tono de la función.

Al final, la obra deja la sensación incómoda y divertida de preguntarse cuánto de lo que creemos firme es solo apariencia. Una comedia que hace pensar mientras hace reír y que, como un buen truco de magia, te hace dudar de lo que acabas de ver… y de lo que crees saber de tu propio mundo, recordando que en la vida, como en el teatro, nada es exactamente lo que parece.

Dirección y dramaturgia: Gabriel Olivares

Reparto: Pastora Vega, Pablo Carbonell, Ariana Bruguera, Abraham Arenas

Producción: Producido por Okapi Producciones e Iria Producciones

Directora de comunicación: Cristina Fernández

Jefe de prensa: Daniel Mejías

Diseño gráfico: Melania Ibeas, Inés Sarlabous Distribución y prensa: Okapi Producciones

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